Autor: Wendoline Yáñez Maldonado, directora ejecutiva Fundación Geoglifos de Tarapacá
Columnas de Opinión: Pintados: un museo a cielo abierto
Columnas de Opinión: Pintados: un museo a cielo abierto Habitar Tarapacá es convivir con una historia viva donde el tiempo parece haberse detenido para permitirnos una conversación con nuestros antepasados. Nuestro territorio no es solo desierto y costa; es un escenario de una riqueza cultural incalculable que hoy nos exige más que una mirada superficial. Desde las universidades, el sector público, la empresa privada y las organizaciones sociales, hemos impulsado un desafío monumental: que el Complejo Arqueológico Geoglifos de Pintados sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su inclusión en la Lista Tentativa es un paso que confirma lo que como habitantes siempre hemos sentido: poseemos un tesoro de valor excepcional para el mundo entero. Esta postulación no es un esfuerzo aislado, sino un proceso de todos que suma muchas voluntades. Contamos con el respaldo de un Comité que aporta una mirada científica y profunda, integrado por expertos de gran trayectoria como el Premio Nacional de Historia, el Dr.
Lautaro Núñez, Calogero Santoro (UTA), la antropóloga Persis Clarkson (U. de Winnipeg), Daniela Valenzuela (UCN), la especialista en restauración Paz Casanova, el historiador Patricio Rivera (UNAP) y el arqueólogo Álvaro Carevic (Museo del Desierto UNAP). Sus investigaciones han demostrado que este territorio no era un lugar vacío, sino un espacio donde condiciones climáticas favorables permitieron que los primeros grupos humanos se establecieran hace miles de años. Ellos dejaron huellas en la tierra que hoy son testimonios vivos de nuestra capacidad de crear y adaptarnos al entorno. Desde la Fundación Geoglifos de Tarapacá, trabajamos con la convicción de que el cuidado de estos sitios debe hacerse respetando la forma de ver el mundo de nuestros pueblos originarios. Habitamos una tierra que congrega mucho más que sitios arqueológicos; es un espacio de paisajes sagrados que nos unen con otros pueblos de Latinoamérica. Por ello, escuchar a las comunidades locales es el corazón de nuestra labor. En este trayecto, la educación es nuestra herramienta más potente. Siguiendo las orientaciones de la UNESCO, priorizamos a las nuevas generaciones como la vía principal para asegurar que estas riquezas no se pierdan.
A través de nuestros talleres de educación patrimonial ambiental, buscamos que niños, niñas y jóvenes no solo aprendan datos técnicos, sino que se detengan a observar, a sentir la emoción del lugar y a comprender que cada manifestación puesta con intención es un mensaje que ha resistido siglos de viento y sol. La educación es nuestro primer anillo de seguridad: no podemos proteger lo que no amamos, y no podemos amar lo que no conocemos de verdad. En el marco de la celebración del Día del Patrimonio Cultural, la invitación es a detenerse y mirar. El desierto no está en silencio; nos habla a través de sus cerros dibujados y de una naturaleza resistente. Tarapacá es un museo a cielo abierto que nos pertenece a todos, y es nuestra responsabilidad asegurar que estas huellas sigan contando nuestra historia a los que vendrán después de nosotros. Autor: Wendoline Yáñez Maldonado, directora ejecutiva Fundación Geoglifos de Tarapacá. OPINIÓN