Las cumbres personales de EDURNE PASABAN
Las cumbres personales de EDURNE PASABAN Por fuera, Edurne Pasaban estaba destruida. Era cosa de sentirse los pies: aunque estaban cubiertos por botas técnicas de alta montaña, los dedos se habían congelado y ya no le obedecían. Unos días más tarde, de hecho, dos de ellos tendrían que ser amputados. Habían sido 15 horas dramáticas de escalada.
Un esfuerzo físico descomunal que, si bien le había permitido alcanzar su objetivo llegar finalmente hasta la cumbre del K2, considerada la montaña más peligrosa del mundo, y completar así el sexto ochomil de su carrera, ahora la tenía al borde del abismo. Corrían los últimos días de julio de 2004 y, por fuera, Edurne Pasaban, que entonces tenía 31 años, estaba destruida. Pero por dentro, otro dolor avanzaba lento, profundo, silencioso. Y sería peor en los siguientes meses, por más que ella estuviera en la cúspide y coronando nuevas cumbres de extrema dificultad, como el Nanga Parbat, que subió al año siguiente. De hecho, algún tiempo después de ese ascenso, Edurne Pasaban intentó quitarse la vida. “Caí en una depresión muy grande, por muchos motivos. En aquel momento estaba escalando, pero mis amigas tenían una vida completamente diferente a la mía, estaban teniendo hijos, pensando en formar una familia, lo normal que se le pide a una mujer... todavía hoy. Entonces me empecé a hacer preguntas, veía que no encajaba dentro de una sociedad que quizás pedía otras cosas.
Eso me mantuvo un año enteN A B A S A P E N R U D E O V I H C R A : S O T O F ro fuera del Himalaya, y en un siquiátrico durante cuatro meses”. Desde su casa en el valle de Arán, a los pies de los Pirineos, la montañista vasca Edurne Pasaban, que hoy tiene 52 años y un hijo de 9 que le hizo cambiar por completo su existencia, vuelve a hablar de uno de los momentos más oscuros de su vida, y lo hace sin temor ni vergüenza.
Ya alejada de los grandes desafíos del alpinismo, Edurne hoy viaja por el mundo no solo contando su historia como montañista de élite (es la primera mujer y la vigésimo primera persona en subir los 14 ochomiles del Himalaya, las montañas más altas del planeta, desafío que completó entre 2001y 2010) sino también hablando de salud mental y de cómo alguien, por más exitoso o reconocido que sea, igual puede sufrir problemas de depresión. Una enfermedad de la que antes se hablaba muy poco, pero que se reconoce como una de las temáticas más importantes de la sociedad actual.
Es la razón que la traerá por primera vez a Chile: Edurne Pasaban será una de las charlistas del congreso de la Fundación Lo Que De Verdad Importa, que este martes 12 de mayo reunirá a más de dos mil estudiantes de colegios públicos y privados en Espacio Riesco. El evento es gratuito, previa inscripción.
Creada en España y con presencia en Chile desde 2023, la fundación busca difundir valores humanos universales, incentivar a jóvenes a construir un mundo Las cumbres personales de EDURNE PASABAN mejor e inspirar a través de historias de vida extraordinarias. “Ahora se ha empezado a hablar algo de salud mental, de depresión, de suicidio, yo creo que igual en vuestro país, pero en 2006 nadie lo hacía.
Yo vengo a contar cómo una persona que aunque parezca desde fuera que tiene éxito porque es reconocida en su trabajo, o una deportista que logró vivir de lo que más le gusta, puede tener un momento en el que cae en el agujero más oscuro, y cómo se sale de allí”, dice Edurne. “Yo lo he enfrentado desde el reconocimiento, tanto propio como de mi entorno, de saber que tú eres vulnerable frente a estas situaciones. Ese conocimiento ha hecho que al día de hoy pueda vivir tranquila con un problema que puede reaparecer en cualquier momento, pero que sabré cómo gestionarlo. La clave para salir de allí, además de rodearte de muy buena gente, es pedir ayuda. Eso es de lo que voy a hablar. De cómo uno se cae, pero se vuelve a levantar”. La libertad Edurne Pasaban partió muy joven en el montañismo.
A los 15 años subió su primera gran montaña el Mont Blanc, que es la cumbre más alta de Europa y a los 18 ya estaba yendo de expedición a un continente lejano: viajó junto a un club a Ecuador para escalar el Chimborazo y el Cotopaxi.
Según cuenta, su afición por la montaña se explica por el lugar donde nació, Tolosa, pueblo en el País Vasco donde existe una gran tradición de alpinismo, pero también por el apoyo de sus padres que desde niña “la llevaron al monte”, como dice. “Yo nací debajo de una montaña aquí en los Pirineos y mis padres desde muy pequeña me enseñaron el amor por los cerros. Ellos son los grandes culpables de esto, y hoy me parece que fueron muy valientes en dejarme ir.
A veces les digo: ¿ Vosotros en qué estabais pensando?. Porque veo ahora a mi sobrina que tiene 15 años y digo: Pero si es una niña”. Según Edurne Pasaban, lo que más le atrajo de subir montañas fue la sensación de libertad. “En la montaña podía decidir por mí misma lo que quería hacer. Vengo de una familia, como muchos, en la que nuestros padres nos han querido dar lo mejor, pero eso muchas veces era hacer lo que querían tus padres.
La montaña me dio eso: hacer lo que más me gusta, que era el alpinismo, y poder vivir de eso”. Tras esas primeras cumbres, los siguientes pasos de Edurne Pasaban fueron esperables: ir cada vez por más. Si bien se tituló como ingeniera técnica industrial, siempre estuvo dedicada a subir montañas, su gran pasión. Y en ese camino, las altas cumbres del Himalaya según ella, el sueño de todo alpinista no tardaron en aparecer en su horizonte. En 1998, junto al club de montaña de su pueblo, Edurne viajó a Nepal para intentar su primer ochomil: el Dhaulagiri.
Si bien en esa oportunidad no logró la cumbre, pronto se dio cuenta de que más allá de la dificultad de escalar sobre ocho mil metros, tendría que enfrentar otro obstáculo: ser mujer en un mundo donde los hombres eran los protagonistas. “No era fácil irte a un campamento base de una montaña de ocho mil metros donde tú eras la única mujer allí”, recuerda Edurne, que por entonces tenía 24 años. “En este mundo todos tenemos que demostrar de qué somos capaces, pero en este caso yo tuve que demostrar un poco más. Recuerdo que en aquella primera expedición, la gente comentaba: ¿ Pero quién ha traído a esta chica aquí?. Y a mí no me había traído nadie, yo había ido porque quería. Como en muchos entornos, no solo en la montaña, las mujeres hemos tenido que ir cavando nuestro hueco y rompiendo esos techos de cristal.
Eso ha empezado a cambiar poco a poco y hoy los resultados están clarísimos en casi todo: las mujeres podemos hacerlo igual que los hombres”. Su propia historia lo confirma: el 23 de mayo de 2001Edurne Pasaban logró subir el Everest, el primer ochomil de su vida, y luego hizo lo mismo en el Makalu (2002), Cho Oyu (2002), Lhotse (2003), Gasherbrum II (2003), Gasherbrum I (2003), K2 (2004), Nanga Parbat (2005), Broad Peak (2007), Dhaulagiri (2008), Manaslu (2008), Kanchenjunga (2009), Annapurna (2010) y, finalmente, en el Shisha Pangma (2010). Tras nueve años de esfuerzo, disciplina y planificación, Edurne Pasaban se convirtió así en la primera mujer en subir las 14 montañas más altas del planeta.
El mayor proyecto de su vida hasta entonces, y el broche de oro de una carrera que luego sería reconocida con decenas de premios, como la Medalla de Oro al Mérito Deportivo de España en 2010 y el premio Aventurero del Año de National Geographic, entre otros. “La cumbre del Shisha Pangma la recuerdo con mucha satisfacción y alegría, por haber terminado los 14 ochomiles, pero sobre todo por concluir mi sueño”, dice Edurne.
“Pero también sentí un vacío muy grande, porque después de terminar una época de tu vida en que habías conseguido vivir del alpinismo, te empiezas a preguntar: ¿ Y ahora qué?”. En algún momento su logro estuvo en suspenso. Casi en forma paralela, la montañista surcoreana Oh Eun-sun estaba intentando el mismo récord femenino, pero finalmente una de sus cumbres la del Kanchenjunga fue desacreditada incluso por la federación de su país. “Yo no empecé a pensar en subir los 14 ochomiles sino hasta mi octava cumbre. Había ido sumando montañas de ocho mil metros de a poco, porque encontrar financiamiento y equipos no era fácil. Era un objetivo ambicioso, y había muy pocas mujeres que hacían esto”, cuenta Edurne y se refiere a la competencia que comenzó a generarse entre ellas.
“Había algunas chicas con posibilidades de terminar el desafío, como la austríaca Gerlinde Kaltenbrunner o la italiana Nives Meroi, pero al final empezó a entrar una chica coreana con una manera de escalar muy diferente a la nuestra, con presupuestos que nosotros nunca hubiéramos imaginado. Ahí comenzó quizás la competencia que podíamos tener nosotras con ella. Aunque contra la montaña no puedes competir, sí estuvimos en la carrera por los 14 ochomiles, una competencia que también fue creada por los medios.
Pero decir que no existía sería una mentira”. Una nueva vida Tras coronar su proyecto de los 14 ochomiles, Edurne Pasaban regresó al año siguiente al Himalaya, esta vez para intentar subir el Everest sin oxígeno suplementario.
Un intento frustrado que terminó en polémica: otro célebre montañista español, Juanito Oiarzabal, con quien había compartido múltiples ascensos, la criticó públicamente por haber atribuido ese fracaso a su rescate: en esa oportunidad, Oiarzabal, que buscaba llegar a la cima del vecino Lhotse, tuvo un colapso y debió ser rescatado. Algunos diarios informaron que Edurne Pasaban había participado en dicho operativo y que eso finalmente la había hecho desistir de la cumbre del Everest. Oiarzabal dijo entonces, con dureza, que Edurne jamás se había movido del campamento base. Su relación se quebró y recién vino a recomponerse hace unos años. “Estuvimos separados y enfadados, pero al final, cuando hay una gran amistad y quieres mucho a una persona, logras recomponer esa relación”, cuenta Edurne. “Escalé mucho con Juanito, él fue mi mentor, gracias a Dios somos adultos y hemos retomado esa amistad.
De hecho, he estado en la premiere del documental sobre su vida y hace cuatro días me mandó un mensaje sobre otro tema”. P e r o e l m a y o r cambio en la vida de E d u r n e Pa sa b a n ocurrió tiempo después, con el nacimiento de su hijo Max, que hoy tiene 9 años y por el momento no piensa en las grandes montañas, sino sobre todo en andar en bicicleta. Lo ha dicho en varias oportunidades: para ella, la maternidad ha sido la verdadera cumbre de su vida. “Ser madre me cambió un montón, sobre todo mi percepción del riesgo y el miedo”, dice.
“Antes, cuando me iba a una expedición, no pensaba en que podía no volver o esas cosas, pero ahora, con un hijo, cuando voy en un avión y hay una turbulencia empiezo a pedir a todos los santos que me ayuden, porque de verdad tengo miedo de faltar. Cuando eres madre comienzas a ver las cosas desde otra perspectiva”. Hoy, Edurne Pasaban dice no tener ningún interés en volver a un ochomil. Sí le gustan las carreras de bicicleta montaña, para las que dice entrenar incluso más de lo que hacía en su época de alpinista de élite.
También suele hacer trekkings (hace unas semanas caminó hasta el campamento base del Manaslu, como guía de un grupo de estudiantes de la IE University de España) y además continúa trabajando para su fundación Montañeros por el Himalaya (MHF), que busca dar educación a niños de Nepal. “Veo mi época de montañista con nostalgia, pero también como algo muy lejano. Han pasado 16 años. Siempre digo que es como si hubiese tenido dos vidas: aquella en la que debía hacer los 14 ochomiles, y esta otra ahora, la de la maternidad y la crianza”, dice Edurne. “Lo que pasa es que el himalayismo ahora lo miro de otra forma, porque ha cambiado mucho. Lo de los ochomiles se ha masificado un montón y todo se trata de expediciones comerciales. No tiene nada que ver con lo que hacíamos nosotros, así que no me llama la atención”. Edurne dice sentirse privilegiada de haber podido vivir una época que, asegura, ya no existe. “Antes nos juntábamos cuatro o cinco expediciones en un campamento base, teníamos sherpas algunas veces, pero repartíamos el trabajo y abríamos la ruta. Por ejemplo, en el Annapurna, que fue uno de mis últimos ochomiles, nosotros estuvimos solos el primer mes y fijamos 2.500 metros de cuerda. Ahora tú vas a una expedición y los sherpas han puesto las cuerdas. Tú pagas por eso, y la gente que tira de esa cuerda no sabe ni cómo se mete un tornillo de hielo, o cómo se fija esa cuerda. Para nosotros eso es inentendible.
Ir al Everest ahora y ver a esas 450 personas que creo que son las que este año tienen el permiso para escalar Yo les preguntaría: ¿ Y si os quedáis bloqueados en el campo 2, sois capaces de bajar por vuestra cuenta?. Es un desastre”. Para la primera mujer en subir los 14 ochomiles, los grandes desafíos ya no se encuentran en estas montañas, sino en otras. “El desafío está en las montañas que aún no han escalado. En el mismo Himalaya o en el Karakórum hay muchas cumbres de menos de 8.000 metros que son mucho más técnicas y difíciles. Son rutas que no se han abierto ni explorado, y creo que el alpinismo tendría que ir por ahí. Todavía quedan áreas de aventura.
Hay jóvenes aquí en España, y seguro les pasa a vuestros jóvenes, que quieren ir a otras montañas, pero seguramente no van a encontrar gente que los acompañe ni patrocinios para eso porque son montañas que no venden. Creo que hay que ir cambiando un poco ese paradigma”. Tras todas estas experiencias, Edurne Pasaban dice tener claro cuál es su propósito en la vida.
“Yo quiero ser un referente y dejar un legado a los jóvenes, que vean que las cosas que cuestan en la vida se pueden conseguir si uno quiere, y que de los momentos complicados se puede salir”, dice Edurne y entrega un consejo a las nuevas generaciones de montañistas, especialmente a las mujeres. “Les diría que se rodeen de muy buena gente, de gente que sabe y que les enseñe. El conocimiento es súper importante, porque la montaña es un sitio complicado. Y que no hagan nada para demostrarle a nadie, sino que lo hagan para ellas y ellos mismos.
El montañismo es para disfrutar de la naturaleza, no para demostrar lo que soy capaz de hacer”. D Es la primera mujer en subir los 14 ochomiles del Himalaya y tiene una carrera llena de reconocimientos, pero una depresión casi la llevó a terminar con su vida.
A días de aterrizar en Santiago, donde dará una charla sobre estas experiencias, la montañista vasca Edurne Pasaban habla en exclusiva con Domingo y asegura: “La clave para salir de allí, además de rodearte de muy buena gente, es pedir ayuda. Uno se cae, pero se vuelve a levantar”. POR Sebastián Montalva Wainer. SUS OCHOMILES MÁS SIGNIFICATIVOS 1. Everest, 2001. “Lo pongo en primer lugar porque fue mi primer ochomil, es el más alto, y porque hacerlo fue increíble”. 2. K2,2004. “Es el más difícil y creo que hay un antes y un después en mi vida profesional. En el K2 cogí una confianza en mí misma, la de poder enfrentarte a una montaña tan complicada. Eso fue bastante importante”. 3. Broad Peak, 2007. “Fui después de la depresión que tuve en 2006. Así que el Broad Peak fue la vuelta, fue ver de nuevo la cara bonita de la montaña. Una expedición preciosa que me permitió darme cuenta de que aquello era lo que quería hacer”. 4. Kanchenjunga, 2009. “No solo por lo que sufrí (tuvo una caída en el descenso), sino por la importancia de tener buenos amigos y una buena cordada cuando vas al Himalaya”. 5. Shisha Pangma, 2010. “Siempre se ha considerado una de las montañas más fáciles porque es la más baja y accesible, pero fue la última que subí y la que más intentos me costó: cinco.
Muchas veces tendemos a menospreciar las cosas porque son más fáciles o más pequeñas, pero no es así”.. Es la primera mujer en subir los 14 ochomiles del Himalaya y tiene una carrera llena de reconocimientos, pero una depresión casi la llevó a terminar con su vida.
A días de aterrizar en Santiago, donde dará una charla sobre estas experiencias, la montañista vasca Edurne Pasaban habla en exclusiva con Domingo y asegura: “La clave para salir de allí, además de rodearte de muy buena gente, es pedir ayuda. Uno se cae, pero se vuelve a levantar”. POR Sebastián Montalva Wainer. SUS OCHOMILES MÁS SIGNIFICATIVOS 1. Everest, 2001. “Lo pongo en primer lugar porque fue mi primer ochomil, es el más alto, y porque hacerlo fue increíble”. 2. K2,2004. “Es el más difícil y creo que hay un antes y un después en mi vida profesional. En el K2 cogí una confianza en mí misma, la de poder enfrentarte a una montaña tan complicada. Eso fue bastante importante”. 3. Broad Peak, 2007. “Fui después de la depresión que tuve en 2006. Así que el Broad Peak fue la vuelta, fue ver de nuevo la cara bonita de la montaña. Una expedición preciosa que me permitió darme cuenta de que aquello era lo que quería hacer”. 4. Kanchenjunga, 2009. “No solo por lo que sufrí (tuvo una caída en el descenso), sino por la importancia de tener buenos amigos y una buena cordada cuando vas al Himalaya”. 5. Shisha Pangma, 2010. “Siempre se ha considerado una de las montañas más fáciles porque es la más baja y accesible, pero fue la última que subí y la que más intentos me costó: cinco. Muchas veces tendemos a menospreciar las cosas porque son más fáciles o más pequeñas, pero no es así”. ETAPA. Hoy está dedicada a dar charlas motivacionales y a la crianza de su hijo. En esta foto, en la cima del Makalu, 2002. CAMBIO. En la cima del Nanga Parbat (2005). Tras este durísimo ascenso, el mundo de Edurne se vino abajo. MOMENTO. En la cúspide de su carrera, Edurne Pasaban cayó en un abismo interior que la llevó a internarse en un hospital siquiátrico. EN CHILE. Edurne Pasaban estará este martes 12 de mayo en Espacio Riesco como parte de un congreso organizado por la Fundación Lo Que De Verdad Importa. El evento es gratuito, previa inscripción. Aquí, el campo base del Shisha Pangma y coronando la cima del K2. EN CHILE. Edurne Pasaban estará este martes 12 de mayo en Espacio Riesco como parte de un congreso organizado por la Fundación Lo Que De Verdad Importa. El evento es gratuito, previa inscripción. Aquí, el campo base del Shisha Pangma y coronando la cima del K2. PELIGRO. En el K2, Edurne Pasaban sufrió congelaciones en sus pies: tuvieron que amputarle dos dedos. DESINTERÉS. “Subir un ochomil ya no me llama la atención. El himalayismo ha cambiado mucho”, dice. PREJUICIO. “No era fácil irte a un campamento base donde tú eras la única mujer allí”, recuerda. DESAFÍO. Edurne logró subir los 14 ochomiles en 9 años, entre 2001 y 2010. EN CHILE. Edurne Pasaban estará este martes 12 de mayo en Espacio Riesco como parte de un congreso organizado por la Fundación Lo Que De Verdad Importa. El evento es gratuito, previa inscripción. Aquí, el campo base del Shisha Pangma y coronando la cima del K2. Las cumbres personales de EDURNE PASABAN.