Apuntes de marzo
Apuntes de marzo CRÓNICAS DE CIUDAD n Chile el año parece comenzar realmente en marzo. Así como existe el año nuevo chino a fines de enero, quizás los chilenos deberíamos celebrar E el año nuevo nacional cada primero de marzo.
No es casual que cada verano aparezcan memes y campañas publicitarias anunciando que "se viene marzo", recordándonos que el tercer mes del año marca el verdadero inicio de la vida escolar, laboral y política del país. Quienes ya hemos cruzado el ecuador de la vida recordamos, además, que un 3 de marzo de 1985 un gran terremoto sacudió la zona central. Marzo siempre ha tenido algo de sacudida colectiva: es el mes en que todo vuelve a ponerse en movimiento. Este marzo de 2026 no ha sido la excepción. No sólo ha sido excepcionalmente caluroso, sino también especialmente movido, tanto para Chile como para el mundo. Para nuestro país, marzo marca el inicio de un nuevo ciclo político. Tras elecciones que, como siempre, se desarrollaron de manera impecable, un nuevo gobierno deberá conducir los destinos de esta larga y angosta faja de tierra durante los próximos cuatro años. Atendida mi experiencia en el sector público y habiendo interactuado con tres presidentes Bachelet, Piñera y Boricpuedo decir, como testigo privilegiado, que gobernar es muy, muy difícil. Dirigir un país implica hacerse cargo de una cantidad prácticamente infinita de problemas. Gobernar consiste, en buena medida, en priorizar. Es imposible atender todas las demandas al mismo tiempo. Siempre habrá necesidades que se atienden primero y otras que deben esperar. Esa inevitable selección genera frustración y desencanto, pero forma parte esencial de la actividad política. Algo similar ocurre en el mundo académico. La llegada de marzo trae también el inicio del año escolar en todos los niveles, incluyendo la educación superior. Es allí donde se juega no sólo el destino de los proyectos de vida de niños y jóvenes, sino también el futuro del país. Al respecto, hay dos fenómenos que últimamente me han llamado la atención. El primero es la caída de la natalidad. Este fenómeno ya comienza a sentirse en los primeros niveles de la educación escolar. No tengo estadísticas a la vista, pero conozco casos de establecimientos que han debido cerrar cursos de kínder o fusionar niveles de enseñanza básica por falta de matrícula. En Chile cada vez nacen menos niños.
Las causas son múltiples y seguramente requieren respuestas complejas desde la política pública, pero el fenómeno refleja también cambios profundos en las expectativas de vida y en la forma en que las nuevas generaciones conciben su proyecto vital. El segundo fenómeno es la irrupción de la inteligencia artificial. Lejos de ser una moda pasajera, esta tecnología probablemente transformará la mayor parte de nuestras actividades, incluida la educación. Quienes trabajamos en ella sea en la enseñanza escolar o universitaria debemos aprender a convivir con estas herramientas y utilizarlas como aliadas. Tengo la esperanza, quizá ingenua, de que ninguna tecnología podrá sustituir completamente el valor de una buena clase presencial, en la que un profesor transmite no sólo conocimientos, sino también experiencia y valores. Pero marzo no sólo nos enfrenta a nuestros propios desafíos internos. También nos recuerda que vivimos en un mundo interconectado. Este año el mes comenzó con una guerra en Medio Oriente. Un conflicto que ocurre a miles de kilómetros de distancia, pero que impacta directamente en la economía chilena. Sus efectos ya comienzan a reflejarse en el precio de los combustibles y, como suele decirse, cuando sube la bencina, sube todo. Las guerras son tragedias humanas y recordatorios JORGE BERMÚDEZ SOTO, EX CONTRALOR GENERAL DE LA REPÚBLICA brutales de que nuestras diferencias deberían resolverse siempre de manera civilizada. Pero también nos muestran algo más: muchas de las decisiones que afectan nuestra vida cotidiana no se toman en La Moneda ni en ninguna oficina del Estado chileno. Dependen de procesos globales que escapan al control de cualquier gobierno. Cada marzo comienza en Chile con una renovada expectativa de que las cosas mejoren. Y es bueno que así sea. Pero conviene recordar que gobernar un país también significa navegar en un mundo incierto, donde no todo depende de quien esté sentado en el Palacio de La Moneda. Marzo llegó con todo. Ánimo: ¡ al menos ya viene el 18 !. @ Para nuestro país, marzo marca el inicio de un nuevo ciclo político.
Tras elecciones que, como siempre, se desarrollaron de manera impecable, un nuevo gobierno deberá conducir los destinos de esta larga y angosta faja de tierra durante los próximos cuatro años.. Para nuestro país, marzo marca el inicio de un nuevo ciclo político. Tras elecciones que, como siempre, se desarrollaron de manera impecable, un nuevo gobierno deberá conducir los destinos de esta larga y angosta faja de tierra durante los próximos cuatro años.