Autor: ClaudiO FlOres, INGENIERO COMERCIAL
Columnas de Opinión: Un imperio en decadencia… y reconocido por su presidente
Columnas de Opinión: Un imperio en decadencia y reconocido por su presidente El título de esta columna de opinión podría ser fácilmente al resumen de la visita de Trump y los multimillonarios norteamericanos a China, porque la frase fue corroborada por el propio Trump, pero echándole la culpa a la administración anterior por suerte no dijo que Xi jimping había hecho una metáfora o hipérbole.
Es importante señalar que no es fácil hacer convivir en este tipo de reuniones, las visiones culturales, económicas y sociales de oriente y occidente, y que existen dos dimensiones extremadamente importantes en este tipo de citas: La forma y el Fondo. En mi opinión, en ambas dimensiones, Xi Jimping dio cátedra de estrategia y señales. En la forma, el hecho de no ir al aeropuerto a recibir a Trump y su delegación de súper ricos, es una clara señal del protocolo diplomático en China, que funciona como una señal política. La jerarquía de quien recibe a un líder extranjero refleja el nivel de importancia y cercanía que Pekín quiere transmitir.
Por parte de Trump, los gestos de desprecio al protocolo Chino fueron impresentables rechaza el cojín del asiento que pone a la misma altura a ambas autoridades y tiene la desfachatez de revisar la agenda del dueño de casa mientras este se ausenta por un instante Pero lo más increíble, son las señales que China transmite a todo el mundo, y que son señales de fondo.
Primero, dice fuerte y claro que Estados Unidos es un imperio en decadencia, y que ambos países no pueden caer en la trampa de Tucídides, historiador ateniense, que en su célebre obra “La Guerra del Peloponeso” sostuvo que el enfrentamiento entre Atenas y Esparta se volvió inevitable debido al crecimiento del poder ateniense y al temor que ese ascenso generó en Esparta. Con esta frase da una contundente señal de que ambas potencias deben trabajar juntas por el bienestar del mundo, y dejar de lado las ideas afiebradas de más guerras.
Y en segundo lugar, y no menos importante, la República comunista de China y su presidente, provocan que el mundo que conocíamos cambiara de dueño. ¿Quién hubiera imaginado hace una década que China sería el principal defensor de la globalización y el libre comercio, mientras que EE.UU. se convertiría en una fortaleza aislada por sus propias guerras comerciales? La paradoja es total. Y por otra parte, Trump llega a Pekín con un discurso de fuerza, pero con una realidad de necesidad. No llega a abrir mercados, llega a pedir auxilio. Necesita desesperadamente que Xi Jinping libere las tierras raras (sin ellas, EE.UU. no puede fabricar ni un solo misil moderno) y que compre soja para calmar a los agricultores que votan en su país. Es la imagen de una potencia que, por primera vez en casi un siglo, no pone las reglas, sino que intenta negociar su propia relevancia. Xi Jinping le está recordando a Washington los principios del libre comercio que el propio Occidente inventó. Mientras EE.UU. se hunde en el atolladero de Oriente Medio y las sanciones, China se posiciona como el “adulto en la habitación”: el socio estable, predecible y pragmático que el mercado global grita por tener. Autor: ClaudiO FlOres, INGENIERO COMERCIAL.