La ingeniera que fundó la Escuelita Chepuja
La ingeniera que fundó la Escuelita Chepuja s ingeniera civil industrial y fundadora de la Escuelita Chepuja, un proyecto comunitario y voluntario que desE de hace seis años acompaña a niños, niñas y adolescentes que viven en campamentos de Antofagasta para que puedan integrarse exitosamente al sistema escolar.
Francisca Navarro Mercado a través de esta iniciativa, logró un resultado que refleja el impacto del trabajo territorial: deserción y repitencia cero entre los estudiantes que participan del proyecto, además de cuatro jóvenes que hoy cursan estudios en la educación superior. La Escuelita Chepuja nace desde una necesidad concreta observada en el territorio.
Navarro recuerda que todo comenzó cuando un niño de siete años le expresó un deseo simple, pero profundamente revelador: "Yo solo quiero aprender a escribir mi nombre". Esa frase evidenciaba que muchos niños estaban quedando fuera del sistema educativo. Desde entonces, el proyecto acompaña a estudiantes entre 6 a 17 años en contextos complejos, logrando que todos los participantes sigan o regresen a la escuela.
Para Francisca Navarro, liderar desde el norte implica comprender las contradicciones propias de un territorio que genera gran riqueza para el país, pero que aún enfrenta importantes brechas sociales. "Antofagasta es una de las regiones que más riqueza produce gracias a la minería, pero al mismo tiempo presenta los indicadores educativos más bajos del país. No basta con que una región produzca riqueza, lo imporFrancisca Navarro tante es que esa riqueza también se traduzca en oportunidades reales para quienes viven aquí”, señala. Su propia trayectoria académica también está marcada por esa preocupación. Estudió en el Colegio San José y posteriormente cursó su formación de pregrado y postgrado en la Universidad Católica del Norte.
Proveniente de una familia donde es la tercera generación de ingenieros -su abuelo fue ingeniero electrónico y estudiaba utilizando regla de cálculo-, Navarro reconoce que su principal desafío fue transformar esos privilegios en un aporte social concreto. "La pregunta permanente es cómo esos privilegios se convierten en oportunidades reales para las niñas y jóvenes de la Escuelita Chepuja y, al mismo tiempo, en un modelo regional que contribuya a mejorar la calidad de vida de las personas", explica. Parte de esa búsqueda también se refleja en su investigación de magíster, donde analizó el sistema de alerta temprana del Ministerio de Educación para identificar riesgos de abandono escolar. Su estudio demostró que incluso modelos estadísticos simples permiten anticipar qué estudiantes podrían abandonar el sistema educativo. "Hoy sabemos que la deserción escolar se puede anticipar utilizando datos. El desafio ya no es entender el problema, sino avanzar hacia la deserción escolar cero", plantea. A su juicio, uno de los cambios más urgentes para avanzar en mayor equidad en la región es reconocer que muchas desigualdades tienen un componente territorial..