Municipio impulsa cierre perimetral en Plaza Brasil tras episodios que tensionaron al barrio y vecinos valoran inicio de obras
Municipio impulsa cierre perimetral en Plaza Brasil tras episodios que tensionaron al barrio y vecinos valoran inicio de obras La Plaza Brasil volvió al centro del debate comunal luego de los últimos sucesos que afectaron a su entorno inmediato, marcados por la instalación temporal de personas migrantes en el lugar y el impacto que esa situación tuvo en la convivencia del barrio.
En respuesta, la Municipalidad de Iquique reactivó un compromiso que se arrastraba desde el proceso de mejoramiento del espacio público: la construcción de un cierre perimetral que complemente las obras ejecutadas y refuerce condiciones de resguardo para residentes y usuarios.
En una reunión en terreno, Rodrigo Aranzibia, arquitecto de la Secretaría Comunal de Planificación (Secoplac), entregó detalles del proyecto y explicó que la iniciativa no surge de improviso, sino de una obligación municipal acordada al momento de la intervención de la plaza. "En un compromiso que adquirió el municipio al momento de las obras de la Plaza Brasil, la idea fue construir un cierre para complementar los trabajos", señaló, contextualizando que el diseño y la ejecución han atravesado un camino extenso, con ajustes forzados por contingencias que alteraron plazos y costos. Aranzibia situó el origen del proceso en torno a 2016, cuando comenzó a proyectarse la mejora del sector. Sin embargo, precisó que la pandemia reordenó prioridades, ralentizó cronogramas y modificó valores de financiamiento, lo que obligó a replantear etapas. En ese escenario, Serviu terminó asumiendo el diseño completo de la plaza, considerando su participación activa en la planificación y posterior materialización de las obras. Paralelamente, el municipio desarrolló junto a la comunidad el proyecto de la reja, incorporando definiciones levantadas con vecinas y vecinos, y redefiniendo un punto clave: el trazado del cierre.
Según explicó el profesional, actualmente la reja se encuentra instalada "más atrás", y la propuesta apunta a ubicarla en el deslinde del terreno, con el propósito de ordenar el borde entre el espacio público y el conjunto habitacional aledaño. La obra tiene un costo estimado cercano a los 66 millones de pesos y contempla alrededor de 40 metros lineales de estructura. El diseño considera una base robusta: un muro de un metro, con 50 centímetros enterrados y 50 centímetros visibles, sobre el cual se levantará una reja de tres metros. Con ello, la altura total alcanzaría aproximadamente 3,5 metros, además de incorporar un portón corredero que coincide con el acceso vehicular utilizado por el condominio para situaciones de emergencia. La elección de una solución de mayor envergadura no es casual.
Aranzibia relató que el cierre existente presenta deterioro notorio producto de la salinidad y la humedad propias del borde costero, y que su base, construida con bloquetas, se volvió vulnerable ante intentos de ingreso. "Nos contaban ellos que muchas veces se rompían las bloquetas para tratar de entrar", indicó, aludiendo a los relatos recogidos en el trabajo sostenido con las administraciones del condominio. En esa línea, sostuvo que la propuesta busca un estándar permanente: una fundación de hormigón con profundidad suficiente para evitar manipulaciones y reducir riesgos de accesos no autorizados. El arquitecto detalló que la coordinación con la comunidad se ha mantenido durante un periodo prolongado.
Mencionó conversaciones con anteriores administradores del conjunto y con la directiva actual, quienes describieron situaciones asociadas al fenómeno migratorio en distintos momentos, incluso previos a la etapa del Covid, además de eventos recientes que elevaron la preocupación por seguridad.
Desde el municipio, el diagnóstico técnico se tradujo en una obra pensada para resistir condiciones climáticas y, al mismo tiempo, resolver un punto de tensión que se arrastra desde hace años: un límite difuso entre áreas de uso público y espacios residenciales. El alcance del proyecto, no obstante, está acotado a lo que corresponde al dominio municipal.
Aranzibia aclaró que la intervención cubre "solamente el área pública" y que existe una porción pendiente que deberá ser abordada por el condominio en coordinación con el privado vecino, a fin de definir deslindes y complementar el cierre en el tramo restante. La intención, explicó, es que la mejora tenga continuidad y no quede fragmentada, pero subrayó que esa segunda etapa depende de acuerdos fuera del perímetro municipal.
Respecto del calendario, el municipio informó un plazo estimado de dos meses para la ejecución. "Se puede demorar menos, pero por contrato ellos tienen dos meses para el desarrollo de la obra", puntualizó Aranzibia, abriendo la expectativa de un avance más rápido si las condiciones operativas lo permiten.
La premisa, indicó, es que el barrio cuente con un cierre funcional en un periodo acotado, considerando el desgaste que ha tenido el sector en los últimos meses y la necesidad de evitar que el espacio vuelva a convertirse en epicentro de conflictos.
La mirada vecinal fue representada por Rodolfo Soto, presidente del Condominio Conjunto Habitacional Patricio Lynch, quien valoró el inicio del proceso tras una etapa marcada por incertidumbre. "Estamos en esta reunión con las autoridades, municipalidades y los arquitectos de la empresa para hacer el cierre perimetral, donde poco tiempo atrás tuvimos el problema con la toma u ocupación (. .. ) en la Plaza Brasil", expresó, señalando que la comunidad observa la obra como un paso concreto hacia la normalización del entorno. Soto recalcó que el cierre no solo apunta a reforzar resguardo, sino también a mejorar condiciones de habitabilidad y visibilidad en el perímetro.
En su testimonio, la estructura provisoria que se instaló en distintos momentos -con rejas en mal estado y elementos improvisadosgeneraba una sensación de encierro y poca claridad hacia el exterior. "Da más seguridad y lo otro también amplía la visión hacia el exterior", sostuvo, enfatizando que la iniciativa permitiría reemplazar soluciones precarias por una intervención definitiva. Para el barrio, Plaza Brasil no es únicamente un punto de encuentro: también funciona como un termómetro de la vida comunitaria. Cuando el espacio se tensiona, el impacto se multiplica en calles aledañas, accesos a condominios, comercio local y rutina diaria.
En ese contexto, la decisión de avanzar con el cierre aparece como una respuesta que mezcla infraestructura con gestión territorial: una reja no resuelve por sí sola fenómenos complejos, pero sí puede ordenar flujos, delimitar responsabilidades y reducir oportunidades para daños, ingresos forzados o usos que alteren la convivencia. Desde el municipio, la explicación técnica también incluyó el aprendizaje que dejó la larga tramitación del Crónica proyecto. Los cambios de costos, el reordenamiento institucional y los retrasos acumulados obligaron a rediseñar tiempos y roles. Que Serviu asumiera el diseño integral de la plaza mientras el municipio trabajaba el cierre en paralelo con la comunidad es parte de esa reconfiguración. El resultado, según Secoplac, busca cerrar un ciclo pendiente desde la remodelación original, respondiendo a un compromiso formal y a una demanda vecinal sostenida.
En términos comunales, el caso de Plaza Brasil abre una discusión más amplia sobre cómo se protegen y administran los espacios públicos cuando enfrentan presiones extraordinarias: crisis sanitarias, variaciones migratorias, aumento de incivilidades o ausencia de mantención.
La comunidad del entorno ha insistido en que los episodios recientes no fueron aislados y que la plaza, por su ubicación, requiere medidas preventivas constantes, junto con coordinación entre instituciones para evitar que los problemas se repitan. La obra anunciada, con su inversión y características estructurales, se instala así como un hito local que será observado de cerca por el barrio.
Vecinas y vecinos esperan que el avance se traduzca en tranquilidad y que, una vez concluido el cierre, el sector recupere un uso acorde a su vocación: un lugar de tránsito, encuentro y recreación, sin convertirse nuevamente en un punto de tensión.
Mientras tanto, el municipio y el condominio coinciden en un objetivo inmediato: completar la intervención dentro del plazo, asegurar una ejecución con estándares y encaminar, en paralelo, las coordinaciones pendientes para que el cierre tenga continuidad donde la responsabilidad ya no es pública. Con el inicio de obras, Plaza Brasil entra en una nueva etapa, donde la infraestructura busca responder a un problema sentido en el territorio.
El desafío, coinciden fuentes municipales y vecinales, será sostener el orden y el cuidado del espacio en el tiempo, para que la inversión se refleje en convivencia, seguridad y recuperación efectiva del corazón del barrio. 2 0 0. Arquitecto de Secoplac, Rodrigo Aranzibia, explicó que el proyecto responde a un compromiso pendiente desde la remodelación del espacio y fija una solución "definitiva" frente a daños, accesos forzados y deterioro. El Condominio Patricio Lynch, a través de su directiva, destacó que la intervención apunta a recuperar tranquilidad y normalidad en el sector.