Autor: OIBMARAMEGROJ
El reino de los picaflores ESTÁ EN PERÚ
El reino de los picaflores ESTÁ EN PERÚ ZAÍDODNANREF ZAÍDODNANREF OSONODACINÓREV Premio maravilloso Hace unos 15 años, los pajareros que llegaban a esta parte de Perú lo hacían sobre A veces el español puede ser un idioma aburrido. Pasa, por ejemplo, con los nombres comunes de los picaflores, una de las aves emblemáticas del continente americano y, sin duda, de las más bonitas que existen.
“Yo creo que los nombres en español no les hacen mucho sentido a su existencia, porque los picaflores son las joyas del bosque”, dice Fernando Díaz, destacado birdwatcher chileno (fundador de Albatross Birding), que ha marcado récords en cantidad de especies observadas en el país, y apasionado por estos pajaritos multicolores. “Nosotros decimos picaflor cordillerano, pero en inglés se le conoce como White-sided hillstar, o la estrella de los cerros.
También están el Long-tailed sylph, que hace relación a su cola larga de seda, pero en español se llama cometa verdiazul Los nombres en inglés son maravillosos, y mucho más aceptados”. Hace unas semanas, Díaz regresó de un viaje soñado, sobre todo para un pajarero de su plumaje: junto a un grupo de viajeros y fotógrafos de naturaleza chilenos, estuvo recorriendo durante nueve días los departamentos de San Martín y Amazonas, en el norte de Perú, a través de la llamada Ruta del colibrí, un circuito que se adentra tanto en la selva amazónica como en los bosques húmedos de los Andes, y que posee un atributo muy especial: probablemente, este sea el sitio con la mayor concentración de tipos de picaflores o colibríes del mundo.
De las 396 especies que existen en América el picaflor es de este continente, solo en esta ruta se pueden ver alrededor de 50, pero en Perú hay muchas más (en Chile, por ejemplo, solo hay 10 especies, y distribuidas en distintas zonas del país, lo que implica hacer largos viajes para encontrarlas). “Nunca había visto algo así”, dice la ingeniero agrónoma y fotógrafa de naturaleza Verónica Donoso, que estuvo en este viaje y ha recorrido buena parte del mundo justamente motivada por su gran pasión: las aves.
Verónica se refiere en específico al Fundo Alto Nieva, una reserva privada del departamento de San Martín que fue uno de los puntos altos del viaje: allí se protegen 80 hectáreas de “bosque húmedo”, hábitat de especies como colibríes y antpittas, otro pajarito que es muy procurado por los fotógrafos. “Donde estaban los picaflores era increíble, porque tenían muchas plantas anaranjadas, verdes, entonces tú hacías las fotos del picaflor y los fondos te salían como con manchas de colores”, sigue la fotógrafa. Fernando Díaz complementa: “Era una locura de movimientos, cantos y colores. Hay reservas que tienen jardines con verbenas, abutilones y bebederos para atraer a los picaflores, entonces a veces puedes tener 14 especies diferentes moviéndose, lo que resulta hasta un poco abrumador.
De repente estaba el Long-tailed sylph en el bebedero, pero al lado se perchaba el Racket tail o cola de raqueta, que es otra preciosura de Perú Siempre estaba pasando algo”. OSONODACINÓRE OSONODACINÓREV todo siguiendo los datos de artículos de viaje o el boca a boca. “La primera vez que fui a Perú en busca de colibríes fue en 2011.
El circuito de observación de aves, las guías de campo y lo que ven otros observadores es lo que te lleva hasta allí”, cuenta desde Vancouver Glenn Bartley, autor de Hummingbirds: A Celebration of Natures Jewels, una de las principales guías sobre estas especies.
“Hoy, gracias a plataformas como eBird, es mucho más fácil averiguar dónde encontrar cosas, pero en aquel entonces a menudo había que consultar informes de viajes OSONODACINÓREV OSONODACINÓREV OSONODACINÓREV y cosas por el estilo”. Según Bartley, esta zona de Perú tiene uno de los ecosistemas tropicales más interesantes del mundo para ver estas aves.
“Sin duda está lleno de colibríes, pero creo que cualquiera de estas rutas en las regiones de los Andes, ya sea en Colombia, Perú, Ecuador o Bolivia, pueden llevar a un observador de aves desde el páramo hasta el bosque nuboso, pasando por la selva tropical, para ver muchas especies de maravillosos colibríes”, explica. En su reciente viaje de nueve días, tal como lo consigna la plataforma eBird, Fernando Díaz y su grupo observaron 148 especies, de las cuales 38 fueron distintos tipos de picaflores. “Perú compite mano a mano con Colombia respecto al país que tiene más especies de aves: según cifras del SACC (Comité Sudamericano de Clasificación), Perú tiene 1.879 especies, mientras que en Colombia hay 1.913. Pero Perú sí tiene más aves endémicas y más hábitats diferentes”, asegura. En esta zona del norte de Perú, la especie más icónica es el picaflor cola de espátula, también conocido como “maravilloso” por la gente local. Endémico y caracterizado por su cola de cuatro plumas, dos de las cuales alcanzan hasta 13 centímetros de largo, está en peligro crítico de extinción: se estima que no quedan más de 700 individuos. El lugar específico para verlos es la reserva Refugio del Colibrí Espátula, que se encuentra cerca de las cataratas de Gocta, en las afueras del pueblo de Cocachimba.
“El escenario donde se ve al maravilloso es bien idílico: un valle en un cañón con cascadas por todos lados y esta cascada grande al final, que es una de las más altas de Perú, con 771 metros”, dice Fernando Díaz. “Los dueños de la reserva vieron que en su jardín estaba esta especie y lo adecuaron para recibir turistas, OSONODACINÓREV ZAÍDODNANREF ZAÍDODNANREF todo muy bien ornamentado.
Saben sus rutinas, a qué hora aparecen y no movían ninguna ramita ni nada con tal de no causarle disturbios”. Pura emoción poto, una ciudad húmeda y calurosa, caracterizada por la presencia de mototaxis, que abundan en las calles.
Desde allí, todo el circuito se articula a través de una carretera principal, llamada Fernando Belaúnde Terry, a lo largo de la cual van apareciendo las reservas como Alto Nieva, Abra Patricia, Arena Blanca o el Bosque de Protección Alto Mayo, y también hoteles como el Owlet Lodge, Wakanki Lodge o Huembo Lodge, que es donde pararon durante el recorrido. Sin mayores lujos, son hoteles diseñados especialmente para la observación de aves y viajes de aventura, y muchas veces están manejados por familias locales. La carretera además solo tiene una vía, por lo que suelen producirse atochamientos, sobre todo cuando hay aludes debido a las lluvias. Además, es una ruta de muchos camiones, lo que evidencia las amenazas que tienen estos bosques. “La tala del bosque para madera, cultivos agrícolas y nuevas urbanizaciones, además de la minería, han afectado estos hábitats”, explica Díaz. “En toda la Amazonía la tasa de deforestación es increíble y avanza muy rápido.
Pero todavía existen estas áreas que están preservadas”. Efectivamente, gracias a estos lugares protegidos que hoy atraen al turismo, es que especies como el maravilloso, y otras muy emblemáticas como la lechucita bigotona, todavía encuentran refugio para sobrevivir. “El objetivo de este viaje era ver al colibrí maravilloso, por eso decidimos ir en enero”, explica Fernando Díaz. “Aunque estábamos cerca de la época más lluviosa, es ahora cuando ya tiene la cola completa, después de haberla mudado entre noviembre y diciembre.
Además, queríamos que otros picaflores como el White crested coquette (coqueta de cresta blanca) también estuviera presente”. Por cierto, los objetivos se cumplieron: pudieron ver y fotografiar al maravilloso y decenas de otras aves, en una experiencia que todos describen como emocionante. “Tú puedes leer o te pueden contar cómo es, pero cuando los ves por primera vez, cómo se mueven, la forma y el comportamiento que tienen, es impactante”, reflexiona Verónica Donoso. “Sabíamos que el maravilloso era pequeño, que tenía estas dos colitas que movían y calculas la distancia con tu cámara, pero nunca sabes lo que va a pasar. Al final, cuando apareció el picaflor se produjo un silencio, casi no respiramos. Había una tensión que se sentía en el aire, y una concentración plena en lo que estábamos haciendo. Entonces cuando se va, como que todos respiramos, y venía la risa, los choques de mano. Se produce una emoción que es realmente indescriptible”. El autor Glenn Bartley, que ha visto cientos de picaflores a lo largo de su vida, confirma esa misma sensación. “Cuando tienes la oportunidad de observar al cola de espátula en persona, después de haberlo visto en guías de campo o en fotos de internet, siempre es emocionante.
Te produce una especie de alivio, porque sabes que has recorrido un largo camino”, dice Bartley, y cuenta que desde niño se interesó en los picaflores, por más que en Ontario, Canadá, donde creció, solo había una especie, el colibrí garganta rubí, que vivía en el patio trasero de su casa. “Recuerdo que me fascinaba verlos volar entre las diferentes flores.
Muchos años después, cuando me interesé por la observación y fotografía de aves, visité por primera vez los trópicos, en Costa Rica, y de repente descubrí que no solo había una especie, sino quizá veinte, treinta o cuarenta. La idea de poder capturar algo que ni siquiera se puede ver era un reto increíble.
Entonces cuando puedes hacer una fotografía, tal vez de sus alas congeladas o de ese destello iridiscente, es algo realmente especial que puedes conservar y compartir con otras personas”. D La Ruta del colibrí comienza en TaraOSONODACINÓREV OSONODACINÓREV Autor: OIBMARAMEGROJ.
Pocas aves generan tanta fascinación entre birdwatchers y fotógrafos como los picaflores, un pequeño pajarito movedizo y multicolor que solo vive en América y que tiene una de sus mayores concentraciones en el norte de Perú, donde existe todo un circuito turístico que permite observarlo y también protegerlo. POR Sebastián Montalva Wainer. V RUTA. La ciudad de Tarapoto es el punto de partida de esta ruta, que se articula a lo largo de una carretera principal, llamada Fernando Belaúnde Terry. Al lado, coqueta de cresta roja, una de los 396 especies de picaflores que hay en América. V RUTA. La ciudad de Tarapoto es el punto de partida de esta ruta, que se articula a lo largo de una carretera principal, llamada Fernando Belaúnde Terry. Al lado, coqueta de cresta roja, una de los 396 especies de picaflores que hay en América. DIVERSO. Estos bosques también son hábitat de especies como monos y otras aves, como el celestino (foto inferior). Arriba, una pareja de colibríes de frente azul. ENDÉMICO. El picaflor cola de espátula o “maravilloso” es la estrella de esta zona. Sin embargo, está en peligro crítico de extinción. Tángara encinera. Picaflor esmeralda. Antpitta de frente ocre. HITO. La catarata de Gocta es una de las más altas de Perú. En ese sector vive el picaflor “maravilloso”. Coqueta de cola azul. ESCALA. El Refugio del Colibrí, en Cocachimba, está especialmente diseñado para la fotografía de aves. A la izquierda, un picaflor cola de raqueta. DIVERSO. Estos bosques también son hábitat de especies como monos y otras aves, como el celestino (foto inferior). Arriba, una pareja de colibríes de frente azul.