Editorial: Urgencia ante la violencia estudiantil
Editorial: Urgencia ante la violencia estudiantil E I repudiable ataque armado ocurrido en un establecimiento educacional de Calama ha dejado al desnudo la absoluta necesidad urgente de abordar, con medidas efectivas y bien concretas, la crisis de seguridad al interior de los colegios.
El asesinato de una inspectora y las graves lesiones provocadas a otros integrantes de la comunidad escolar evidencian una vulnerabilidad institucional que no puede seguir siendo tolerada ni relativizada bajo ninguna circunstancia por las autoridades del Estado frente al innegable avance delictual en todo el país. En este escenario crítico, la Ley de Convivencia Escolar, normativa que aún se encuentra en etapa de proyecto tramitándose en el Congreso, debiera discutirse con la máxima premura por los legisladores.
El país y los recintos educacionales necesitan estar mucho mejor preparados frente a un entorno social donde la violencia ha ido ganando terreno de manera sostenida, traspasando de forma inaceptable los muros que históricamente separaban y protegían a las aulas de la agresividad y de la criminalidad externa en nuestras calles. Ante la contundencia de los hechos, en estos momentos no tiene mucho sentido sostener una férrea oposición a la instalación de tecnología preventiva, como los pórticos detectores de metales. Tanto la irreparable tragedia de Calama como otros graves incidentes armados a nivel nacional demuestran que el sistema requiere de medidas de contención urgentes para resguardar la integridad de alumnos y funcionarios. Luego, de manera complementaria, tendrán que venir otras acciones de carácter formativo y de salud mental a mediano y largo plazo. La región no está ajena a esta compleja realidad.
Aunque sin alcanzar la tremenda gravedad y letalidad de los sucesos registrados recientemente en el norte del país, en diversos colegios de Los Lagos han sucedido muy preocupantes episodios de violencia escolar durante el último tiempo.
Estas continuas agresiones locales reflejan con total claridad la transversalidad geográfica de un problema estructural que exige herramientas reales y financiamiento para garantizar que los recintos vuelvan a ser espacios de aprendizaje totalmente seguros.. La tragedia de Calama debiera motivar una discusión rápida de la Ley de Convivencia Escolar para afrontar un fenómeno que también se observa, con matices, localmente. E Editorial