Autor: Gonzalo Serrano del Pozo Doctor en Historia Profesor del TEC Monterrey Investigador Adjunto de la Universidad Adolfo Ibáñez
Columnas de Opinión: La Iglesia y el humor
Columnas de Opinión: La Iglesia y el humor 66 a rutina de Kramer pudo haber sido una más de las tantas que ya ha hecho en el escenario de la Quinta Vergara de no haber sido por la sentida respuesta del cardenal Fernando ChomaL lí a través de su cuenta de X (ex Twitter): "En el festival de Viña del Mar quedó claro que con la fe de los chilenos y el amor a la Virgen María no se juega (. .. ) Humor si, siempre, pero teniendo claro que la fe de un pueblo es sagrada y se respeta". Jorge Montealegre, una voz autorizada en la Historia del Humor, nos recuerda que fueron los religiosos los primeros en ser retratados en las rudimentarias caricaturas de la época virreinal.
Fray Jerónimo de Loayza, arzobispo de Lima, y sus oscuros negocios con el Inquisidor Pedro de la Gasca hicieron que quedara inmortalizado en la primera caricatura política de la que se tenga registro en este lugar del mundo a fines del siglo XVI. Un par de centurias después, el gobernador de Santiago, Agustín de Jáuregui, quiso construir una casa de comedias. Sin embargo, el proyecto tuvo la oposición del obispo de la época, ya que la mayor parte de los teólogos afirmaba que asistir a este tipo de espectáculos constituía un pecado grave. Un siglo más tarde, la Iglesia comenzó a sufrir los ataques de la prensa satírica como El Padre Cobos de 1875, un sacerdote que vestía a la usanza de los frailes franciscanos. A este traje se sumaba una nariz larga y afilada y una boca muy grande y burlesca que daba vida a comentarios afilados.
No podríamos asegurar, dice Montealegre, su espíritu piadoso ni su castidad: "El hábito, sabemos, no hace al monje, y el padre Cobos aparece en más de una escena poco santa". Aunque con una periodicidad irregular, la lucha por las leyes laicas transformó a estos periódicos en la trinchera favorita de los anticlericales. Por eso El Padre Cobos resucitó varias veces, aunque también dando vida a otros periódicos satíricos como El Padre Padilla. La Iglesia y los sectores conservadores emprendieron una cruzada contra estos periódicos "sotacuras y comefrailes" a través de sus propias publicaciones, siendo la más famosa Diójenes de 1884. Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos resultó suficiente.
Siguiendo el relato de Montealegre, en 1886, el obispo Joaquín Larraín Gandarillas intentó zanjar el asunto a través de un edicto contra las malas lecturas: "Leer, comprar, vender, retener y distribuir esas perniciosas publicaciones". Lejos de amedrentarse, los caricaturistas anticlericales siguieron publicando nuevos periódicos cada vez más ácidos y violentos, como La Linterna, que promovía el odio a la "inmunda sotana". La Iglesia representaba para ellos pereza, gula y avaricia, mientras que los frailes encarnaban una serie de vicios sexuales. El obispo Mariano Casanova intentó reforzar el edicto frente a una prensa irreligiosa que parecía desbordada. Nuevamente, condenó a todos quienes participaban en la cadena de distribución de estas ofensivas imágenes. Ante la insuficiencia de estas medidas frente a periódicos como Poncio Pilatos, la insistencia derivó en la excomunión para todos quienes participaban, ya sea como creadores o lectores.
El resultado: aumentaron las caricaturas contra el arzobispo y el periódico, que ahora se jactaba de ser un "periódico mui católico, pero excomulgado". A pesar de las burlas, las ventas se resintieron y tuvieron que cambiar el nombre para no perder un público que no quería ser excomulgado, siendo rebautizado como Don Mariano Casanova. .. La historia de los ataques frente a la Iglesia continuó en el siglo XX y se intensificó durante la polarización en los setenta. Durante el último tiempo, en cambio, el foco ha estado puesto en los abusos sexuales de algunos sacerdotes, sobre los cuales los humoristas han descargado todo su ingenio.
Antes que condenar a Kramer y a los humoristas que atacan a la Iglesia -cuyos resultados, queda en evidencia, son infructuosos-, habría sido mejor que el cardenal se quedara con la respuesta positiva de ese público, ávido por revivir esos recuerdos de misa, y pensara en la forma de llevarlos de vuelta al rebaño.
Autor: Gonzalo Serrano del Pozo Doctor en Historia Profesor del TEC Monterrey Investigador Adjunto de la Universidad Adolfo Ibáñez. "Antes que condenar a Kramer y a los humoristas que atacan a la Iglesia -cuyos resultados, queda en evidencia, son infructuosos-, habría sido mejor que el cardenal se quedara con la respuesta positiva de ese público, ávido por revivir esos recuerdos de misa, y pensara en la forma de llevarlos de vuelta al rebaño".