Autor: JUAN IGNACIO BRITO
Columnas de Opinión: Violencia: el burro que da vueltas y el enfermo bobo
Columnas de Opinión: Violencia: el burro que da vueltas y el enfermo bobo Tal como ocurrió en el pasado en casos similares, la agresión contra la ministra de Ciencia despertó una transversal condena que ratifica un diagnóstico conocido acerca de la violencia. El episodio sirvió para profundizar la erosión de la autoridad que se viene desplegando desde hace años ante la indolencia, el entusiasmo o la falta de coraje de muchos. Aunque adopta mil caras y formas, en esta ocasión el desgaste quedó bien representado por la actitud del rector de la Universidad Austral, incapaz de hacer lo correcto cuando las papas quemaban.
Sin embargo, la concentración de la culpa en torno a la pusilánime autoridad académica arriesga con distraernos de lo importante y con limitarnos a buscar un cordero sacrificial que aplaque la indignación que levantó el incidente.
El peligro es que, sacrificado el cordero y saciadas las ansias de revancha, demos vuelta la página, sigamos cayendo por la pendiente resbaladiza y nos sentemos a esperar el próximo escándalo que despierte “nuestro más enérgico y total repudio”. ¿No viene sucediendo así desde que, en 2008, una escolar lanzó un jarro de agua a la entonces ministra de Educación? ¿ No debió en 2011 el titular de Educación retirarse de una sesión parlamentaria en medio de forcejeos e insultos cuando una turba estudiantil irrumpió con violencia? ¿ No quemaron en 2012 unos exaltados el auto del rector de la Usach (el mismo que cinco años más tarde fue retenido por una horda de 300 manifestantes en la casa central de la institución)? ¿ No le sucedió lo mismo en 2016 al rector de la Universidad Alberto Hurtado cuando alumnos ingresaron a su oficina de manera violenta? ¿ No fue agredido José Antonio Kast en 2018 por estudiantes de la Universidad Arturo Prat en Iquique? ¿ No debió la rectora de la Universidad de Chile alojar en la casa central en 2024 y 2025 para proteger el edificio de las tomas estudiantiles? Resulta sintomático que, después de cada uno de esos incidentes y otros similares la condena haya sido unánime y que, pese a ello, la violencia persista.
Somos como un burro atado a una piedra que da vueltas sin parar, tozudo, bonachón e inútil (la imagen la usa el escritor nicaragüense Sergio Ramírez para describir su país, pero perfectamente podría estar hablando del nuestro). Expertos en solidarizar a través de redes soc i a l e s, h a c e r gestos de apoyo y desagravio, mostrar “rabia y vergüenza”, pero poco más que eso.
Hasta ahora nos hemos comportado como el enfermo bobo que escucha el diagnóstico médico, pero no se toma los remedios ni sigue el tratamiento, c o n f i a d o e n que el doctor exagera. Pareciera que solo importa quedar bien y para eso se pronuncian unas exasperantes frases vacías.
Pero el análisis de la situación, la consideración de los matices y sutilezas, la racionalización de complejidades sociales, la intelectualización del fenómeno de la violencia y la advertencia sobre el riesgo de caer en el iliberalismo funcionan como excusas para no hacer nada. Como escribió Ernst Jünger, es un vicio darles tantas vueltas a las cosas, porque al final estas acaban perdiendo su realidad. Es lo que le sucede al burro que menciona Ramírez y nos está ocurriendo a nosotros. Hace rato que la situación está madura para pasar de las palabras a la acción. Más todavía cuando la ciudadanía apoyó una propuesta electoral basada en la restauración del orden. El impulso ha de venir desde el Gobierno, que necesita explicar a la población lo que pretende hacer y cumplir con la promesa que le permitió llegar a La Moneda. n Autor: JUAN IGNACIO BRITO. LA INTELECTUALIZACIÓN DEL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA Y LA ADVERTENCIA SOBRE EL RIESGO DE CAER EN EL ILIBERALISMO FUNCIONAN COMO EXCUSAS PARA NO HACER NADA.