Columnas de Opinión: Del aula a praxis: formar con identidad territorial
Columnas de Opinión: Del aula a praxis: formar con identidad territorial El aula es más que un espacio físico, es más que un lugar donde se reciben estudiantes. Es un territorio simbólico que permite soñar, crear y forjar conocimien tos, siendo fundamental para el desarrollo de las sociedades, no solo en términos técnicos, sino también éticos y culturales.
El acceso a una educación de calidad cobra así un rol relevante en la formación de profesionales, pues no solo transmite saberes, sino que entrega herramientas para comprender el entorno, responder a sus necesidades y aportar a su transformación. En este sentido, una educación pertinente permite formar profesionales con una mirada crítica y situada, donde el conocimiento se vincula con la realidad social, cultural y territorial en la que se inserta.
Bajo esta mirada de educación con sentido y pertinencia, la titulación de Terapia Ocupacional en la Isla Grande de Chiloé marca un hito para la disciplina: son las y los primeros profesionales formados íntegramente en el territorio. No se trata solo de un logro académico, sino de un proceso profundamente arraigado en la experiencia local, en la cultura viva y en las necesidades reales de sus comunidades. Formar en la Universidad de Los Lagos, Sede Chiloé, implica comprender que el aula no es un espacio aislado, sino un puente hacia la praxis situada.
En Terapia Ocupacional, la praxis se entiende como la integración reflexiva entre el saber, el hacer y el ser, donde la intervención profesional se construye a partir de la comprensión crítica del contexto y la acción significativa en la vida cotidiana de las personas. Aquí, la enseñanza dialoga con los oficios tradicionales, con la ruralidad dispersa y con una identidad cultural que resiste y se transforma. Así, la disciplina no solo interviene, sino que reconoce, valida y potencia las formas de vida propias del territorio. La identidad territorial no es un contenido más del currículo; es un eje formativo. Se expresa en la valoración de los oficios, en el respeto por las creencias locales, en la comprensión de los tiempos comunitarios y en la cercanía con las personas. Esta mirada permite que las y los futuros terapeutas ocupacionales desarrollen intervenciones culturalmente pertinentes, éticas y significativas. El paso del aula a la praxis no es una transición, sino una continuidad: las experiencias formativas se nutren del territorio y retornan a él en acciones concretas, comprometidas con el bienestar de sus habitantes. Así, se consolida un modelo de formación que, más allá de responder a estándares disciplinares, encarna un compromiso social profundo. Porque cuando la educación se enraíza en la cultura y la comunidad, no solo transforma trayectorias individuales, sino que fortalece identidades colectivas y proyecta futuros más justos y pertinentes. Pía González Gómez, académica de Terapia Ocupacional de la Universidad de Los Lagos (ULagos) Sede Chiloé. COLUMNA Pía González Gómez, académica de Terapia Ocupacional de la Universidad de Los Lagos (ULagos) Sede Chiloé