Editorial: Miedo en las aulas
Editorial: Miedo en las aulas La educación chilena enfrenta una amenaza: la normalización de la violencia como forma de expresión. La reciente suspensión de clases en distintos establecimientos del país, sumada a ataques, amenazas de tiroteos y agresiones incluso en universidades, no son hechos aislados. Son señales del deterioro. El caso más dramático fue el registrado en Calama, donde murió una inspectora y otras dos personas resultaron graves tras ataques con arma blanca de un alumno. Pero en los últimos días, diversos colegios del país han debido cancelar sus actividades tras amenazas difundidas en redes sociales, algunas de ellas vinculadas a supuestos tiroteos o agresiones armadas. A ello se suman casos otros casos en nuestra región, donde establecimientos han suspendido clases por posibles atentados, y situaciones similares, estando obligados a evacuar y donde se debió iniciar investigacionespara identificar a los responsables. No se trata solo de hechos puntuales: es un patrón que comienza a repetirse con inquietante frecuencia. La respuesta no puede limitarse a medidas reactivas.
No basta con suspender clases, reforzar la presencia policial o iniciar acciones judiciales -aunque todas ellas sean necesarias -. Se requiere una estrategia integral que aborde tanto la seguridad como las causas de fondo: el deterioro de la salud mental, la falta de contención emocional, la desconfianza hacia las instituciones y la fragilidad de los espacios de diálogo. A esto se suma un factor cultural más amplio: la progresiva normalización de la violencia en el espacio público. Cuando el debate político y social tolera o incluso justifica la agresión como herramienta válida, ese mensaje permea inevitablemente hacia las nuevas generaciones. Chile no puede acostumbrarse a que el miedo dicte el funcionamiento de sus aulas. La violencia, en cualquiera de sus formas, debe ser condenada sin matices, sin justificaciones y sin relativismos. Y al mismo tiempo, debe ser comprendida en sus causas. No se trata solo de hechos puntuales: es un patrón que comienza a repetirse con inquietante frecuencia".. EDITORIAL No se trata solo de hechos puntuales: es un patrón que comienza a repetirse con inquietante frecuencia".