Columnas de Opinión: Cuando el riesgo se comparte, la innovación avanza
Columnas de Opinión: Cuando el riesgo se comparte, la innovación avanza Andrés Labbé Director de Inversiones de Hidrógeno Verde de ChileGlobal Ventures L a transición hacia un desarrollo sostenible no depende sólo de tener grandes ideas o tecnologías prometedoras. Depende, sobre todo, de cómo distribuimos el riesgo. Ninguna transformación profunda ocurre cuando un solo actor, sea público o privado, carga con toda la incertidumbre. Pero cuando el riesgo se reparte y los incentivos se alinean, la innovación avanza más rápido, escala mejor y genera impactos reales en la economía y en las comunidades. Esa es precisamente la lógica detrás del blended finance, un enfoque que combina distintos tipos de capital para que cada uno cumpla un rol complementario.
El capital público o filantrópico puede asumir riesgos iniciales mayores o aceptar retornos más bajos que el mercado; el sector privado puede aportar eficiencia y velocidad; mientras que los inversionistas institucionales -como los fondos de pensionesentregan la escala y el horizonte temporal que permiten consolidar proyectos sostenibles de largo plazo. Cuando esta mezcla funciona, se crean arquitecturas financieras capaces de desbloquear inversiones que de otra manera no ocurrirían.
Según el informe State of Blended Finance 2025, elaborado por Convergence Finance, el último año se realizaron más de 120 transacciones de financiamiento combinado por un total cercano a los USD$ 18.000 millones, con un tamaño promedio de USD$ 65 millones por transacción. Pese a esto, los recursos siguen concentrados en pocos países y sectores: más del 60% se destinó a energía y agricultura sostenible, mientras América Latina sólo captó una fracción menor.
El estudio identifica cuatro obstáculos que explican esta brecha: (i) la falta de estrategias privadas para movilizar capital, (ii) la baja participación de inversionistas locales, (iii) la escasa transparencia en la información, y (iv) un ecosistema de soporte técnico insuficiente. En resumen, el desafío no es la falta de recursos, sino como diseñamos arquitecturas financieras que permitan que distintos tipos de capital e inversionistas trabajen juntos. No es una preocupación nueva. Tal como advirtió Mark Carney en 2015, el cambio climático es "la tragedia de los horizontes": los mercados suelen mirar unos pocos años hacia adelante, mientras los impactos ambientales se desarrollan durante décadas. Para cerrar esta brecha temporal se necesitan precisamente instrumentos que mezclen capitales, distribuyan riesgos y alineen retornos. Chile tiene una oportunidad concreta en este terreno.
El país ya ha demostrado liderazgo regional en instrumentos financieros sostenibles, como los bonos verdes y sociales, pero esa experiencia aún no se ha extendido a modelos que integren capital público, privado e institucional dentro del mismo proyecto. Los fondos de pensiones, por ejemplo, administran activos equivalentes a más del 80% del PIB, pero carecen de alternativas adecuadas para invertir en proyectos de transición energética o resiliencia climática. Esa brecha revela tanto el espacio como la urgencia de avanzar hacia esquemas de financiamiento combinado que movilicen parte de ese capital de largo plazo hacia proyectos con impacto real. El blended finance no es una moda ni una consigna. Es una herramienta concreta para movilizar recursos hacia las prioridades del desarrollo. Si Chile no aprende a mezclar capital público, privado e institucional, corre el riesgo de seguir financiando los proyectos en otros países, mientras los propios esperan soluciones financieras que nunca llegan..