Columnas de Opinión: Patrimonio, entre memoria y futuro
Columnas de Opinión: Patrimonio, entre memoria y futuro María Gabriela Huidobro Salazar Doctora en Historia Decana Asociada EHE, Tecnológico de Monterrey Académica de la Universidad Andrés Bello ste domingo, mientras miles de personas recorren iglesias, palacios, museos y barrios en un nuevo Día del Patrimonio, Valparaíso -la región y la ciudadnos recuerda una verdad E incómoda: que el patrimonio no se conserva solo. Que no basta con admirarlo un fin de semana al año. Que la conservación de nuestra memoria material exige una tarea constante, colectiva y educativa. Que no resulta suficiente mantener una estructura, si a esta no se le valora ni se le da sentido. El tesoro patrimonial de nuestra región ha sido víctima histórica de terremotos, incendios e inundaciones, pero también del olvido. Basta caminar por Valparaíso para notar edificios dañados, ascensores abandonados o monumentos cubiertos con rayados y consignas. Viña también ha lidiado con sus propios problemas.
Muchos de los chalé y casonas que una vez definieron la identidad de sus barrios han sido reemplazados por edificios que, aunque funcionales, anulan ese antiguo sello, ofreciendo un paisaje homogéneo e insípido, disociado de la memoria arquitectónica de la ciudad. Pero, aunque todos lo noten, poco se ha hecho. El desafío patrimonial, después de todo, no se limita a la restauración física de edificios o a la promulgación de normativas. El verdadero problema es cultural: el patrimonio se pierde primero en la conciencia, antes que en las calles. Su primera desaparición ocurre cuando dejamos de notarlo. Difícilmente una comunidad protegerá bienes cuya historia desconoce. Cuando ignoramos la historia o el sentido de un edificio, una plaza, un ascensor o un barrio, estos dejan de ser parte de nuestra identidad y pasan a convertirse en objetos reemplazables.
Por eso, la defensa del patrimonio debe comenzar mucho antes de la restauración arquitectónica; en la educación, la difusión histórica y la formación de ciudadanos capaces de reconocer valor en las huellas materiales de su entorno. El Día del Patrimonio demuestra que cuando se abren oportunidades de aprender sobre el pasado, la gente se entusiasma. Las filas por entrar en un edificio antiguo, escuchar una charla o participar de un taller sugieren que, si la historia se presenta como experiencia viva, nuestro país responde con amplio interés. Desde esta perspectiva, las humanidades tienen mucho que aportar, sobre todo desde el desarrollo de lo que se conoce como humanidades digitales. Hoy existen herramientas que permiten acercar el patrimonio a nuevas generaciones mediante experiencias dinámicas e interactivas: recorridos virtuales, archivos digitales abiertos, cartografías históricas, reconstrucciones en tres dimensiones, aplicaciones educativas o museografías inmersivas. Todas estas tecnologías amplían las posibilidades de encuentro con la historia. En la región existen ejemplos alentadores. El Museo del Inmigrante de Valparaíso ha mostrado cómo es posible construir un espacio moderno, participativo y conectado con las historias humanas detrás de los objetos y documentos. Esa lógica podría replicarse en muchos otros lugares de la región, integrando tecnología, memoria y educación ciudadana. Ya sé lo que está pensando: se necesitan recursos. Pero también es importante pensar en estas iniciativas como proyectos colaborativos, que pueden vincularse al quehacer de instituciones educativas, empresas, fundaciones, juntas de vecinos, tesistas. El patrimonio no se reduce a una colección de edificios antiguos y conservarlo no consiste sólo en impedir que desaparezcan. Las ciudades también educan. Sus calles, edificios y monumentos transmiten formas de entender la historia, la convivencia y la identidad local. El patrimonio es la expresión visible de quienes fuimos, de cómo vivimos y de lo que queremos transmitir para las generaciones que vengan. Preservarlo consiste en lograr que siga teniendo un significado vivo.
Cuidarlo no es mirar al pasado con nostalgia, sino pensar en un futuro con identidad. 66 Hoy existen herramientas que permiten acercar el patrimonio a nuevas generaciones mediante experiencias dinámicas e interactivas: recorridos virtuales, archivos digitales abiertos, cartografías históricas, reconstrucciones en tres dimensiones, aplicaciones educativas o museografías inmersivas.. 66 Hoy existen herramientas que permiten acercar el patrimonio a nuevas generaciones mediante experiencias dinámicas e interactivas: recorridos virtuales, archivos digitales abiertos, cartografías históricas, reconstrucciones en tres dimensiones, aplicaciones educativas o museografías inmersivas.