Autor: Benjamín García Espacio Público
Columnas de Opinión: El derrumbe de la pirámide
Columnas de Opinión: El derrumbe de la pirámide C® uando en el colegio nos enseñaron la "pirámide poblacional", la idea era gráficamente evidente: la población de Chile se asemejaba a un triángulo con una base amplia (población joven) que se estrechaba progresivamente hacia una cima estrecha (población anciana). Sin embargo, los acelerados cambios demográficos que hemos experimentado han hecho que esa imagen sea bastante menos evidente para los nuevos estudiantes. Las estimaciones y proyecciones poblacionales recientemente publicadas por el INE muestran una transformación impactante. Aunque este año la población de Chile seguirá creciendo hasta alcanzar unas 20.150.000 personas, se proyecta que ya en 2028 el número de defunciones superará al de nacimientos. Como consecuencia, desde el 2036 empezará un descenso progresivo de la población, hasta llegar a unos 17 millones en el 2070. Asimismo, la composición generacional de nuestro país cambiará drásticamente. Mientras la población joven descenderá de un 16,3% en 2026 a un 8,4% en 2050, la tercera edad crecerá desde un 21% a un 36,5% en el mismo periodo. Esta tendencia sólo se profundizará: hacia 2070, se estima que la población en edad de trabajar será menor que la de 1992.
Las razones que explican lo anterior son el acelerado descenso de la tasa de fecundidad (una de las más bajas del mundo con 0,97 hijos por mujer el 2025) y el sostenido aumento de la esperanza de vida (a excepción de los años de la pandemia, cuya recuperación ha sido lenta). A ello se suma un saldo migratorio que se reduciría progresivamente.
Tal como advirtió la mesa convocada por el Centro de Políticas Públicas UC, el CEP y Espacio Público, la baja natalidad no es una contingencia pasajera, sino que una nueva realidad enraizada en profundas causas sociales, económicas y culturales. Aunque las proyecciones deben ser constantemente actualizadas, es prudente moderar las expectativas sobre los potenciales efectos que distintas medidas de política pública -por muy deseables que seanpuedan tener en el aumento de la natalidad. Más bien, deberíamos apuntar a crear las condiciones sociales que permitan a las personas desplegar con libertad sus proyectos familiares, respetando su autonomía reproductiva. Al mismo tiempo, es imperativo avanzar en nuestra adaptación a la nueva demografía, cuyas consecuencias en ámbitos como la salud, educación, seguridad social y economía serán gigantescas. Por su propia naturaleza, enfrentar el cambio demográfico requiere de una mirada de largo plazo. El Gobierno entrante, que ha subrayado la importancia de esta misión, tiene una gran oportunidad para sumar voluntades y abordar el desafío con una mirada de país.
Esperemos que el lamentable desenlace del proyecto de sala cuna universal -y el amplio cuestionamiento que ha suscitado en la sociedad civil su falta de avancesirvan como advertencia de lo que debemos evitar. "La baja natalidad no es una contingencia pasajera, sino que una nueva realidad enraizada en profundas causas sociales, económicas y culturales". Autor: Benjamín García Espacio Público. "La baja natalidad no es una contingencia pasajera, sino que una nueva realidad enraizada en profundas causas sociales, económicas y culturales".