EDITORIAL: Violencia, razón y responsabilidad
EDITORIAL: Violencia, razón y responsabilidad VIVIMOS EN UN TIEMPO DONDE LA VIOLENCIA SE HA COS, gesto que líderes religiosos de distintas tradiciones Ovuelto Ovuelto lenguaje. Dejó de ser un hecho puntual para transcalificaron de blasfemo. Ante la amenaza de «arrasar una formarse en un modo de relación, en criterio de eficacia civilización», León XIV recordó que ninguna razón de yen signo de liderazgo. Estado puede justificar la destrucción de un pueblo. El 4JEn 4JEn el escenario de la política internacional reParlamento Europeo lo invitó a dirigirse en sesión pleciente, pleciente, hemos asistido a expresiones alarmantes de esta nana en solidaridad con su voz. Ante todo esto, León xiv escalada.
Amenazas dirigidas contra poblaciones civiles, respondió con una serenidad que es, en sí misma, un gesto discursos que exaltan la fuerza como principio ordenador moral: «No tengo miedo a la administración de Trump». del mundo, y la insinuación de que la dominación y Seamos honestos: no se vislumbra, por ahora, una no el derecho constituye el fundamento último de la salida clara a los conflictos armados que asolan nuestro convivenciaentrenaciones. Talesposiciones, encarnadas mundo.
Las instituciones creadas para arbitrar la paz Wde Wde modo particularmente visible en liderazgos como la ONU, el Consejo de Seguridad han demostrado el de Donald Trump, no solo tensan el sistema político su profunda fragilidad estructural, siendo incapaces de global, sino que erosionan las bases mismas del derecho actuar cuando los intereses de las grandes potencias se internacionaly de la ética pública, interponen. La arquitectura del veto transforma la búsqueda búsqueda de justicia en negociación entre poderes, mientras los cuerpos se acumulan.
Eso obliga a una honestidad Teología al servicio del poder que no es pesimismo, sino condición para una esperanza La lógica de dominación no solo ha utilizado la fuerza auténtica: no la que cierra los ojos ante la realidad, sino bélica para legitimarse; hemos visto también cómo intenta la que trabaja desde dentro de ella. revestirse de argumentos morales y teológicos. El viceHoy expresamos nuestra solidaridad con el papa presidente estadounidensej.D.
Vance invocó el concepto León xiv y nuestro respaldo inequívoco a su voz, a la católico del ordo amoris la doctrina del orden del amor, que se han sumado obispos de todo el mundo, incluido formuladaporsanAgustínparajustificarpolíticas de nuestro país.
Lo que está en juego es la posibilidad misexclusióny misexclusióny deportaciones masivas, argumentando que la ma de que existan voces que, desde una autoridad moral compasión cristiana pertenece primeroalos propiosysolo y no bélica, interpelen a los poderosos con la fuerza del después a los extranjeros.
Se trata de una tergiversación Evangelio: una voz que llama a la paz cuando el poder profunda: el ordo amoris agustiniano no es una escala de llama a la guerra, que invoca la dignidad cuando el poder exclusión, sino una estructura de amor que culmina en invoca la dominación, que recuerda al mundo que la fe Dios y que, precisamente por eso, no admite fronteras que no puede ser un escudo ideológico para la violencia. Esa anulen la dignidad del otro. Usar la teología para justificar voz merece ser acompafiada. el desprecio al vulnerable contradice la fe cristiana en su Frente a ello, la tradición ética y, en particular, raíz.
No sorprende, por eso, que tanto el papa Francisco la doctrina de la guerra justa ha sido clara: nunca es muypoco antes de su muerte como el papa León xiv lícito dirigir la violencia contra la población civil.
No se hayan respondido con claridad: el amor cristiano es la trata de un límite circunstancial, sino de un principio base de una fraternidad abierta a todos, sin excepción. absoluto, inscrito en la dignidad de la persona humana. Pero la instrumentalización de la fe no se detiene Allí donde este principio es vulnerado, no estamos ante ahí.
León xiv, quien ha denunciado consistentemente lo una decisión política discutible, sino ante una transgreque transgreque llama una «teología de la guerra» la utilización del sión moral grave que corroe los fundamentos de nuestra nombre de Dios para justificar masacres, ha convocado convivencia. a los fieles de todo el mundo a orar por la paz, y ha tenido que enfrentar reacciones inusualmente directasyagresivas desde la administración Trump. El Papa ha sido calificado La violencia que nos habita públicamente de «débil»yterrible enpolítica exterior» Hay algo aún más profundo.
La violencia no es solo un por defender la paz en Irány Venezuela; se publicó (luego fenómeno externo: es una posibilidad siempre presente se retiró) una imagen generada por inteligencia artificial en el corazón de la acción humana. Aparece cuando el ser en la que Trump aparecía revestido de atributos mesiánihumano renuncia a actuar conforme a la razón, cuando. EDITORIAL: Violencia, razón y responsabilidad el lenguaje deja de ser un espacio de diálogo para transformarse transformarse en instrumento de imposición o manipulación. La degradación del lenguaje público la simplificación simplificación extrema, la descalificación del adversario, la apelación al miedo o al resentimientono es un fenómeno secundario. Es ya una forma de violencia. Y cuando esa violencia queda sin respuesta, se naturaliza: autoriza a otros a adoptarla como modo ordinario de relacionarse.
Los medios de comunicación y las redes sociales tienen aquí una responsabilidad que no puede ignorarse: cuando los algoritmos premian la indignacióny el odio, cuando la imagen de violencia se viraliza sin contexto ni reflexión, se normaliza lo que debería permanecer como excepción. Chile no está ajeno a estas dinámicas.
Experimentamos Experimentamos a diario formas diversas de violencia: en la inseguridad creciente, en la fragmentación social, en la desconfianza hacia las instituciones, en la incapacidad de sostener un diálogo político que no derive en polarización o bloqueo. A ello se suma una violencia menos evidente pero igualmente corrosiva: la que se ejerce contra el tejido social, contra el medio ambiente, contra la dignidad de quienes quedan sistemáticamente excluidos. Cuando la violencia se vuelve modo de relación, sus efectos más visibles aparecen donde los vínculos son más frágiles. En las escuelasyliceos, la respuesta al conflicto se reduce a veces a golpear a alguien o a expulsar a quien perturba, sin preguntarse por la fractura que la precede. La violencia escolar no es un fenómeno aislado: es síntoma de una sociedad que no logra ofrecer formas convincentes de reconocimiento, de pertenencia y de elaboración del conflicto. Allí donde el lenguaje se empobrece y el otro deja de ser interlocutor para convertirse en amenaza, la violencia encuentra terreno fértil. En este contexto, es necesario distinguir. No toda forma de uso de la fuerza es equivalente. Existe una violencia que el derecho reconoce como legítima en condiciones estrictas: la defensa propia, la protección de los más vulnerables, el uso proporcional de la fuerza por parte del Estado. Pero, incluso en esos casos, la legitimidad está siempre sometida a criterios exigentes: proporcionalidad, proporcionalidad, última instancia, respeto irrestricto de los derechos humanos. Lo que no puede ser aceptado es la violencia que se absolutiza: la que se presenta como solución en sí misma, desprecia el derecho e instrumentaliza la vida humana. Esa violencia no solo destruye a sus víctimas, sino que desfigura a quien la ejerce y corroe las bases de toda vida en común.
Construir el encuentro En sus 7 años de historia, Mensaje ha acompañado a este país en sus momentos más oscuros, nombrando lo que otros callaban y apostando, siempre, por la dignidad de la persona y el diálogo como camino. Hoy renovamos ese mismo compromiso: construir una cultura del encuentro frente a la cultura de la división. No es ingenuidad.
El encuentro no niega las diferencias diferencias ni borra las tensiones; las reconoce, pero apuesta a que el diálogo es más fecundo que la guerra, y que la dignidad del otro es condición no obstáculo de la propia. Esto exige rehabilitar el lenguaje como espacio de verdad; fortalecer las instituciones democráticas; promover una cultura que no renuncie al conflicto, pero que lo encauce por vías no destructivas. Queremos también interpelar una dimensión más cercana. La violencia habita también en los modos concretos en que nos relacionamos: en la palabra despreciativa, despreciativa, en el silencio que excluye, en la indiferencia que deshumaniza. Cada persona está invitada a examinar, con honestidad, las formas de violencia que anidan en _______ su propio actuar. Esa mirada interior no es un desvío de la acción política; es su fundamento. La violencia se impone rápido; la paz, en cambio, es siempre una tarea. Requiere tiempo, voluntad, inteligencia inteligencia y, sobre todo, una decisión ética fundamental: la de no renunciar a la razón ni al otro. Como ha recordado el papa León xiv: «La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta». En un mundo tentado por la fuerza, optar por ese camino no es debilidad. Es, quizás, la forma más alta de responsabilidad. M75.