Autor: Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, obispo de la Diócesis de Villarrica.
Columnas de Opinión: La emergencia educativa y la esperanza
Columnas de Opinión: La emergencia educativa y la esperanza n estos días la mayoría de las conversaciones gira en torno al tema de la crisis en la educación a raíz del asesinato en un colegio de Calama. La crisis de la educación en Chile es cada vez más profunda y transversal a todo tipo de establecimientos educacionales. Para comprender la actual situación de la educación, no basta con tratar de explicarla solo desde el punto de vista disciplinario e incluso pedagógico. El trasfondo es el concepto de persona, el rol de la familia y de los padres en su formación y la misión del profesor a quien los padres confían educación formal de sus hijos. Es fundamental la familia en la educación de los niños y jóvenes. La crisis educacional es signo de la crisis de la familia. Una familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, unidos establemente, con la presencia de varios hermanos, abuelos, tíos y primos es la condición para el crecimiento integral de los hijos.
En este ambiente se experimenta el amor incondicional que da sentido a la vida, a la transmisión de principios religiosos y morales, a la integración virtuosa en la sociedad, a la comprensión de las correcciones e incluso del justo castigo merecido por un mal comportamiento del hijo.
La educación a nivel familiar, escolar y social está orientada a capacitar al niño y al joven a amar en su vida adulta como un don de sí mismo para bien de los demás y así experimentar plenitud existencial y alegría de corazón. Padres, familia, profesores y autoridades educacionales deben colaborar en la educación de los alumnos. Todos deben trabajar como aliados, en la comprensión y confianza mutuas. La descoordinación y las desautorizaciones no favorecen la educación y el afectado termina siendo el alumno. Quizá en épocas anteriores, el establecimiento educacional podía centrarse más en los resultados académicos, porque la formación integral de la persona estaba asegurada por la familia. Pero hoy en los colegios es necesario poner el énfasis en la formación de todas las dimensiones de la persona. El profesor con su actitud acogedora y su amor en muchos casos debe suplir las carencias de afecto y autoridad en la casa. La esperanza en medio de la urgencia educativa es posible en la medida en que la centralidad sea la persona. Toda persona es creada a imagen y semejanza de Dios con una gran potencialidad de verdad, de bien, de belleza y de trascendencia. Más aún si consideramos la fuerza de la gracia de Cristo.
Los padres y los profesores podrán tener esperanza en los frutos de esfuerzo en la medida en que vean en el niño una persona llamada a ser feliz en su vida en comunión con los demás, en la tierra y en el Cielo, a través del matrimonio y la familia, el trabajo, la inserción en asociaciones comunitarias y así en tantas otras dimensiones sociales. Padres, familia, profesores y autoridades educacionales deben colaborar en la educación de los alumnos. Todos deben trabajar como aliados, en la comprensión y confianza mutuas. Autor: Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, obispo de la Diócesis de Villarrica.. C Columna Padres, familia, profesores y autoridades educacionales deben colaborar en la educación de los alumnos. Todos deben trabajar como aliados, en la comprensión y confianza mutuas.