Autor: POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO
¿Cómo llegamos a esto?
¿ Cómo llegamos a esto? ace unos días, nos juntamos a almorzar un grupo de amigos que H habíamos sido compañeros mientras estudiábamos Derecho en la Universidad Católica de Valparaíso. Pasamos revista a anécdotas de la época, de cómo se vivía Valparaíso y Viña en esos años, cómo era nuestra vida diaria, cuáles eran las entretenciones que teníamos y muchas otras cosas más. Cosa curiosa, los asuntos políticos no salieron a la palestra.
Vinieron a nuestra memoria la avenida Libertad de sólo "dos pisos", ya que prácticamente no existían edificios allí; lo agradable que resultaba ir al Teatro Metro, a la función de vermouth de un sábado y luego pasear por una segura calle Pedro Montt, para llegar a la plaza Victoria; de lo ordenado que era todo y especialmente se añoraba la limpieza generalizada; cómo los sábados en la noche se llevaban a cabo habitualmente "bailoteos" en las casas de las estudiantes de la Monjas Francesas de Viña o de Valparaíso y de las Monjas Inglesas en la Ciudad Jardín o de los liceos de cada ciudad y muchas otras cosas más. Pero lo que llamó especialmente la atención de todos fue cuando hicimos memoria de lo que había cambiado nuestras vidas como seres humanos.
Más allá de que el pelo en la cabeza se ha vuelto ralo y escaso o que afeitarnos cuesta más debido a las arrugas de la cara, lo que sobresalió fue el hecho que habíamos sido felices como personas con una serie de cosas que hoy pueden ser consideradas como "carencias". Habíamos vivido sin la existencia de la televisión, de los teléfonos celulares, de los computadores, de los viajes al espacio, de la hoy reputada IA, etc.
Todos acotamos las diferentes formas en que reaccionaban nuestros hijos o nietos cuando les narrábamos que nuestra vida diaria transcurría sin esos "adelantos". Para ellos resulta inconcebible la vida sin esas creaciones de la mente humana.
Pero, por otra parte, estuvimos de acuerdo en la seguridad que existía en esos años, que caminar por la avenida Libertad o la calle Pedro Montt a las 12 de la noche no era una aventura peligrosa, que nadie asaltaba o robaba en esas arterias y en el resto de las dos ciudades, que los asaltos de hoy (los portonazos) eran cosa de películas americanas que veíamos en la matiné de los sábados en el Teatro Municipal de Viña y que los secuestros no se veían ni siquiera en aquellas.
Ahí caíamos en la cuenta de cómo ha mutado para peor nuestra vida diaria y cómo el país ha tenido una decadencia de la cual no parece posible salir, pese a la aparición de los "adelantos" mencionados más arriba y de otros. Alguno de nosotros mencionó la aparición de la droga y la facilidad con que esta llega a todos los sectores, sin diferencia alguna. Reconocimos que los chilenos hemos ido tomando conciencia que es una peste de la cual parece que no podemos salir, pese a los esfuerzos que las autoridades hacen en ese sentido. Estuvimos de acuerdo en que la droga es como la madre de la cu gran mayoría de los males que nos aquejan. En lo personal, seBancoEstado express Bancos PELVIC SAMTET DE FV D457 CARABINEROS DE URILE. NO YADAY TAIGICOM ñalé que soy de los que cree que los traficantes de drogas -cualquiera sea el lugar que tengan en el "escalafón" de su organizaciónno tienen los mismos derechos humanos que yo. Esto lo he indicado en otras oportunidades en esta página.
Así como fuimos capaces de aceptar sin chistar durante la pandemia de covid que nos suprimieran derechos humanos básicos, como el de trasladarse de un lugar a otro o de reunirnos, pienso que como sociedad debemos determinar que los que envenenan a los chilenos con las drogas no pueden ser juzgados con la misma vara que el resto y el país debe hacer una notoria diferencia en cuanto a la severidad de los juicios en contra de ellos.
En relación con esto, uno de los contertulios acertadamente acotó que ya no nos llama la atención que en los noticiarios nocturnos de la TV la inmensa mayoría de las noticias se relacionen con delitos en los que se atenta contra la vida o el patrimonio de ciudadanos que sólo pretenden una existencia tranquila para él y los suyos. Nos hemos contra su futuro.
Recordó que antes, cuando uno llegaba a la casa sosteniendo que un profesor le había castigado de una manera injusta y que la razón de aquello era porque le tenía "mala barra", la contestación de nuestros padres era "y tú qué hiciste para merecer la reprimenda". Había como una especie de norma no escrita de que los padres en su casa y los profesores en la escuela tenían siempre la razón.
Hoy día, muchos padres piden sanciones en contra de los maestros por llamarles la atención a los alumnos y otros llegan al extremo de rechazar terminantemente la idea que uno de los suyos pueda tener una mala calificación, pese a que sea merecida. Se ha perdido, añadía, el respeto a las orientaciones que daban los padres, al reconocimiento casi sacrosanto a los profesores y a la necesidad de ser parte activa de la propia familia.
Acotó que antes, la hora de comida en la casa, cerca de las 21 horas, era un lugar de encuentro de todos los que habitaban en la vivienda y que ahí acostumbrados a vivir con los asesinatos, los asaltos, los secuestros y otra gran variedad de conductas condenables. Hubo uno que hizo un planteamiento que al comienzo nos dejó a todos un poco descolocados, pero que en la medida en que lo desarrollaba le encontramos toda la razón.
Empezó con una afirmación un tanto extraña: "Todos somos culpables de esto que está pasando". Al pedirle explicaciones, nos indicó que el modo como estamos educando a nuestros hijos o nietos ha mutado de tal manera que lleva a que los chicos (as) desde que nacen tengan una visión equivocada de la vida. Agregó que había visto cómo uno de sus hijos había ido a reclamar al colegio de un nieto porque la profesora le había llamado la atención por su mala conducta.
Asimismo, veía cómo los niños en sus casas hacen lo que quieren y que los padres tienden a plegarse a la teoría de que los infantes deben desarrollar libremente su personalidad, por lo que corregirlos de una forma que califican de "dura" atenta se intercambiaban ideas sobre temas personales, familiares u otros relacionados con la vida diaria.
Hoy lo normal es que cada uno coma un pedazo de pizza en su cuarto o que si hay encuentro en la cena los celulares resulten ser los protagonistas, ya que cada uno hace uso de ese aparato para llamar o para recibir llamadas.
Es decir, concluyó, mientras cada uno en su casa no haga algo destinado a mutar las tendencias existentes para vivir como familia y para que todos asuman la responsabilidad que les corresponde, cada día iremos de mal en peor. Esta última intervención nos dejó pensativos. Tenía toda la razón en lo planteado. Nos preguntamos el cómo hemos llegado a ver y vivir en una sociedad cuyo presente es cada día peor y su futuro lejano cada día menos halagüeño.
No hubo una respuesta grupal concreta, pero tácitamente hubo consenso que para responder a la interrogante planteada en el título de estas líneas se requiere no sólo que las autoridades hagan bien "su pega", sino que todos los habitantes de esta "loca geografía", como decía Benjamín Subercaseaux, nos fijemos como un deber poner nuestro grano de arena para volver a tomar el rumbo correcto, aprovechando para ello en forma positiva todos los cambios que se han producido fruto de la ciencia y de la investigación.
Mientras tengamos una actitud pasiva ante la crianza de los niños, el respeto a los padres, el respaldo a los maestros, el rechazó total y absoluto a males como la corrupción y la drogadicción, y el respeto a autoridades que deben ser probas, estaremos en la idea de que el diagnóstico es el adecuado, pero que proporcionar los remedios adecuados compete a otros. No, insisto no. Es obligación y competencia de cada uno.
Mientras no nos percatemos de eso y no los hagamos carne de nuestra existencia, seguiremos por la senda que nos está llevando rápidamente al deterioro acelerado y sin solución de nuestra sociedad. 03 Autor: POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO. AGENCIA UNO/ARCHIVO