Autor: DR. PATRICIO MERINO BEAS Decano Facultad de Estudos Teológicos Universidad Católica de la Santísima Concepción
COLUMNAS DE OPINIÓN: El legado del Papa Francisco a la luz de su Pascua
COLUMNAS DE OPINIÓN: El legado del Papa Francisco a la luz de su Pascua Opinión El legado del Papa Francisco a la luz de su Pascua La Pascua del Papa Francisco marca un momento de profunda significación para la Iglesia y el mundo. No solo cierra un Pontificado de doce años, sino que también ilumina, desde la fe, el sentido último de una vida entregada al servicio del Evangelio.
En un tiempo que él mismo había proyectado como especialmente fecundo con el Jubileo "Peregrinos de la esperanza", los signos de unidad entre cristianos y la conmemoración del Concilio de Nicea; su partida introduce una pausa que invita a la contemplación y al discernimiento de su legado para la iglesia, pero también para la sociedad. Francisco fue, ante todo, un pastor que insistió en volver a lo esencial. Su pontificado estuvo marcado por la convicción de que en el centro de la vida cristiana está Jesucristo y su Evangelio, vividos desde la misericordia. Desde ahí, impulsó una Iglesia samaritana, cercana a las periferias existenciales y geográficas, atenta a los pobres, los migrantes, los enfermos y todos aquellos que experimentan la exclusión. Su voz, clara y persistente, llamó a construir una cultura del encuentro, a promover la fraternidad y a asumir el cuidado de la casa común como tarea compartida. Junto con este horizonte, promovió procesos de renovación significativos. La reforma de la Curia romana y el impulso a la sinodalidad expresan su deseo de una Iglesia más participativa, donde todos los bautizados se reconozcan corresponsables de la misión. En ese camino, abrió también espacios para reflexionar sobre el protagonismo de la mujer y la necesidad de seguir avanzando hacia una comunidad eclesial más inclusiva, donde, como él mismo insistía, caben todos. Sin embargo, su legado no puede comprenderse únicamente desde las transformaciones institucionales. Hay una dimensión más profunda que hoy, a la luz de su Pascua, adquiere un relieve particular.
En sus últimos años, marcados por la fragilidad, la enfermedad y el dolor, Francisco ofreció un testimonio elocuente de aquello que predicó: la esperanza no como ausencia de dificultad, sino como confianza radical en Dios incluso en medio de la oscuridad. "No se dejen robar la esperanza", repitió incansablemente. Hoy, esa exhortación resuena con una fuerza renovada. Su vida, especialmente en su etapa final, mostró que la fragilidad no es un obstáculo para el sentido, sino un espacio donde se revela lo esencial. La cercanía de la comunidad, la fuerza de la oración y la certeza de no estar solos se vuelven signos concretos de una esperanza que no defrauda. En un mundo que con frecuencia rehúye el límite y exalta la autosuficiencia, Francisco recordó que la condición humana está atravesada por la vulnerabilidad. Y que es precisamente desde ahí donde se hace posible el encuentro, la fraternidad y el amor gratuito. Su lema, "Miserando ataque eligiendo", sintetiza esta experiencia: un Dios que mira con amor, que llama y que sostiene, incluso en la debilidad. La Pascua del Papa Francisco no es solo el cierre de una etapa, sino también una invitación. A volver a lo fundamental, a redescubrir la esperanza como motor de la vida personal y comunitaria, y a asumir el desafío de construir una cultura del encuentro en medio de nuestras propias fragilidades. Su legado permanece no solo en sus palabras o en sus reformas, sino en el testimonio de una vida que, hasta el final, confió en que la esperanza tiene la última palabra. DR.
PATRICIO MERINO BEAS Decano Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc) La Pascua del Papa Francisco no es solo el cierre de una etapa, sino también una invitación a volver a lo fundamental, a redescubrir la esperanza como motor de la vida personal y comunitaria..