Editorial: El campo del Maule bajo el yugo de los combustibles
Editorial: El campo del Maule bajo el yugo de los combustibles El reciente y sostenido incremento en el precio de los combustibles ha dejado de ser una preocupación macroeconómica para convertirse en una amenaza directa y asfixiante para el corazón productivo de nuestra Región del Maule.
Para una zona cuya identidad y sustento dependen íntimamente de la agricultura, el alza de las bencinas y el diésel no representa solo un número en la pizarra de las estaciones de servicio; es un golpe al mentón de la competitividad y la estabilidad rural. La agricultura de hoy no se mueve sin energía.
Desde el tractor que prepara la tierra hasta los sistemas de riego que mitigan la sequía, pasando por los camiones que trasladan la cosecha hacia los puertos o centros de distribución, cada etapa de la cadena está encadenada al costo del petróleo.
Para el pequeño y mediano agricultor, que ya lidia con la incertidumbre climática y la volatilidad de los mercados internacionales, este incremento en los costos de producción actúa como un impuesto invisible que reduce drásticamente sus márgenes de ganancia, ya de por sí estrechos. El impacto es multidimensional y se manifiesta con especial crudeza en tres frentes: Costos logísticos: El transporte de carga es la columna vertebral del Maule. Un flete más caro implica que el producto regional llega con menos fuerza al mercado nacional y extranjero. Canasta familiar: Es una paradoja dolorosa que, en una tierra fértil, el precio de las frutas y verduras suba para el consumidor local debido al costo de trasladarlas desde el campo a la mesa. Desincentivo a la inversión: Con costos operativos impredecibles, muchos productores optan por la cautela, frenando la contratación de mano de obra y la tecnificación necesaria para enfrentar el cambio climático. Resulta urgente que las autoridades nacionales miren hacia las regiones agrícolas con una perspectiva de descentralización real. No se puede medir con la misma vara el impacto del combustible en la capital que en las rutas rurales del Maule, donde las distancias son mayores y las alternativas de transporte inexistentes. Si no se generan mecanismos de amortiguación o alivios específicos para el sector productivo primario, el campo maulino corre el riesgo de entrar en un ciclo de estancamiento. Sin energía a precios razonables, el motor de nuestra región corre el riesgo de detenerse. Es tiempo de acciones que protejan nuestra soberanía alimentaria y el esfuerzo de miles de familias que, día a día, labran el futuro del país..