Autor: Por Cristóbal Bley
Pasar al Mercado París-Londres
Pasar al Mercado París-Londres Cuesta decirle barrio a este par de calles, más bien callejuelas, que se cruzan un par de cuadras al sur de la Alameda.
Como la escenografía de una ciudad que no fue o el recuerdo de un pasado que jamás ocurrió, la esquina de París y Londres se tomó en serio sunombre y quedó congelada en un tiempo decimonónico, sembrada de faroles, con calzada adoquinada y edificios neoclásicos.
El encanto de esta zona no está tanto en sus construcciones, muchas de ellas magníficas -como las diseñadas por Cruz Montt o Larraín Bravo-, como en el sinuoso recorrido de la calle Londres, la única que culebrea en todo el centro de Santiago.
Entrar en ella, viniendo desde la Alameda, es escapar de la lógica damera e ingresar a un paisaje estrecho, casi medieval, donde la vía se confunde con la vereda y la vereda con los muros, sin espacio apenas para los autos, incómodo para los ciclistas, un paraíso peatonal. Hasta hace poco, en las calles París y Londres no había mucho que hacer aparte de admirar este breve entorno y fantasear con una teletransportación a Europa. Aparte de negocios de bolsas plásticas, en estas cuadras solo convivían hoteles baratos, estacionamientos, institutos profesionales y un par de partidos políticos.
Ahora, en cambio, durante un fin de semana al mes, sus mudos entornos se llenan con el sonido del entusiasmo gracias al Mercado París-Londres, una feria que es mucho más que una compra y venta: se trata de un genuino encuentro entre personas ávidas de estímulos reales con otras necesitadas de conectar con un público. Hay comercio y consumo, sí, pero se vuelve secundario entre exposiciones artísticas, montajes teatrales, djs locales, talleres infantiles y música que brota de cada esquina. El otoño, además, le viene bien a estas calles, poco amables bajo el calor, que con la luz oblicua y la hojas caídas se vuelve todavía menos santiaguina. El final de un domingo no dejará de ser triste aquí, pero al menos será una tristeza compartida. Autor: Por Cristóbal Bley. MI PANORAMA