Editorial: Cierre de verano bajo el agua en campos maulinos
Editorial: Cierre de verano bajo el agua en campos maulinos El campo maulino, motor indomable de nuestra economía regional y reserva espiritual de nuestras tradiciones, enfrenta hoy un escenario que solo puede calificarse de nefasto. Lo que debió ser un cierre de temporada estival marcado por la abundancia y el ajetreo propio de las cosechas, se ha transformado en una carrera desesperada contra la humedad y la pudrición.
Las lluvias inesperadas de este fin de verano no solo han mojado la tierra; han empapado de incertidumbre el sustento de miles de familias que dependen directamente de la fruta que cuelga, hoy herida, de nuestros árboles y parrones. Para el Maule, la fruticultura no es solo una cifra en el PIB; es el pulso de nuestras comunas, desde Curicó hasta Linares, pasando por cada rincón de los valles centrales. Estamos inmersos en una etapa crítica donde variedades de uvas, manzanas y carozos tardíos se encuentran en su punto de madurez más vulnerable.
El exceso de agua en este periodo no es una bendición, es una condena técnica: provoca la partidura del fruto (splitting), fomenta la proliferación de hongos como la Botrytis y compromete la condición de poscosecha, cerrando de golpe las puertas de los mercados internacionales más exigentes que no aceptan productos con potencial de deterioro. Las consecuencias son transversales. El pequeño agricultor ve cómo el esfuerzo de todo un año de cuidados, podas y riegos se desvanece en un par de jornadas de mal tiempo. Pero el impacto no termina en la propiedad del predio. La cadena logística se corta, las plantas de proceso disminuyen su ritmo y, lo más doloroso, se resiente la empleabilidad estacional. Un fruto que no se cosecha es una jornada de trabajo que no se paga, un flete que no se realiza y un consumo local que se contrae en nuestras ferias y comercios de barrio. Es imperativo que las autoridades del sector agrícola y el Gobierno Regional actúen con la celeridad que la emergencia demanda.
No basta con lamentar el cambio climático desde la comodidad de una oficina; se requieren instrumentos de apoyo directo, flexibilización en los créditos agrícolas y un despliegue técnico en terreno que permita evaluar la magnitud real del daño. El Maule es resiliente, lo ha demostrado ante terremotos e incendios, pero la fragilidad de la fruta ante la lluvia es un enemigo silencioso que puede quebrar la columna vertebral de nuestra temporada exportadora. Como Diario La Prensa, hacemos un llamado a la unidad regional. Debemos rodear a nuestros productores con las herramientas necesarias para salvar lo que aún es recuperable y mitigar las pérdidas de lo que el agua ya reclamó. El verano se despide con un sabor amargo, pero la fortaleza de nuestra tierra y su gente debe ser el abono que nos permita levantarnos de este duro golpe climático..