Editorial: EL DESAFÍO DE UNA CONECTIVIDAD RESILIENTE
Editorial: EL DESAFÍO DE UNA CONECTIVIDAD RESILIENTE EDITORIAL n una sociedad cada vez más dependiente de lo digital, fortalecer E las las telecomunicaciones ya no es solo una meta tecnológica, sino una necesidad social y de seguridad pública.
Como cada 17 de mayo, se conmemora el Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, una fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas a través de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Desde 1969, este día busca sensibilizar sobre el potencial de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y, crucialmente, reducir la brecha digital en todo el mundo.
Si bien los objetivos de promover el acceso, la conectividad y el uso de las tecnologías siguen plenamente vigentes, cada año la UIT propone un nuevo enfoque para abrir el debate sobre los desafíos emergentes de la era digital. Para 2026, el lema escogido es tan actual como urgente: "Líneas de vida digitales: Fortalecer la resiliencia en un mundo conectado". El concepto no es casual. En apenas unos años, las telecomunicaciones dejaron de ser vistas como un servicio complementario para convertirse en una infraestructura esencial. Hoy dependemos de Internet y de las redes digitales para trabajar, estudiar, acceder a servicios de salud, realizar trámicontinúa El Rancagüino Domingo 17 de Mayo de 2026. Editorial: EL DESAFÍO DE UNA CONECTIVIDAD RESILIENTE tes, mantener contacto con nuestras familias e incluso para reaccionar ante emergencias o catástrofes. La pandemia fue, quizás, la demostración más evidente de esta realidad. Pero también lo son los incendios forestales, los terremotos, las inundaciones y las crisis sanitarias que enfrentamos constantemente como país. En todos esos escenarios, la conectividad se transforma literalmente en una línea de vida. Cuando las redes funcionan, permiten coordinar ayuda, informar a la población, acceder a servicios básicos y mantener operativa a la sociedad. Cuando fallan, las consecuencias pueden ser profundas. Por eso, hablar hoy de resiliencia digital no significa únicamente discutir sobre velocidad de Internet o cobertura móvil. Significa preguntarnos si nuestras infraestructuras tecnológicas están preparadas para resistir crisis, ataques informáticos, desastres naturales o saturaciones del sistema. Significa entender que la estabilidad de las redes ya no es solo un tema técnico o comercial, sino una cuestión de seguridad, desarrollo e inclusión social. Chile ha avanzado significativamente en materia de conectividad durante las últimas décadas. La expansión de la fibra óptica, el crecimiento de las redes móviles y los proyectos para llegar a zonas rurales han permitido acercar oportunidades a miles de personas. Sin embargo, todavía persisten brechas importantes. Hay localidades donde la señal sigue siendo inestable, familias que dependen de conexiones precarias y comunidades completas que quedan prácticamente desconectadas frente a emergencias climáticas o cortes de suministro. A ello se suma un desafío cada vez más visible: la dependencia total de los servicios digitales. Bancos, comercio, educación, transporte e incluso servicios públicos funcionan hoy sobre plataformas conectadas. Una caída masiva de sistemas, un ciberataque o una interrupción prolongada de telecomunicacio nes puede paralizar actividades esenciales en cuestión de horas. En ese contexto, el lema de este 2026 pone sobre la mesa una discusión necesaria: debemos dejar de ver la conectividad como un lujo o un servicio secundario. Las telecomunicaciones forman parte de la infraestructura crítica de un país moderno, al mismo nivel que la electricidad, el agua potable o las rutas. La resiliencia digital requiere inversión, modernización y planificación, pero también coordinación entre el sector público y privado. Implica fortalecer la ciberseguridad, mejorar los sistemas de respaldo energético, diversificar las redes y garantizar acceso equitativo para todos los territorios. Porque de poco sirve hablar de transformación digital si existen comunidades que siguen quedando aisladas cada vez que ocurre una emergencia. Hoy, más que nunca, debemos comprender que estar conectados ya no es solo una ventaja competitiva: es una necesidad básica para la vida cotidiana y para el funcionamiento mismo de la sociedad. Las "líneas de vida digitales" no son una metáfora exagerada. Son la red invisible que sostiene gran parte de nuestras actividades diarias. El llamado de este 17 de mayo de 2026 es claro: construir un mundo conectado no basta. El verdadero desafío es construir un mundo conectado que también sea resiliente, seguro e inclusivo. Porque en la era digital, garantizar comunicaciones estables y accesibles ya no es solo una meta tecnológica; es una responsabilidad social indispensable para el futuro. Luis Fernando González Sub Director.