Autor: Claudio Oliva Ekelund Profesor de Derecho, Universidad de Valparaíso
Columnas de Opinión: Danzas húngaras
Columnas de Opinión: Danzas húngaras í, por estos días he oído frecuentemente a Brahms (también a Liszt y hasta el aria de una zarzuela de la que me hablaron -e incluso cantaronmis padres). Pero, ante todo, he S tenido muy presente el festivo baile del futuro ministro de salud a orillas del Danubio, que resume la intensa dicha de la mayoría de los húngaros por el fin de los 16 años de gobierno autocrático de Viktor Orbán. ¿Por qué tantos hemos estado pendientes de lo ocurrido en un país con la mitad de la población y dos tercios del PIB de Chile? Porque Orbán fue el primero que, en un contexto de democracias sólidas y desarrolladas, como la Unión Europea (UE), intentó, luego de su elección en 2010, transformarse en dictador vitalicio, como Chávezy Maduro en Venezuela, Putin en Rusia y Erdogan en Turquía (y como también pretende Bukele en El Salvador). En buena parte del mundo, las dictaduras no suelen nacer ya de golpes militares, sino de gobernantes electos que concentran el poder para hacerse inderrotables.
Orbán capturó los tribunales, la burocracia estatal y casi toda la prensa pública y privada, intervino y hasta cerró universidades, sustituyó a las previas ONG por las suyas, modificó el sistema electoral en su favor, enriqueció a familiares y empresarios afines y difundió descaradas mentiras. El lugar y el momento fueron clave para su relevancia. Obstruyó decisiones cruciales de la UE, motivó castigos de ella por su violación del Estado de derecho y se alineó con Putin. Se volvió un precursor idolatrado por la extrema derecha occidental.
Un trumpista importante lo definió como "Trump antes de Trump"; y éste (a quien, sin duda, le gustaría convertirse en un gobernante absoluto y vitalicio) envió a su vicepresidente a darle apoyo antes de la elección.
El Presidente Kast dijo en 2019 que querría ser conocido como "el Orbán chileno". Y en febrero lo visitó en Budapest (aunque por ahora no muestra la pulsión extrema de Orbán y Trump). El experimento de Orbán condujo a menos libertad, más corrupción y estancamiento económico. Incluso las políticas pronatalidad que algunos conservadores le alaban han sido un claro fracaso. El año pasado, luego de década y media gastando cuantiosos recursos en ello, Hungría tuvo el más bajo número de nacimientos del que haya registro y su población se reduce.
A pesar de una enorme desventaja financiera, mediática y legal, y a ser víctima de acoso, la oposición logró unirse tras un carismático candidato moderado de centroderecha, Péter Magyar, que consiguió la hazaña de derrotar al partido de Orbán por 15 puntos, impidiendo que desconociera la derrota, como Trump en 2020 y Bolsonaro en 2022. Viene una reconstrucción democrática que promete ser esperanzadora. Esta noche, en el matrimonio de un amigo liberal, espero volver a danzar con Budapest en la mente. Autor: Claudio Oliva Ekelund Profesor de Derecho, Universidad de Valparaíso. C Columna