COLUMNAS DE OPINIÓN: Los motivos del fuego Opinión
COLUMNAS DE OPINIÓN: Los motivos del fuego Opinión dodista y magíster en Relaciones Internacionales Los motivos del fuego Opinión Jessk:aM.
Igor 1 e un par de semanas la Patagonia argentina arde sin, Casi en paralelo, la zona central de Chile enfrenta de enorme magnitud, como si el fuego se hubiera o en un fenómeno que se replica más allá de limites s. No da tregua y su comportamiento no parece ni caprichoso.
Es un fuego selectivo, que se ensaña bosques, con las áreas protegidas, con esos territorios berían ser intocables y que, sin embargo, una y otra vez :n reducidos a cenizas. otras ocasiones ya se ha hablado del enorme potencial tiene la región austral a los ojos de quienes concentran ]er económico y político.
La vastedad del territorio patagónico pierta ambiciones, sus recursos naturales alimentan proyectos, ,3 de largo alcance, y los grandes bosques de la zona de Chile muchas veces aparecen como un obstáculo para intereses que no toleran límites. El fuego, en sentido, no solo destruye, si no que allana el camino. Donde s había monte. biodiversidad y comunidades, después hay rida y precios que caen, oportunidades para comprar rtes no se podía tocar. es inmensa para quienes perdieron familiares, recuerdos y proyectos de vida. Para muchos, el isuelo posible es haber logrado salvarse. Pero hay otro. que rara vez ocupa el centro del relato. Cientos de e víctimas ¡ nocentes, sin voz ni derechos reconocidos, estos incendios con una crudeza absoluta.
Los s. la flora y la fauna son los grandes olvidados, los parias un desastre que, cada vez con mayor claridad, muestra signos ntencionalidad. ista mirar hacia la región de Aysén para entender que esto jevo. Aquí, los incendios devastadores del pasado dejaron que aún hoy modelan el paisaje. Cerros pelados, aones interminables de terreno degradado, árboles caídos formados en testigos fósiles de una memoria de fuego que e borra con los años. Aysén es un testimonio vivo de lo que cuando la destrucción se naturaliza y cuando el daño. a como un costo inevitable del progreso.
El territorio a lo que la política muchas veces prefiere olvidar. regunta entonces se vuelve inevitable, ¿qué es lo que stos actos tan brutales? En Chile, las autoridades han do la intencionalidad de varios focos, y tanto el gobierno mo el entrante han coincidido en la necesidad de resentes en las zonas afectadas, algo que merece ser En Argentina, en cambio, el contraste es doloroso. El central ni siquiera ha visitado las provincias incendiadas,. o si el desastre ocurriera en un margen irrelevante del país. Circulan teorías, y no todas son descabelladas. Se habla negocios inmobiliarios, de expansión forestal con especies exóticas, de intereses ligados a la minería, al agua, al control del territorio. Puede que no todas sean fáciles de probar, pero comparten un punto en común inquietante, el fuego como derramienta devastadora. Una forma rápida y eficaz de borrar lo ue estorba, de eliminar resistencias naturales y humanas. lientras tanto. los animales huyen hasta donde pueden, no lo logran. Mueren calcinados, asfixiados, us. Los us. Los que sobreviven quedan sin hábitat, sin sin refugio; los que no, vagan heridos, con quemaduras acerantes y dolorosas, hasta morir. Los bosques tardarán décadas en recuperarse, si es que alguna vez lo hacen. Algunas especies no volverán. Y sin embargo, estas pérdidas casi nunca entran en el balance final, porque no cotizan en el mercado ni generan titulares duraderos.
Tal vez lo más inquietante de todo sea la facilidad con la que ezamos a aceptar el fuego como una fatalidad estacional, una tragedia inevitable que llega con el verano y se va las primeras lluvias. Sin embargo, cada incendio intencional ucho más que un desastre natural, es un acto de violencia ficada contra la vida, contra el territorio y contra el futuro n.
Nombrar esa intencionalidad no implica exagerar ni alimentar echas infundadas, sino asumir la dimensión real del roblema y la responsabilidad que nos cabe como sociedades. e mientras el fuego siga siendo una herramienta rentable algunos, seguirá avanzando sobre bosques, animales y jj idades enteras, y cuando ya no queden paisajes que T tal vez descubramos, demasiado tarde, que lo que lue solo la tierra, sino también nuestra capacidad de cuidado. 1.