Autor: Gonzalo Cowley
Columnas de Opinión: 23 Años, 23 hectáreas
Columnas de Opinión: 23 Años, 23 hectáreas E 1 2 de julio se cumplen 23 años desde que la Unesco inscribió el área histórica de Valparaíso en la Lista del Patrimonio Mundial. No fue un regalo.
Fue el resultado de un expediente que el Estado de Chile presentó con convicción, comprometiéndose a resguardar un polígono de 23 hectáreas y una zona de amortiguación de 44, en torno al barrio Puerto, el corazón fundacional de la ciudad.
Recién en 2023 comenzó a funcionar la Corporación Sitio Patrimonio Mundial, con un plan de 22 proyectos a diez años que buscan rehabilitar ese tejido urbano que sigue en pie pero que acumula décadas de deterioro silencioso.
Es un avance real, pero se necesita, además, una decisión detonante: una señal de largo plazo que convenza al capital privado para que invierta, y la inversión privada no llega a espacios abandonados de "economía soviética" como dijera alguna autoridad de la antigua Concertación en la zona. Decenas de servicios públicos operan desperdigados por Valparaíso y Viña del Mar, en inmuebles arrendados, sin ruta compartida, sin proyecto urbano. Concentrarlos en el sitio patrimonial no es nostalgia: es política urbana inteligente. Pero hay una forma de hacerlo que va más allá del traslado administrativo. Un decreto que establezca un plan gradual de relocalización de servicios al polígono patrimonial podría ser la palanca que mueva todo lo demás.
Inversionistas que adquieren a propietarios privados que hoy no tienen cómo mantener sus inmuebles; contratos asegurados con el Estado a través de sus ministerios contra inversión y rehabilitación; miles de funcionarios públicos que ocupan ese espacio urbano, desatan inversiones de terceros en servicios asociados.
Esa alianza es virtuosa en tres direcciones: el servicio público le hace un inmenso aporte a la ciudad, el privado recupera un activo que de otro modo seguirá hundiéndose, y el barrio recupera ocupación, que es exactamente lo que hoy le falta. El despoblamiento del sitio no es un fenómeno cultural. Es el resultado predecible de décadas sin señales económicas que justifiquen quedarse y que han favorecido las incivilidades. Pocas veces ocurre que las principales autoridades de Hacienda sean porteños. Es una coincidencia que puede dejar huella o pasar de largo. El sitio patrimonial de Valparaíso no necesita ajustes presupuestarios. Necesita que alguien decida. Autor: Gonzalo Cowley.