Autor: DANIEL SWINBURN
El modernismo espiritual de Inés Echeverría, Iris
El modernismo espiritual de Inés Echeverría, Iris L a figura de Inés Echeverría Bello, Iris, ocupa un lugar relevante en el mundo literario chileno de la primera mitad del siglo XX.
Junto a otras autoras contempor á n e a s, p e r t e n e c i ó a l a p r i m e r a generación de mujeres que cultivaron la narrativa como una vocación con cierta exclusividad.
De origen social aristocrático y proveniente de un mundo de privilegios, pero sobre todo de encierros y de clausuras propias de la vida doméstica asignada a su género, Iris se rebeló desde muy temprano a esta condición de las mujeres de su ámbito y recurrió a la escritura como vía de liberación y de búsqueda de una nueva identidad femenina que satisficiera su espír i t u i n q u i e t o.
L a s e n s i b i l i d a d modernista de Iris y su visión crítica de las costumbres sociales de su época, estuvo determinada claramente por su vida cosmopolita gracias a sus innumerables viajes a Europa donde vivió y observó otra realidad cultural.
De hecho, algunos de sus primeros experimentos narrativos los escribió en francés, cómo la novela “Entre dos mundos”, que publicó en 1914 y que ahora es traducida al castellano por primera vez por La Pollera Ediciones.
La edición de este libro estuvo a cargo de Macarena Urzúa, académica e investigadora del Depart a m e n t o d e L i n güística y Literatur a d e l a U s a c h, quien nos recuerda que la novela había sido firmada por Inés Bello, publicada en Francia, y era, según sus palabras, “un ensayo” de lo que quería escribir p o s t e r i o r m e n t e. Sin embargo y para e v i t a r c u a l q u i e r problema de catalogación, se decidió dejarlo con la autoría de Inés Echeverría Bello. Su obra es extensa y abarca la novela, el ensayo y el periodismo.
Entre sus libros más destacados están “Hacia el Oriente” (1905), “Tierra Virgen” (1910), “Perfiles vagos” (1910), “Por él” (1934), y el ciclo de novelas Alborada, publicadas entre 1930-1946, donde aborda gran parte de sucesos de la historia de Chile. “Entre dos mundos” es una novela protagonizada por Iseult y Manfreddi, una pareja que se conoce en un tren camino a Roma. Ambos se sienten inmediatamente atraídos, pero mientras él se enamora con la fuerza la juventud, ella se encuentra en una búsqueda espiritual que la llama desde un plano más alto. Sus paseos por galerías y plazas, ruinas y templos de la ciudad eterna realzan las reflexiones en torno a lo que piensan y sienten.
“Espiritualismo de vanguardia” Se ha definido a Iris como una escritora que seguía una estética de “espiritualismo de vanguardia”. Macarena Urzúa comenta que dicha definición fue acuñada por el crítico Bernardo Subercaseaux a partir de la expresión que usa Iris, “espíritus de vanguardia”, para saludar a sus hermanas anónimas de todo el país que siente en solidaridad espiritual y humana.
“Subercaseaux acuña la terminología de espiritualismo de vanguardia”, dice Urzúa, para referirse a un grupo de mujeres e intelectuales en el contexto en que Inés Echeverría emerge como una voz pública, a medida que su carrera como escritora y cronista de La Nación irá adquiriendo mayor relevancia, junto con su nombre y su autoría.
Este “espiritualismo de vanguardia” conformó una tradición subterránea de mujeres excéntricas, de escritoras y artistas, con inquietudes que combinaron los derechos de las mujeres y la preocupación por el espíritu, así como otros conocimientos ocultistas y esotéricos, cuya presencia tendrá eco en generaciones de escritoras posteriores.
Esta comunidad de mujeres artistas que practican el espiritismo y luego estudian otras gnosis, como la teosofía en el caso de Iris, transcurre en el contexto de la secularización en Chile, dada por el cambio de siglo posrevolución de Balmaceda y con la ascensión de Alessandri, cuya nueva Constitución de 1925 establecía la separación de Iglesia y Estado.
Sin embargo, acota Urzúa, a diferencia de Subercaseaux, “prefiero hablar de mujeres extraordinarias en lugar de excéntricas, ya que estas, como las hermanas Morla, María Tupper, Marta Brunet e incluso Gabriela Mistral, que pertenecieron al círculo de Iris, lo fueron y sus huellas reverberan hasta el día de hoy”. Se ha dicho que su estilo se diferenciaría de la estética modernista de su época, porque se aleja del hedonismo y el placer, mientras que su espiritualismo solo cree en la eficacia del dolor. ¿Cuál es su opinión? ¿ Se trasunta ello en esta novela? “Iris fue lectora de Bergson, de Maeterlinck, de Nietzsche, así como también de la teosofía de Blavatsky y Annie Besant.
Ahora, en cuanto a su estilo, así es, se diferencia de un estilo modernista, y en su escritura confluye una combinación que configura una estética única y original, que se abre paso entre lo espiritual y la vanguardia. Esta narrativa toma ciertos rasgos del modernismo, en cuanto a buscar temáticas e imaginarios en lecturas ocultistas y esotéricas, las que se ven influenciadas a su vez por lecturas filosóficas, así como de narrativa francesa.
Esto se observa en cuentos como “Tête de linotte”, en el volumen de cuentos “La hora de queda” (1918), o también se percibe una terminología teosófica al incorporar conceptos como el “karma” o el “nirvana”, por ejemplo, en “Tierra virgen” (diario de viaje al Lago Ranco, de 1910). Sobre todo, en Iris se halla presente el imaginario de lo europeo, lo cosmopolita, como se observa en esta novela de “ensayo” “Entre dos mundos”, que fue escrita “para pasar mi examen de escritora”, como le dijera a Amanda Labarca en 1915”. “Diría que Iris crea su propio estilo literario (el cual no fue muy leído en su época, y de hecho es escasamente nombrada en las antiguas historias de la literatura chilena), el que irá decantando en una frescura, ironía y lucidez, como se verá en su ficción, pero también en sus columnas de La Nación desde 1917 en adelante (así como también en otros medios de prensa y publicaciones periódicas). El ejercicio crítico es para Iris también una porción de su lectura de lo espiritual, una práctica en la que entran las artes y la literatura, y la percepción de la espiritualidad del arte, el cual debe tener alma, para ser transmitida.
Así se ve cuando habla, por ejemplo, del arte de la bailarina Anna Pavlova en una de sus columnas de La Nación, Un arte espiritual, o cuando escribe sobre Casa de muñecas, de Ibsen, en diversos medios de la época, opiniones que le valen ciertas críticas al decir que comprende por qué Nora busca su independencia del hogar, confirmando que Ibsen sí comprende el alma y la problemática de las mujeres y la vida doméstica”. Urzúa sostiene que en la novela “Entre dos mundos”, Iris alimenta su propio estilo narrativo, en donde cada escrito está compuesto de capas, de historia, de diálogos, de espiritualidad, con el fin de ensayar una forma propia, haciendo de cada texto un laboratorio de su escritura.
El feminismo de Iris En un texto de sus memorias, tras volver de Europa, Iris describe a sus contemporáneas chilenas con particular dureza: “Están recluidas de toda actividad que no sea tener hijos y manejar la casa.
Nada se les consulta, no tienen responsabilidad; sus opiniones no cuentan, las más avanzadas leen algunas novelitas sosas y tejen botincitos de guagua; las restantes se reúnen a chismear para escandalizarse, murmurar, bostezar y prepararse a bien morir, ignorando que viven muy mal porque malgastan todos los dones divinos. Las mujeres no tienen en su cabeza ninguna idea general, ni más mundo que su patio, ni otra actividad que dirigir la cocina. En cambio, yo me siento carga de otros deberes y responsabilidades.
Pesa sobre mí algo tan grande y trascendental que se me traduce en el deseo de levantar la triste condición de la mujer, elevando su conciencia al desempeño de una alta misión espiritual”. Son palabras que refrendan su libertad de pensamiento y hasta un cierto desenfado para criticar lo que ve a su alrededor. Esta realidad hizo de Inés Echeverría una mujer feminista dentro de su contexto histórico.
“Además de tener claras sus estrategias de figuración y su presencia en el campo cultural de la época, Iris expresa su opinión estética y política, apoya al candidato a la presidencia Arturo Alessandri, el sufragio femenino, la educación de la mujer, ve la importancia de su instrucción, ya que está en desmedro en comparación con el acceso del hombre a la academia, clubs, conferencias, etc., pero también, como advierte escandalizada, de una clase media cada vez más ilustrada”, refiere Macarena Urzúa.
“Iris fue la primera mujer en ser nombrada Miembro académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, en el año 1922, sin haber ido nunca a la universidad, mérito que, a mi juicio, no es tan reconocido”. Iris, además, defiende a las mujeres de los crímenes violentos hacia ellas, hoy llamados “femicidios”, principalmente por la conocida defensa donde ella exige la pena de muerte para su yerno Roberto Barceló, quien había asesinado a su esposa, hija de Iris, Rebeca Larraín.
Anteriormente, en La Nación, Iris ya había discutido sobre el tema de la violencia masculina, en una columna titulada “Lo Valdés”, en donde también relata el asesinato de una mujer a manos de su marido, manifestándose tanto contra la impunidad del hombre como contra la desprotección de la mujer ante la ley.
“Este feminismo no está desprovisto de contradicciones, de clase, de su época y claramente, no es comparable al feminismo contemporáneo, pero sin duda, Iris y las mujeres que fundaron el Club de Señoras (1915), así como también el Círculo de Lectura (1915), organizaciones de los que ella formó parte, fueron pioneras en comprender que la instrucción para las mujeres no se encontraba solo en las aulas o la academia, espacios que eran aún vedados para muchas de ellas”, concluye Urzúa.
Finalmente, Macarena Urzúa aboga por volver a leer a Iris: “Ojalá sus crónicas y novelas sean reeditadas, para apreciar cabalmente su riqueza no solo como fuente histórica (como puede verse en el ciclo de novelas Alborada, publicadas entre 1930-1946, abordando gran parte de sucesos de la historia de Chile en su contexto), sino también desde el punto de vista literario, abordando una ficción romántica, espiritual, filosófica y religiosa que se pregunta por el amor, por el alma y otras cuestiones que inquietaban a la narradora”. El traductor de la novela, Pablo Fante, afirma en nota introductoria sobre la traducción que Iris cuando escribe en francés se aleja de su castellano sostenido en los escritores españoles del siglo XIX, y escribe en un francés de inicios del siglo XX. “La novela Entre dos mundos (Entre deux mondes) está escrita en un francés literario propio de los inicios del siglo XX.
Aunque es difícil describir en pocas líneas las características de un idioma en cierto momento histórico, o el estilo de un escritor con respecto a los cambios de un idioma, creo que el francés de Entre dos mundos es cercano al de otros escritores francoparlantes de la época, como, por ejemplo, Irène Némirovsky. No es el francés de los novelistas franceses del siglo XIX (Flaubert o Zola), que son conocidos por sus extensas descripciones de la vida cotidiana en su época a través de léxicos especializados.
El francés de principios del siglo XX, además de tener una sintaxis más directa, utiliza un léxico que refleja la modernidad, en un contexto cada vez más urbano que se veía transformado por diferentes tecnologías (la electricidad o los automóviles, por ejemplo). Es un mundo, además, en que la mujer poco a poco se desenvuelve con mayor libertad y accede a nuevos espacios públicos, como las terrazas de cafés (lo que es muy visible en Entre dos mundos). El lenguaje, como manifestación viva del ser humano, cambia a la par de estas transformaciones.
Por lo demás, Inés Echeverría utilizó el francés de su época para desarrollar sus teorías espirituales, que representan un eje central de Entre dos mundos; creo que es un acierto, porque es un registro que cristaliza la disyuntiva espiritual del libro (el desgarro entre la pasión espiritual y la pasión carnal) gracias a un idioma apropiado para transmitir tanto ideas como sentimientos. Todo esto es visible en el francés utilizado por Iris”, cierra Fante. ENTRE DOS MUNDOS, POR INÉS ECHEVERRÍA BELLO, La Pollera Ediciones.
Traducción de Pablo Fante y edición de Macarena Urzúa, 2025,214 pp. $19.000 Además de tener claras sus estrategias de figuración y su presencia en el campo cultural de la época, Iris expresa su opinión estética y política, apoya al candidato a la presidencia Arturo Alessandri, el sufragio femenino, la educación de la mujer”. En cuanto a su estilo, Iris se diferencia de un estilo modernista, y en su escritura confluye una combinación que configura una estética única y original, que se abre paso entre lo espiritual y la vanguardia. El “espiritualismo de vanguardia” conformó una tradición subterránea de mujeres excéntricas, de escritoras y artistas, con inquietudes que combinaron los derechos de las mujeres y la preocupación por el espíritu. Sobre la traducción Autor: DANIEL SWINBURN.
La traducción al castellano por primera vez de una novela temprana de la escritora, escrita en francés, puede servir para renovar el interés en la escritura de esta autora olvidada en los planes editoriales, pero cuyo personal estilo narrativo podría capturar la sensibilidad en los lectores de hoy. NOVELA “ENTRE DOS MUNDOS” ENTRE DOS MUNDOS, POR INÉS ECHEVERRÍA BELLO, La Pollera Ediciones.
Traducción de Pablo Fante y edición de Macarena Urzúa, 2025,214 pp. $19.000 ‘‘Además de tener claras sus estrategias de figuración y su presencia en el campo cultural de la época, Iris expresa su opinión estética y política, apoya al candidato a la presidencia Arturo Alessandri, el sufragio femenino, la educación de la mujer”. ‘‘En cuanto a su estilo, Iris se diferencia de un estilo modernista, y en su escritura confluye una combinación que configura una estética única y original, que se abre paso entre lo espiritual y la vanguardia. ‘‘El “espiritualismo de vanguardia” conformó una tradición subterránea de mujeres excéntricas, de escritoras y artistas, con inquietudes que combinaron los derechos de las mujeres y la preocupación por el espíritu. Sobre la traducción