Cemento y ripio intelectual: El desafío del capital humano en Aysén
Cemento y ripio intelectual: El desafío del capital humano en Aysén Eduardo Vera Wandersleben Abogado y Ex Administrador Regional Aysén La generosidad de la sobre madurez con experiencias tanto en el sector privado como público, me permite concluir que el desarrollo de Aysén ha sido uniforme desde el año 2000 en adelante. Ni derecha ni izquierda ha sorprendido con obras o programas estratégicos que sobrepasen el egocentrismo de los discursos y trasunten a lo concreto, efectivo y productivo. De esto que el testimonio coherente de la comunidad de La Junta respecto a defender el monumento al Expresidente Pinochet es del todo lógico, ético y correcto. La próxima visita del Presidente de la República a la Región de Aysén genera la expectativa habitual sobre anuncios de infraestructura: pavimentación de la Carretera Austral, nuevos centros de salud o conectividad digital. Sin embargo, para que estos adelantos no sean solo monumentos de ingeniería en medio del paisaje, debemos poner sobre la mesa el factor determinante: el desarrollo social a través de la formación de nuestra gente. La conectividad física es necesaria, pero insuficiente. De poco sirve contar con puertos modernos o tecnología de vanguardia si, al momento de operarlos, dependemos de capacidades técnicas que deben viajar desde el centro del país. El verdadero progreso se mide en la autonomía de sus habitantes, y es aquí donde la autocrítica es obligatoria. Lamentablemente, hemos sido testigos de cómo el proyecto de la Universidad de Aysén ha fallado en sintonizar con el territorio. En lugar de convertirse en el motor técnico que la región reclama, la institución ha operado con una desconexión preocupante respecto a las necesidades locales.
Se han priorizado formaciones que no encuentran eco en los desafíos de nuestra geografía, mientras áreas críticas como la logística patagónica, la gestión de zonas extremas, la ingeniería en conectividad y el mantenimiento especializado siguen desatendidas. El desarrollo social debe ser el empoderamiento de los aiseninos a través de una formación académica pertinente. Necesitamos que los jóvenes de nuestras comunas vean en las nuevas obras un campo profesional real.
Para ello, es urgente que la inversión pública no sea solo en "fierros", sino en una educación técnica de nivel superior que responda al Aysén real y no a modelos académicos de escritorio diseñados a miles de kilómetros. No basta con inaugurar un hospital si no formamos a los especialistas locales para gestionarlo; no basta con pavimentar rutas si el conocimiento técnico para mantenerlas es foráneo. Solo cuando la riqueza y el conocimiento se quedan en manos de profesionales regionales, logramos evitar la fuga de talentos y fortalecemos la economía local. En esta visita presidencial, el mensaje debe ser claro: los adelantos son bienvenidos, pero el objetivo final debe ser crear un ecosistema donde la infraestructura sea asistida y liderada por manos aiseninas.
Necesitamos un Estado que no solo construya puentes físicos, sino que repiense la educación regional para que este deje de ser un trámite administrativo y se convierta en la herramienta técnica que nuestra soberanía y desarrollo exigen. De nada sirve un quirófano sin cirujanos aiseninos y afuerinos que objetivamente explican porque no vienen, o no permanecen en Aysén. De nada sirven carreteras que no contemplan un aparcamiento y berma para auxilio, descanso y recreación. De nada sirve para Aysén una Universidad sin rigor que nos provea de profesionales con excelencia y que no sean más que buenos repetidores de nuestras deficiencias. Si nuestras nuevas autoridades repiten la tradición genética que impone al estado como único progenitor, seguiremos estancados y llorando nuestras penas.
La opción por la derecha, lo es por una oportunidad de desarrollo libre; y no así por una vitrina de cargos públicos que venda y revenda las mismas recetas y artilugios de izquierda, 'ahornados", de regulaciones y gobernanzas extremadas en una interpretación estatista a ultranza, con la pseudo argumentación de la probidad y transparencia. La idoneidad es un camino, una forma de vida y conducta y no un fin que justifica el medio paso y la improductividad. La "derechita cobarde" no es la que solo no sale a la calle a tirar y esquivar piedras y bombas. La derecha cobarde es la que sigue siendo y comportándose en confusión con la centroderecha. Hablando igual que esta.
La derecha en la que creo y por la que creo es este actual gobierno es la que difunde y defiende valores y los trasunta en obras de bien común; y que cuando hay que salir a la calle y abrir la boca, también ahí ha de estar. Para hacer más caminos y construir edificios para cualquier oficina o cosa pública, en general sobran y de uno y otro lado no lo hacen mal.. Opinión