Autor: César Trabucco Sociólogo
Columnas de Opinión: La cultura
Columnas de Opinión: La cultura ese a que la frase originalmente nace en una obra de teatro, -se le atribuye a Goebbels, haber espetado "cuando escucho la palabra cultura desenfundo mi revólver". Genialmente respondida por el intelectual cubano Roberto Fernández "cuando oigo la palabra fascismo desenfundo mi cultura". A partir de lo anterior y a raíz de tanto desenfundar alguien podría pensar en que esto es un análisis de spaghetti western que como expresión artística en el ámbito del cine, tuvieron la capacidad cultural de derribar el mito de cowboys invencibles y constructores de nación del tipo John Wayne, antecesor de Trump, y mostrarlos tal cual.
Pero no, esto pretende ser un somero análisis sobre qué se hace en el ámbito de la cultura en nuestros días, próximos a grandes eventos comerciales como Exponor y Filzic, en distintas áreas, pero bajo la misma lógica: hacer negocios.
Antofagasta nuestra omnicapital, que soportara otro gran ciclo del precio del cobre, quiere darle a los que llegaran, atraídos por la bonanza, una gran impresión cultural y para ello a definido que la Corporación Municipal sea uno de las puntas de lanza en esta noble tarea.
Para ello esta Corporación promueve actividades que buscan ampliar el publico que accede a la cultura para poder financiarse dado que en la lógica actual, esa de desenfundar revólveres, para cultura no existen recursos y a raíz de esta política se crean innovaciones como fútbol sinfónico y, para más adelante están en carpeta el waterpolo poético y básquetbol pictórico, aprovechando la cantidad de cultores de ambos deportes que existían allá por la década de los sesenta y que aun algunos sobreviven.
Lejos de esa década de los 60, donde las universidades recién surgidas apostaban por desenfundar cultura y nuestra ciudad vio surgir, de la mano de Pedro de la Barra, Rafael Ramos, al que a propósito la ciudad le debe un gran reconocimiento, de Waldo Valenzuela, Osvaldo Silva Castellón, Andrés Sabella, Mario Bahamonde, entre otros, un fervor cultural que se traducía en la aparición de teatros orquestas, bibliotecas, círculos de arte y un precio del cobre que, hoy pensamos, no tendría a ningún conmutado por estos lados. Década en que había menos recursos económicos, pero más capacidades para emprender en el ámbito de la cultura porque el talento era lo que realmente importaba.
Lejos de concursos para administrar la miseria que hoy con cobre sobre 60 centavos le asigna a la cultura y lejos de improvisados gestores que han hecho de la cultura un negocio, esta ciudad llego a tener su propio ambiente cultural y bohemio y transformarse en un centro de actividad artística, intelectual y académica. Todo esto hasta que llegaron los buenos para desenfundar revólveres y la cultura replegada y en los subterráneos sobrevivió entregando lo que siempre a hecho, razones para vivir. Autor: César Trabucco Sociólogo. C Columna