Autor: IGNACIO MOLINA
Así se ve una comunidad de caracoles marinos a 700 metros de profundidad
Así se ve una comunidad de caracoles marinos a 700 metros de profundidad ué se ve en la foto? A primera vista, cuesta saberlo. No hay cielo ni horizonte. No hay luz. Lo que aparece es un grupo de formas claras, muy juntas entre sí, adheridas a la roca del fondo marino. Están a 716,64 metros de profundidad, en una zona donde el agua brota desde el subsuelo, cargada de minerales. La concentración de individuos no es casual: responde a un tipo de vida que solo existe en torno a estas fuentes. Según explica Jan Maximiliano Tapia Guerra, biólogo marino chileno y doctorando en la Universidad Católica del Norte, lo que se observa son caracoles Gigantopelta, una especie asociada a fumarolas hidrotermales. No se alimentan como otros animales marinos. Sobreviven gracias a bacterias que viven en su cuerpo y que transforman los químicos del fondo del océano en energía. Por eso aparecen agrupados, formando comunidades densas en lugares donde casi no hay vida visible. 37 días Tapia sabe lo que mira porque estuvo ahí.
Pasó 37 días a bordo del R/V Falkor (too), un buque de investigación científica equipado para explorar el fondo del océano, en una expedición a las islas Sandwich del Sur, una de las zonas más remotas del océano austral. La campaña fue liderada por Ocean Census, una iniciativa científica internacional dedicada a identificar y registrar nuevas especies marinas.
Formó parte del equipo que descendió cámaras y vehículos a zonas del fondo marino con escasos registros previos, en un territorio marcado por fuerte actividad volcánica y sísmica. "Estudiar esta zona es clave porque ha sido afectada por grandes eventos submarinos recientes, como terremotos, que pueden cambiar completamente el fondo marino", cuenta Tapia. "La exploración nos permite ver cómo responde el ecosistema profundo a estos eventos y entender mejor los procesos geológicos y biológicos que ocurren en estas áreas activas". El trabajo a bordo del Falkor (too) no seguía el ritmo del día y la noche. Las inmersiones se extendían por horas y el equipo se organizaba en turnos para no perder detalle de lo que aparecía en el fondo del mar.
Muchas de las imágenes, incluida la de la comunidad de caracoles, surgieron durante largas horas de observación continua. "Un día típico abordo estaba marcado por inmersiones continuas de hasta 24 horas, con el equipo dividido en turnos de 12 horas", detalla Tapia. Hallazgos Hace pocos días, parte de ese trabajo se volvió público.
El Schmidt Ocean Institute publicó en su cuenta de Instagram un video con imágenes captadas durante la expedición, centrado en fauna de aguas profundas, como salpas y calamares (el registro está disponible en este enlace: https://bit.ly/301BVuf). Más allá de ese registro visual, Tapia destaca que uno de los hallazgos más relevantes del trabajo en terreno fue otro. "Lo más sorprendente fue el haIlazgo de una nueva fumarola hidrotermal de casi 5 metros de altura. Estas estructuras liberan fluidos calientes y ricos en químicos desde el subsuelo marino y crean hábitats únicos, completamente distintos a los ecosistemas que dependen de la luz solar. Encontrando en ellas fauna única y muy rara". OCEAN CENSUS Y SCHMIDT OCEAN INSTITUTE El valor del hallazgo no está solo en su tamaño.
Las fumarolas sostienen formas de vida que no dependen del sol, algo excepcional incluso en el océano profundo. "Porque alrededor de estas fumarolas viven organismos quimiosintéticos, es decir, seres vivos que no usan la luz del sol para producir energía, sino que obtienen su alimento a partir de reacciones químicas.
Estudiarlos nos ayuda a entender los límites de la vida en la Tierra, cómo se originan estos ecosistemas extremos y por qué el océano profundo aún guarda hábitats nunca antes observados, como extensos ambientes dominados por corales". Tapia se embarcó y desembarcó en Punta Arenas. Las muestras recolectadas durante la expedición quedaron en la Universidad de Magallanes, donde serán analizadas en los próximos meses. Autor: IGNACIO MOLINA. No es una escena aislada: muestra una vida adaptada a condiciones extremas del fondo marino. Hallazgo fue hecho durante una expedición internacional liderada por Ocean Census Caracoles de fumarola se agrupan sobre minerales calientes en el fondo profundo.