EDITORIAL: Catástrofes que enseñan, pero no siempre aprendemos
EDITORIAL: Catástrofes que enseñan, pero no siempre aprendemos Edtor Catástrofes que enseñan, pero no siempre aprendemos Prensa En pocos días se conmemora un nuevo aniversario del terremoto del 27 de febrero de 2010, una fecha que marcó profundamente la memoria del país.
Yjusto cuando ese recuerdo vuelve a instalarse, Chile enf renta una nueva y compleja situación de emergencia: a los incendios forestales que afectan a distintas zonas, se suman las inusuales y fuertes lluvias de los últimos días, fenómenos que, aunque distintos, vuelven a recordarnos nuestra fragilidad frente a la naturaleza. La pregunta es inevitable: ¿ hemos aprendido realmente las lecciones que dejan estas catástrofes? ¿ Lo hemos hecho como sociedad, como familias y como individuos? Algo, sin duda, se ha avanzado. Tras el 27F entendimos, por ejemplo, ejemplo, que las llamadas telefónicas colapsan en momentos críticos, y que los mensajes de texto suelen ser una vía más eficaz para comunicarnos con nuestros seres queridos. También asumimos, con mayor realismo, que vivimos en un país sísmico, donde los terremotos no son una excepción, sino parte de nuestra historia y de nuestra geografía. Se suele decir que una persona que vive en Chile experimentará al menos tres grandes sismos a lo largo de su vida. Esa sola afirmación debiera bastar para mantenernos siempre preparados. Sin embargo, junto a esos aprendizajes, también se percibe una peligrosa relajación. Muchas familias no cuentan con un plan claro para enfrentar emergencias que ocurran en horario laboral o escolar. La llamada mochila de emergencia sigue siendo más una recomendación que una práctica habitual. Pocas veces revisamos si las linternas funcionan, si las radios tienen pilas o si sabemos realmente dónde reunirnos en caso de evacuación. A ello se suma otro factor preocupante.
Si bien las condiciones climáticas han sido extremas con altas temperaturas, sequedad y viento que favorecen la propagación del fuego, y ahora lluvias intensas que generan anegamientos y riesgos asociados, resulta resulta evidente que las campañas preventivas no siempre logran la constancia y la fuerza necesarias. La prevención no puede ser esporádica ni depender solo de la contingencia: debe ser una tarea permanente, insistente y cercana a la comunidad. Este año comunicacionalmente hablando prácticamente no hubo campañas campañas preventivas de incendios forestales. Es justo reconocer que el combate de los incendios forestales ha mejorado respecto de años pasados. La estrategia de ataque rápido, rápido, los mayores recursos, y el mejor equipamiento de Bomberos y Conaf marcan una diferencia importante en comparación con lo ocurrido, por ejemplo, en 2017. El Estado también cuenta hoy con mejores herramientas de coordinación y comunicación. Pero la pregunta sigue vigente: ¿ es suficiente? La experiencia indica que no podemos confiarnos. En Chile volverán volverán a ocurrir incendios, lluvias extremas y, tarde o temprano, otro gran terremoto. Esa no es una posibilidad remota, sino una certeza. Por eso, más que confiar solo en la respuesta institucional, es fundamental fortalecer la cultura de la prevención en cada hogar. Las catástrofes siempre dejan dolor, pero también lecciones. Lo verdaderamente grave es olvidarlas con el paso de los años y permitir que la costumbre o la distancia temporal nos hagan bajar la guardia. Porque en un país como el nuestro, la memoria no es solo un ejercicio histórico: también es una herramienta que salva vidas. LUIS FERNANDO GONZÁLEZ V SUB DIRECTOR.