Sobre los orígenes de la villa de Los Ángeles
Sobre los orígenes de la villa de Los Ángeles Los orígenes de la villa de Los Ángeles son descritos como particularmente difíciles. Nadie quería irse a vivir al naciente emplazamiento urbano, pese a los generosos incentivos en tierras para sus habitantes. Incluso, se arriesgaban a duras multas en dinero quienes no cumplieran con la orden real.
Porque estaba la decisión con carácter de urgente de la autoridad para marcar presencia en el territorio conocido como Isla de la Laja, esa zona situada entre los ríos Laja y Biobío, caracterizado por sus extensos arenales y suelos aptos para algunos cultivos y ganadería. Es que la fundación de Los Ángeles respondió, primero que nada, a una necesidad estratégica. Su principal impulsor fue el obispo Salvador Bermúdez y Becerra, un clérigo de origen colombiano que, durante una visita pastoral entre 1735 y 1736, reconoció el valor espiritual y estratégico de la zona. No solo concibió la idea, sino que con sus propios recursos, inició la construcción de la primera parroquia, San Miguel 6. = 6 C EDICIÓN ESPECIAL Camino al Tricentenario LOS ÁNGELES 2. BIBLIOTECA AMERICANA "VOSÈ TORIBIO MEDINA" Arcángel, el primer edificio de destacando "sus experiencias incremento de las relaciones la futura ciudad.
Fue durante el Parlamento de Tapihue en 1738, después de uno de los tantos alzamientos indígenas, que el obispo presentó formalmente la propuesta al Gobernador José Antonio Manso de Velasco para crear una villa en aquel estratégico lugar. Manso de Velasco, un militar que respondía a la premisa de asegurar la soberanía española, acogió la iniciativa de inmediato. La motivación oficial quedó plasmada en cl acta de fundación, firmada por el gobernador en Concepción cl 27 de marzo de 1739.
En ella, se justificaba la nueva población por la "utilidad general y buena administración de justicia" en la Isla de la Laja, buscando el "arraigo y alimentación" de la frontera, con la esperanza de que "no solo sea permanente, sino que vaya en aumento". Con la orden emitida, la responsabilidad de la planificación urbana recayó en un experimentado hombre de la frontera: el sargento mayor Pedro de Córdova y Figueroa.
Manso de Velasco confió en él plenamente, y pleno conocimiento y acertado juicio para semejantes y aún mayores obras". Córdova y Figueroa, junto a sus alarifes (expertos trazadores), fue investido con plenos poderes para "hacer la delineación de dicho pueblo con la regular traza acostumbrada de Plaza, calles y lo demás competente". Así, siguiendo el modelo urbano español de damero, comenzó a trazar el plano de Los Ángeles.
De acuerdo a sus propios registros, comenzó a fines de mayo de 1739 (de ahí que se haya tomado el dato para la fecha de fundación), fijando el corazón de la nueva villa entre los esteros Quilque y Paillihue. La Isla de la Laja, un triángulo de tierra fértil, estaba definida por tres límites naturales: el río Laja al norte, el río Biobío al sur y la Cordillera de los Andes al oriente. Este territorio, antiguamente habitado por los indígenas coyunche ("gente de las arenas"), era el punto de encuentro y fricción de dos mundos. Por su posición, Los Ángeles se convirtió de inmediato en una avanzada militar y un baluarte religioso, una llave que controlaba el paso entre el norte y el sur. Situada en la denominada "Frontera del Biobío", la villa no solo se asomaba a la Araucanía independiente, sino que ahí la coexistencia hispano-mapuche era la norma, aunque con altibajos. El siglo XVIII vivió un entre ambas comunidades, que iban desde el trueque comercial hasta el mestizaje. Los Ángeles se consolidó como un centro de transacción con los indígenas, creando una dinámica de convivencia basada en intereses comunes. Sin embargo, la sombra de la guerra siempre estuvo presente, y la villa fue dotada de fuertes para proteger los vados del río y evitar el paso no autorizado de grupos hostiles. La frontera era un espacio de negociación y conflicto, y Los Ángeles era su principal protagonista. Pese a su estratégica ubicación, los primeros años de la villa fueron extremadamente duros. El acta fundacional plasmó la esperanza en un territorio "fértil y abundante", pero la realidad fue muy distinta. Lejos de la prosperidad, la historia señala que, durante décadas, la ciudad se debatió entre la pobreza y el abandono. Las crónicas describen un asentamiento marcado por el aislamiento, donde la agricultura y el comercio, aunque promisorios, no lograban despegar, condenando a sus primeros pobladores a una vida de duro esfuerzo y escasos recursos.
La fundación de Los Ángeles fue un acto de fe que bien pudo terminar en nada, pero que se aferró a su estratégico emplazamiento y a la tenacidad de sus fundadores para forjar una identidad en el corazón de la "frontera".. BIBLIOTECA NACIONAL