Autor: Osvaldo Artaza Barrios decano Facultad de Salud y Ciencias Sociales, Universidad de Las Américas
Odio, sociedad y salud
Odio, sociedad y salud El odio, esa emoción corrosiva que disfraza de certeza nuestras inseguridades, está ocupando un lugar central en la vida social. En distintos rincones del mundo, y también en nuestro país, se alza como un lenguaje común: divide, simplifica, deshumaniza. El odio nace cuando dejamos de reconocer al otro como semejante, cuando su diferencia se convierte en amenaza y no en posibilidad.
Desde la filosofía y las ciencias sociales se nos recuerda que el odio no es solo una emoción individual, sino una construcción política, cultural y epistémica: una forma de negar la legitimidad del otro y de romper los lazos que nos sostienen como comunidad. A lo largo de la historia, el odio ha sido un instrumento de poder. Se alimenta del miedo, se viste de ideología y se reproduce en los discursos que necesitan enemigos para sostenerse. Lo utilizan los extremismos religiosos y políticos, y también las redes criminales que gobiernan territorios desde el terror. En todos los casos, el mecanismo es despojar al otro de humanidad, generar desconfianza, sembrar división. Pero el odio no solo enferma a las sociedades. También enferma los cuerpos. La exposición constante a la violencia simbólica, al miedo y a la hostilidad deteriora la salud mental y física, debilita los lazos afectivos y erosiona la confianza. Autor: Osvaldo Artaza Barrios decano Facultad de Salud y Ciencias Sociales, Universidad de Las Américas. COLUMNA