Editorial: Basta de violencia escolar
Editorial: Basta de violencia escolar La violencia escolar ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una amenaza constante en los espacios educativos. En las últimas semanas, los hechos han sido tan graves como dolorosos: una inspectora muerta en Calama, alumnos apuñalados, profesores amenazados. La escuela, que debería ser un refugio de aprendizaje y respeto, se ha transformado en escenario de miedo y desconfianza. Magallanes no está ajeno a esta realidad. En un liceo público, un alumno amenazó a una docente, rompió mobiliario al ser expulsado y se le encontró un arma blanca. Hace apenas unos días, un estudiante fue condenado a siete años de cárcel (en la cárcel juvenil de Punta Arenas) por apuñalar a otro estudiante. Estos hechos no son simples anécdotas: son señales de alarma que no pueden seguir siendo ignoradas. La violencia escolar se ha instalado como un síntoma de una crisis social más profunda. La violencia no nace en la sala de clases, se gesta en los hogares. Allí es donde deben establecerse límites claros, donde se debe educar en el respeto y la convivencia. La escuela no puede cargar sola con el peso de una sociedad que ha normalizado la agresión. La ausencia de diálogo, la falta de acompañamiento y la permisividad frente a conductas agresivas son factores que terminan explotando en los espacios educativos. Es urgente que las autoridades educativas y políticas asuman un rol más activo. No basta con sancionar a los responsables de los hechos, se requiere prevención, acompañamiento psicológico, programas de convivencia escolar y un trabajo conjunto con las familias. La violencia no se combate únicamente con castigos, sino con educación, con valores y con un compromiso real de toda la comunidad. La escuela necesita apoyo, recursos y respaldo para enfrentar una problemática que la desborda. Los hogares deben recuperar su papel formador. La ausencia de límites, la falta de diálogo y el abandono emocional son caldo de cultivo para que los jóvenes busquen en la violencia una forma de expresión. La escuela puede enseñar matemáticas, historia y ciencias, pero el respeto, la empatía y la responsabilidad se aprenden primero en casa. Sin esa base, cualquier esfuerzo institucional será insuficiente. Basta de violencia. Es hora de que las familias, las comunidades y las autoridades asuman su responsabilidad y devuelvan a las aulas el lugar que nunca debieron perder: el de la paz y el aprendizaje. La sociedad no puede seguir tolerando que la violencia se normalice en los espacios escolares. El futuro de nuestros jóvenes y de nuestro país depende de que actuemos ahora, con firmeza y sin titubeos.. “Un llamado urgente a recuperar respeto y límites en las aulas”.