Autor: Carmen Lamilla Almuna, directora de la carrera de Trabajo Social UNAB
Columnas de Opinión: Chile en llamas: el rol vital del trabajo social en el desastre
Columnas de Opinión: Chile en llamas: el rol vital del trabajo social en el desastre Chile es un país que está siempre en tensión y atención a los desastres naturales, emergencias y catástrofes. Lamentablemente, enfrentamos una nueva catástrofe: los incendios que se viven por estos días han sido un real desastre. En otras zonas del mundo, los desastres responden a guerras y conflictos internos; en nuestro país, a la naturaleza y lamentablemente a la mano del ser humano. Pero la fotografía es la misma: casas destruidas, familias buscando refugio, animales heridos, muertes, desolación. De la mano del desastre aparece la ayuda genuina y voluntaria. Las campañas de acopio inundan todos los espacios, las organizaciones todas queriendo aportar y ayudar. Es, sin lugar a dudas, lo humano dentro del desastre. Es importante organizar la ayuda. Es cierto que existe voluntad y fuerza, pero para que tenga real sentido, hay que organizarla; detenernos, aunque parezca improductivo; observar, planificar y actuar. La profesión del trabajo social, como pocas, juega un rol fundamental: conoce los territorios, está capacitada para organizar la ayuda, tiene cercanía con la comunidad, vincula redes y trabaja con entidades gubernamentales y no gubernamentales. Desarrolla competencias profesionales como la escucha activa, la empatía, la asertividad e intervención en crisis. Ojalá esto no hubiese ocurrido, pero ya estamos en ello y ahora hay que acompañar a las familias que lo han perdido todo. Se debe tener conciencia de que el apoyo debe ser durante la emergencia y post-emergencia.
Desde fuera es fácil criticar y decir: ¿ cómo esas personas no obedecen a la orden de desalojo?, ¿cómo va a ser más importante lo material que la vida? Pero detengámonos un momento, no es desobedecer, es un estado de shock donde las personas se debaten en dejar atrás todo. Y ese todo es una historia de vida, no son las cosas materiales, son los aromas, las miles de experiencias que han construido allí, los esfuerzos, las alegrías, las penas. Todo parece desdibujarse por el fuego que no pide permiso, llega, entra y arrasa con todo. Abandonar el lugar también es abandonar una parte de su propia historia. Las familias ven cómo el esfuerzo de toda una vida se reduce literalmente a nada, y luego viene el qué hacer, dónde ir, qué sucederá ahora.
Junto con ello, viene la urgencia de resolver, pero ¿ se puede resolver lo emocional tan rápidamente? Enfocarse en la tarea es un gran paso, pero se requiere también apoyo emocional, del espacio de contención sin juicios que permita fluir y hacer que toda esa angustia salga del cuerpo y que otro la sostenga. Autor: Carmen Lamilla Almuna, directora de la carrera de Trabajo Social UNAB.