La Florida, una población con aires de comuna
La Florida, una población con aires de comuna Rodrigo Contreras Vergara L as casas ubicadas justo frente te al Cesfam La Florida en la 14 Sur, no son parte de la población La Florida. Las viviendas integran la Villa Los Naranjos. Dato que da cuenta no solo de la amplia cobertura del centro de atención de salud, con gente que llega incluso de comunas vecinas, sino también del alcance de esta tradicional población de Talca.
Porque La Florida ha dejado de ser una simple población con límites definidos: hacia el poniente de la Avenida Ignacio Carrera Pinto o Avenida Colín; y desde la pastelería Golositos, en la 12 Sur, hasta un servicentro en la 19 Sur. Se trata de un sector amplio y reconocido que sobrepasa los límites del sentido común de los mapas. Se ha ganado las insignias. Ahí están el Cesfam, la tenencia de Carabineros, la escuela, el estadio, la biblioteca. Todos con nombre floridano.
Es más, hay poblaciones que se han integrado territorialmente a La Florida, como la Salutal, vinculada en los inicios a funcionarios del Hospital de Talca; la Villa San Agustín o una cooperativa que agrupaba a antiguos asistentes de la educación.
María Isabel Gavilán, directora de la Biblioteca La Florida, hija adoptiva del barrio, bromea y dice que el sector está cerca de ser comuna. ¿ Y si La Florida impone su presencia hasta el límite con Maule, incluyendo otros territorios de Talca? ¿ Un sueño? ¿ Una locura? El Cesfam es un referente que supera largamente su nombre. Hugo Abarza tiene 78 años y viene del barrio Oriente, cerca del Mall Plaza Maule, a buscar sus remedios. Vivió muchos años junto al Cesfam y cuando se cambió siguió inscrito ahí. Y no le incomoda viajar al menos una vez al mes. Recuerda que, en su época familiar con cuatro hijos, el sector era muy tranquilo y los vecinos muy amables. Aunque por su trabajo, que requería que viajara frecuentemente fuera de Talca, solo estaba en su casa los fines de semana. Sus mejores recuerdos son de esa época. Hugo observa la fila de los remedios y dice que no está tan larga. La atención acá es buena, dice antes de despedirnos. Afuera del Cesfam se asemeja a una feria libre. Varios comerciantes ofrecen sus productos. Y el flujo es constante. Marco Rojas vende huevos, negocio que inició en paralelo a su trabajo formal. Pero tras quedar cesante y ya superados los 50, el emprendimien to pasó a ser su principal sustento. Conoce el sector. Vivió en la misma calle 14 Sur, en la Villa Los Naranjos, casi frente al Cesfam, por más de 20 años, hasta que se casó y abandonó el hogar de sus padres. Así es que vivió toda su juventud en el sector. Cuando el Hospicio aún funcionaba, iba con sus amigos a visitar, autorizados por las monjas, a las personas internadas con distintos niveles de discapacidad. Estaban el Pele, que les hacía volantines, y el Luchín, que se creía auto y limpiaba los jardines de los vecinos. El Hospicio, ubicado en la avenida, tenía un jardín muy bonito donde destacaba una pileta. En el Mes de María, en noviembre, le pedían flores a las monjas. El sector estaba en construcción. Aún había sitios eriazos. Ponían una tranca en el canal El Cartón y se bañaban en verano. Había moras por todas partes y entre los arbustos espinosos hacían cuevas donde jugaba con el Claudio, el Mauro, la Marta y la Cecilia. Ahora vive en la Doña Ignacia y sube las bandejas de huevos a su auto y viaja hasta el Cesfam a venderlos. Pese a no vivir en La Florida, María Isabel Gavilán se siente una vecina más del sector. Pasa buena parte del día en la biblioteca. Conoce a los vecinos. Sabe sus nombres y tiene sus teléfonos. Muchos van a los talleres y actividades culturales que se realizan.
Sabe que la vecina que vive justo frente a la biblioteca se llama Doralisa, Dorita para los amigos, en una de las pocas o quizás la única casa que sigue tal cual fue entregada a fines de los 60. Cuando llego al pasaje, Dorita está en la ventana. La saludo y me responde amablemente. Lleva harto tiempo en la población, pero prefiere no hablar. Sí, me diría después María Isabel, Dorita no es muy comunicativa. La directora de la biblioteca sabe que los martes, pasado el mediodía, pasa el verdulero en su camioneta y se para en la esquina del pasaje. Los vecinos salen con sus bolsas a comprar. En los años que funcionaba una universidad en el edificio y terreno que hoy ocupa la seremía de Educación, se veía harta juventud. Hoy la población ha envejecido y, claro, se atiende en el Cesfam. Al lado de la Dorita vive Rafael Muñoz, antiguo vecino. Vamos, me dice María Isabel, él te puede contar buenas historias. Pero llegamos a la hora de su almuerzo y su salud tampoco lo acompaña.
Venga otro día, puede que esté mejor, dice no muy Articulada por la Avenida Ignacio Carrera Pinto, esta tradicional población talquina cuenta con una amplia gama de servicios y una influencia que ha traspasado sus límites geográficos.
Articulada por la Avenida Ignacio Carrera Pinto, esta tradicional población talquina cuenta con una amplia gama de servicios y una influencia que ha traspasado sus límites geográficos A la derecha, la Biblioteca; a la izquierda, tapada por un par de árboles, la casa de la Dorita; y al fondo la sede vecinal y la cancha de fútbol. María Victoria Ramos, ex dirigenta vecinal de La Florida, afuera de la casa de la Dorita, una vivienda que se mantiene prácticamente igual a cuando fue entregada. La Florida, una población con aires de comuna convencido. Justo cuando salimos de la casa de Rafael, se acerca caminando lento pero seguro por el pasaje Gabriela. Lleva un carrito y va al Cesfam a buscar remedios. Supongo que no serán tantos remedios como para necesitar el carrito. No se detiene. No está muy convencida de charlar. Igual la acompaño. Me alcanza a contar que su madre tuvo que pagar 430 cuotas a la Corvi para tener su casa que al comienzo era una simple mediagua. Así fue en los inicios, viviendas de madera levantadas sobre pilotes. Después los dueños, dependiendo de sus recursos, fueron mejorando las condiciones. La dejo cuando cruza con su carrito la Avenida Ignacio Carrera Pinto. Se repite el fenómeno de venta de casas, tras el fallecimiento de los dueños originales y el éxodo de los hijos, aunque en menor medida que otros sectores. El último dato que me entrega María Isabel es el de María Victoria Ramos, ex dirigenta vecinal, que vive en la 10 Poniente, frente a la cancha de fútbol. María Victoria tiene bastante clara la película sobre los inicios de la población La Florida. Su padre trabajaba de 1ROLLO DE TROYA 7 1) NOLLO DE TROYA 8. bodeguero en la Corvi. Itineró por varias ciudades y sectores de Talca mientras se construían viviendas sociales. Era un sistema, explica su hija, muy rápido. Lo que más demoraba era el radier. Luego se traían las otras partes de la vivienda prefabricadas y se instalaban en un par de días. La Florida fue instalándose por etapas. Algunas fueron autoconstrucciones, con los propios vecinos martillando tablas. Antes de que se empezara a construir La Florida, los edificios referentes del sector eran el Hospicio de Talca y la Iglesia Apóstol Andrés, hoy cerrados. Abundaban los sitios eriazos. Estaba cerca el canal El Cartón. El camino principal se basaba en la ruta que antiguamente comunicaba a Talca con los sectores rurales de Culenar, Colín y Maule. La construcción de la Avenida Ignacio Carrera Pinto fue un punto importante en la historia de La Florida. Recuerda María Victoria que los vecinos en principio se oponían, pensando fundamentalmente en los adultos mayores que debían cruzar para ir al Cesfam. Finalmente, tras protestas y 40 reuniones, lograron algunas obras de mitigación. La pista se construyó y no pudieron salvar las canchas de tenis (que se trasladaron un poco más al norte) y básquetbol, pero consiguieron que se empastara la cancha de fútbol y se pusieran luminarias. Actualmente la mayor problemática la deben enfrentar las personas mayores que no cuentan con una red de apoyo. María Victoria cuenta que un voluntario recolecta los carnés de algunos vecinos y va al Cesfam a buscar sus medicamentos. También están las actividades culturales y talleres que organiza la biblioteca. Pero aun así se requiere más apoyo. La Florida mantiene su aura de tranquilidad, adaptándose a los nuevos tiempos con una envidiable red de servicios. Todo alrededor de la avenida y la actividad comercial que genera. Un sector más que una población. Un espacio florido. D. Marco Rojas vende huevos afuera del Cesfam. Su niñez la vivió en el mismo sector. Gabriela antes de cruzar la Avenida Ignacio Carrera Pinto, en dirección al Cesfam, a buscar sus remedios. María Isabel Gavilán, directora de la Biblioteca La Florida. Pese a vivir actualmente en el barrio Oriente, Hugo Abarza se mantiene inscrito en el Cesfam La Florida.