Problemas financieros, demandas contra la autoridad y falta de socios, el lado B que complica a los clubes de yates
Problemas financieros, demandas contra la autoridad y falta de socios, el lado B que complica a los clubes de yates Eg al15 de enero pasado, directivos del Club de Yates de Pichidangui se reunieron con autoridades de la Subsecretaría de las Fuerzas Armadas.
Era el seu n d o e n c u e n t ro en menos de tres mese s. ¿ L a r a z ó n ? L renovación de su concesión marítima que les permite realizar actividades en el borde costero. “Hacemosénfasis en que la capacidad financiera del club nosimpide dar cumplimiento a las obligaciones económicas impuestas por el decreto de otorgamiento”, señalaron a la autoridad... Un caso que está lejos de ser aislado. Hoy dicen contactados los clubes están en crisis “desesperados”, subrayan, ya que de tener concesiones gratuitas ahora deben pagarlas; lo que se suma a complejidades financieras y a la ausencia de socios. Actualmente, existen 71clubes náuticos, según el registro de Directemar. En total aúnan 2.779 embarcaciones. Los más grandes son el Club de Yates Algarrobo, con 213 naves al 2014; la Cofradía Náutica del Pacífico, con 149, Higuerillas, con 128, y el Club Náutico Reloncaví de Puerto Montt, con 127. Y si bien, la asociación natural es con todo el entorno de las regatas, como la de Chiloé, con grandes embarcaciones y empresarios detrás, en el sector apuntan a que eso no es la generalidad. “Es solo una imagen que se ha ido manteniendo, pero la mayoría de los clubes son chicos, con personas normales que tienen en común el querer navegar”, señalan.
Pagos millonarios en concesiones El presidente de la Federación de Vela, Yerko Cattarinich, explica que si bien los clubes de yates se han considerado “elitistas”, porque ser socio es costoso, hay que pagar una membresía de acceso que puede alcanzar las 12.000 UF además de cancelar una cuota, los socios han ido envejeciendo, no se han renovado, y han derivado en clubes más sociales y de regatas de navegación. Todas, actividades que no implican sumar más ingresos; una situación que al añadirles el costo que deben pagar ahora por las concesiones complica el escenario. Hasta el año 2011, las concesiones marítimas para los clubes de yates eran gratuitas. Sin embargo, en 2021 cuando se comenzaron a renovar los permisos, la autoridad decretó que ahora deberían pagarse, y con efecto retroactivo. La Subsecretaría de las Fuerzas Armadas del Ministerio de Defensa argumentó que la gratuidad no se justificaba ya que no estaban garantizando el acceso libre a la playa.
“La gratuidad de las concesiones está restringida para ciertos casos particulares, situación que no aplicaría para los clubes de yates por su finalidad”, le respondieron a Pichidangui en su reunión con la Subsecretaría de la FF.AA.
Antofagasta, por ejemplo, pasó de pagar cero a cobrarles una renta anual de 2.708,15 UTM, además de un pago retroactivo cercano a los $900 millones entre 2011, que se empezó a tramitar la renovación, y el 2017, cuando finalmente se la dieron. Antofagasta interpuso recurso de reposición. Logró rebajar la renta anual a 637,21 UTM (Unos $44 millones), pero no mantener la gratuidad.
La resolución argumento que el club “no cumple con los requisitos establecidos por Contraloría, sobre todo, que el objetivo principal de la persona jurídica sin fines de lucro sea “satisfacer necesidades de la comunidad toda”. Desde la Superintendencia de FF.AA. reafirman eso a “El Mercurio”, en cuanto a que los criterios más exigentes sobre otorgamiento o renovación de una concesión marítima bajo gratuidad, fueron fijados por la Contraloría General de la República en 2011.
Agregan que los criterios para otorgamiento de condiciones bajo gratuidad incluyen “algunos no cumplidos por los clubes de yates, como que en los espacios concesionados solo se desarrollen actividades vinculadas con el deporte, y que presten beneficio de toda la comunidad, sin que puedan ser utilizados en un objetivo distinto, como servicios de bar, centros de eventos, restaurantes, entre otros”. Antofagasta defiende que en sus estatutos sí contemplan el beneficio a la comunidad, sobre todo en lo que concierne a actividades deportivas.
Y delinearon que han suscrito un “Convenio de utilización de infraestructura deportiva” con la Corporación Municipal de Desarrollo Social de Antofagasta; que tienen el proyecto “Escuela de vela” en el que se desarrolla un trabajo constante con niños de alto riesgo; entre otros. En 2021, el club de la II Región interpuso demandas contra el fisco y contra Contraloría dando cuenta de sus aportes a la sociedad, que justificaban una concesión gratuita. En 2022, el recurso de Protección ante Contraloría fue fallado en contra. Y en enero de 2026, ocurrió lo mismo con el que pedía la nulidad de los decretos que los obligaban a pagar, ante el fisco. “Cambió un criterio de interpretación y ahora dicen que estos clubes como son cerrados y cobran cuotas, no están abiertos a la comunidad y deben pagar”, dice la abogada a cargo, Francisca Concha.
Y acusa: “Nos dicen que no le permitimos el acceso a toda la gente, pero cómo vamos permitir el acceso libre a las instalaciones si hasta en un centro comercial hay guardias mirando quién entra y quién sale”. En Pichidangui actualmente existe un recurso de reposición ante la autoridad que está en análisis. De ser rechazado deberían pagar retroactivamente unos $300 millones. Y así cada club está en distintas etapas ha medida que van venciendo sus concesiones. El Club de Yates de Valdivia por ejemplo, está a la espera del recurso que interpusieron ante la Subsecretaría de las Fuerzas Armadas para poder seguir teniendo una concesión gratuita. “Estamos con el alma en un hilo”, dice su presidente, Juan Anzieta. Valdivia es el club más antiguo de Chile, y el segundo de América Latina. Fue fundado en 1952 por colonos alemanes. Tiene 80 socios. Están recién estabilizando sus finanzas. Hoy mantienen acciones legales contra su exadministrador, lo acusan de administración desleal por haber sustraído dineros. “Después de 11 años nos dejó en bancarrota. Estamos recién empezando a levantarnos, a mejorar la infraestructura que está muy deteriorada”, señala Juan Anzieta. Asegura que decidieron reducir el valor de las cuotas para sumar socios. Están haciendo promociones cobrando 50 UF. Y poniendo el foco en las escuelas de vela. A aquellos niños de escuelas vulnerables que muestran habilidades les enseñan gratis. Y al revés, a los hijos de socios que antes podían entrenar gratis, se les cobra. “Nos pagan el dinero suficiente como para nosotros tener un profesor de vela”, señala Anzieta. “Antofagasta, Pichidangui, Valdivia son clubes chicos. Y cumplen una función social al enseñarle a la gente, al guardar las embarcaciones”, agrega Francisca Concha. Y el problema amenaza con agravarse: Antofagasta renovó la concesión solo sobre un pedazo del terreno playa. Todavía faltan dos concesiones mayores muelles y malecones que aún no salen. El Club Náutico de Panguipulli nació en 2007, bajo el alero del empresario Nicolás Ibáñez. No tienen marina, operan directamente en el lago y su cuota es menor: de entre $10.000 a $15.000. El director de Vela del club, Rodrigo Beltrán, asegura que han debido luchar por cambiar la imagen de adinerados.
“Ibáñez estuvo diez años, dejó los implementos y el club andando, pero la gente sigue con esa concepción de que tenemos recursos, ha sido un trabajo incansable”. Y agrega: “Recién ahora las personas están entendiendo que el club náutico es un facilitador del espacio lacustre y que no somos de grandes recursos”. El club vive de la cuota de sus 40 socios. Ese número apunta Beltrán debiera llegar a unas 100, bajo la premisa de que solo un 20% está activamente comprometido, y el resto solo paga la cuota. “Los clubes se están dando cuenta de que tener una escuela de vela, les sirve porque pueden reducir impuestos, ganar proyectos, y acercarse a la comunidad”, señala.
En Fedevela, de hecho, están trabajando por fomentar el acceso al mar de los niños, que los Clubes abran sus instalaciones de manera gratuita para los menores de escasos recursos, que la vela sea parte de las actividades deportivas y que se pueda apoyar a aquellos que tengan talento. Hoy dicen estar al debe con la vela adaptada para personas con discapacidad. Yerko Cattarinich está trabajando para poder sumar unas diez embarcaciones adaptadas y buscar recursos que le permitan organizar en Chile el Primer Sudamericano de Vela Inclusiva entre 2027-2028.
El tope de 200 socios Carmina Fuentes cuenta que en 2020 estuvieron prácticamente quebrados, “teníamos que cerrar”. La presidenta del Club de Yates de Algarrobo se hizo cargo del club hace algunos años y lo han ido reflotando. Relata que el problema principal es que tienen pocos socios. Por alguna razón que no se explica, el tope en cualquiera de las entidades son 200, “es ínfimo”. Y no hay gran renovación. “No hay cultura de mar. El chileno le da la espalda, no le gusta, y las autoridades tampoco le dan importancia al deporte náutico”, dice. Y rebate la opinión general: “No es caro, si es a nivel recreativo”. Al igual que muchos clubes, Algarrobo está apostando por las escuelas de vela para niños. Tienen un grupo de unos ocho, y todos fueron al Sudamericano pasado, cuenta. “Tenemos una camada de niños que viene navegando de nuevo”. Además, para aunar recursos tienen arrendada una antena, rentaron una casa de en frente a un restaurante, están haciendo eventos. Tienen más de 100 actividades para vincularse con la comunidad, dicen. “Antiguamente no se requería hacer cosas, la gente llegaba, hoy hay que ser más dúctil y creativa”, subraya. “Sobre todo ahora con las contribuciones”, destaca. A Algarrobo le venció recientemente la concesión y están en período de renovación. “En cuanto nos llegue, nos iremos a la punta del cerro”, señala. Revela que en Iquique había dos clubes y uno ya cerró. Algunos clubes como Antofagasta ya están buscando recursos entre sus socios. Y ahora, al ser entidades con fines de lucro por pagar concesiones onerosas, habilitaron un centro de eventos. Otros están pidiendo plazos y prorrogas a la Subsecretaría; algunos han optado por reducir las peticiones: Por ejemplo, de 10 metros de frente de playa, piden tres. O 20 boyas en vez de 50 y que cada socio se consiga una adicional.
“Se nos viene complicado a todos”, subraya Carmina Fuentes. 18% de las naves están en tres clubes: Algarrobo, Higuerilla y Cofradía Naútica, ubicados en la Región de Valparaíso. 213 embarcaciones tiene el club más grande de Chile, según datos de Directemar al 2024.
Se trata del Club de Yates Algarrobo.. Si bien originalmente las concesiones marítimas para estos clubes eran gratuitas, ahora deben pagar montos millonarios por ellas, luego que Contraloría considerara que las instalaciones no eran de libre acceso. Antofagasta, Pichidangui y Valdivia ya han interpuesto recursos; mientras otros clubes están a la espera. En el intertanto, los socios no aumentan y las entidades desarrollan escuelas de vela y actividades para elevar sus ingresos y acercarse a la comunidad.
“Se nos viene complicado a todos”, subrayan desde el Club de Yates Algarrobo. • MARÍA JOSÉ TAPIA Bordean los 71 que suman 2.799 embarcaciones: 18% de las naves están en tres clubes: Algarrobo, Higuerilla y Cofradía Naútica, ubicados en la Región de Valparaíso. 213 embarcaciones tiene el club más grande de Chile, según datos de Directemar al 2024. Se trata del Club de Yates Algarrobo.