Autor: Edgard Garrido, periodista puertomontino y Premio Pulitzer
Columnas de Opinión: Paes: radiografía terminal
Columnas de Opinión: Paes: radiografía terminal verdad incómoda: el sistema educativo no corrige desigualdades, sólo las administra. Los mejores puntajes nacionales se concentran en colegios particulares, mientras públicos y subvencionados -especialmente en regionescargan con una promesa que rara vez se cumple. La desigualdad de origen se traduce en puntajes y se legitima como mérito. Dewey entendía la educación como experiencia vital, ligada al mundo común y la vida democrática. Sin embargo, el sistema de acceso funciona como mecanismo de selección social que premia trayectorias privilegiadas y sanciona biografías precarias. La Paes no mide sólo aprendizajes, sino también capital cultural, estabilidad escolar y acceso desigual a recursos. Es fácil e injusto culpar a los jóvenes que "no quieren estudiar". Esa lectura omite lo esencial: cuando la educación pierde sentido y proyección, deja de convocar. No es desafección juvenil, sino una racionalidad adulta que vació la promesa educativa. En las universidades el fenómeno se agudiza. La formación queda en manos de "especialistas", a menudo sin experiencia profesional ni interés real en la docencia. La especialización fragmenta el conocimiento y extravía el criterio, ese "espíritu de las cosas" que permite comprender el sentido de una profesión. Se vuelve a defraudar. Ahora, la especialización se instala como promesa de salvación: diplomados, posgrados y certificaciones se ofrecen como llaves de empleabilidad, pero operan como capital simbólico. En el sentido de Bourdieu: títulos que otorgan distinción y estatus, pero no aseguran movilidad real. Diversos estudios muestran que muchas carreras no garantizan retornos acordes al endeudamiento. Se estudia para no caer, no para avanzar. En otros contextos, los jóvenes combinan trabajo y formación continua sin un camino interminable de títulos ni deuda. Se normaliza una biografía de endeudamiento y frustración constante. Universidades y colegios sellan acuerdos comerciales que modelan trayectorias mediante promesas vacías, sustituyendo el sentido y relegando aprendizajes transformadores, como la enseñanza de idiomas, que permanece en los márgenes. La gratuidad amplió el acceso y alivió la deuda, pero no garantiza autonomía ni transforma un sistema que sigue privilegiando capital simbólico y reproduce desigualdades de origen. No es casual: un sujeto autónomo no resulta funcional a un sistema basado en la dependencia. El mapa educativo ya no responde a claves ideológicas simples. La educación se convirtió en mercado y al estudiante en cliente endeudado. Freire advirtió: toda educación es política. Cuando no emancipa y solo adapta, la deuda se vuelve una forma silenciosa de gobierno. L® os resultados recientes de la Paes confirman una Autor: Edgard Garrido, periodista puertomontino y Premio Pulitzer. OPINIÓN