La república independiente
La república independiente Rodrigo Contreras Vergara S u padre le decía que la familia era de los Bahamondes pobres. Se creó el mito de que los Bahamondes con "s" eran de la rama pobre y que los Bahamondez con "z" de los ricos. El padre de Marcelo, Tulio Enrique Bahamondes, falleció hace unos 40 años cuando recién había cumplido 58. Venían de Concepción. En los primeros años en Talca deambularon por algunos sectores, hasta que se instalaron en la Población Independencia, cuando la ciudad estaba recién expandiéndose hacia el sur, traspasando el casco histórico. Estamos hablando de fines de la década de los 60. De esa época es la Población Independencia.
Claro que, explica Fernando, mientras el movimiento de su almacén instalado en la esquina sur de un edificio de dos pisos, frente a la Plaza Víctor Jara, da una pausa, la Independencia la forman cuatro sectores. El sector uno, el más antiguo, con nombres españoles en las calles. El cuatro, que tiene como referencia la Escuela Carlos Spano al sur. El dos, que antes era el Carlos Spano. Y el tres, alrededor del cuartel de Bomberos.
También hay otras referencias, como que hacia el oriente de la calle Barcelona, arteria principal por la que circula la locomoción colectiva, se instalaron en los orígenes los empleados públicos; mientras que hacia el poniente los obreros, carabineros y militares. Distribución que el paso de los años ha ido variando, aunque se mantienen algunas señas. Como que los hijos y nietos de funcionarios de Carabineros siguen ocupando las casas familiares o que hay viviendas donde residen militares en servicio, siempre del lado poniente de la calle Barcelona. Todo esto me lo explica Fernando, quien es reacio a decir su nombre. Se nota que quiere escabullirse lo más rápido posible del periodista catete. Me dice que cruzando la calle puedo conversar con el dueño de la ferretería, que es de los antiguos. Ya, le agradezco. Pero vuelvo, le acoto, solo para molestarlo. La ferretería se llama Barcelona, como la calle. Y el dueño es Marcelo Bahamondes, de los Bahamondes pobres, repite recordando a su padre. La abrió en 1995, pensando menos en hacerse rico que en prestar un servicio a los vecinos. Los recuerdos vienen rápido. Están los Soto en la esquina, también los Labra, la señora Ruth, gente que llegó de los primeros. Los niños se juntaban a jugar en un sitio eriazo donde hoy está la plaza Víctor Jara. Armaban los arcos con piedras y jugaban las típicas pichangas interminables que solo se acababan cuando el sol se escondía o con el llamado enérgico de la mamá. También se entretenían con el tombito, una especie de béisbol que jugaban golpeando la pelota con la mano; el caballito de bronce y el trompo. Hoy las cosas han cambiado, pero la población sigue siendo segura, dice Marcelo. Las ventanas de su casa no tienen protecciones y no vive encerrado. Participa de un grupo de vecinos, algunos que ya no están en Talca, que se reúnen cada cierto tiempo para recordar historias y compartir fotos. Marcelo tiene especial contacto con la familia Soto, o más bien con los hermanos Soto, con quienes creció y jugó. Tiene una foto en donde aparecen de niños su hermano Claudio, Mario Soto y él en una esquina de la población. La imagen debe ser de mediados de los 80. El 2022, los mismos protagonistas coincidieron y se tomaron la misma foto. Pura nostalgia. De los Bahamondes solo queda en el sector Marcelo. Su madre murió hace siete años. Una hermana también falleció. Un hermano vive en Estados Unidos y la otra hermana en Santiago. Lo más seguro es que cuando Marcelo ya no esté la casa se venda, como está pasando con otras. Los hijos se van. Sólo unos pocos se quedan, como Marcelo o Hugo o la señora Angélica. Hugo González no es de los más antiguos. Debe llevar unos 20 años en la Independencia. Espera para comprar en el almacén que queda al lado de su casa. Su esposa, Carmen Yáñez, sí lleva más años. Hugo fue profesor de matemáticas, trabajó en la Universidad Autónoma. Hubo una época difícil en la población. Cuenta que asesinaron a un joven hace unos 15 años. Lo recuerda porque había sido alumno suyo. Pero después el ambiente volvió a la normalidad. Muy de tarde en tarde hay algún robo. Vive tranquilo. Hugo entra al negocio casi al mismo tiempo que sale Angélica, quien se acuerda que olvidó su bastón. La acompaño hasta su casa que queda a la vuelta en un pasaje. Tiene 82 años y no parece que necesitara el bastón. Y tampoco parece que tuviera 82. En el camino se topa con Hugo, que lleva mascarilla, y no lo reconoce. Cuando le digo que se llama Hugo González, lo recuerda de inmediato. Angélica muestra un pequeño terreno donde están estacionados un par de vehícu los. Eso debería ser una bonita plazoleta, pero la idea nunca se ha podido concretar. Podrían ponerle plazoleta Angélica, dice con un humor envidiable. Como cuando cuenta que tuvo un problema en uno de sus ojos que lo dejó más pequeño que el otro. Pero luego se enfermó el que estaba sano y quedaron iguales. Deben ser más de 50 años los que An-. La población Independencia es de las tradicionales de Talca. De sus vecinos fundadores van quedando pocos. Algunos de sus hijos siguen viviendo en el sector. Otros se fueron y vendieron. Han llegado nuevos habitantes atraídos por su tranquilidad y buenos servicios Cristina Valenzuela, secretaria de la Junta de Vecinos, junto al pino que plantó su padre. La república independiente gélica lleva en la población. Trabajó en la empresa Gildemeister de secretaria. Casi al llegar a su casa una señora que miraba detenidamente un palto que sobresalía desde un patio, le pregunta por el dueño de esa vivienda. Angélica le dice el nombre y se produce una conversación que se alarga por unos minutos. Me entero que el laurel sirve para evitar las polillas de la ropa. También que Angélica plantó semillas de pomelo, que tiene en su casa, y un palto en un terrenito afuera en el pasaje. La señora está buscando maestros para que le arreglen una gotera. Justo la casa vecina a la de Angélica la están arreglando, pero en ese momento los maestros no están. Me invita a pasar a su casa, cosa que a su hija no le hubiera gustado. Siempre le dice, mamá no seas tan confiada. Hay varios profesores en ese sector. La señora Laly, por ejemplo, o la Rosita. Se vive bien, es tranquilo el lugar. Me pide que pase el dato de que tiene una pieza para arrendar. Me despido preguntándole si puedo darle un abrazo. Acepta y me dice una última cosa que me alegra el corazón. Regreso donde Fernando con la excusa de que no encontré la placa que me indicó, donde aparecía el año de la construcción del edificio donde tiene su negocio. Sin decir media palabra me hace un gesto para que lo siga. Me lleva al negocio ubicado en el otro extremo y le pide a la mujer que atiende si puede pasar al patio. Y ahí está la placa que, con letras que apenas se ven, dice Corporación de la Vivienda, 1967.
Una última consulta, ¿conoce a alguien de la junta de vecinos? Fernando apenas me mira y sale caminando rápido, mientras su hija le grita que a dónde va, que no puede quedarse mucho rato en el almacén. Lo sigo por inercia. Son solo unos pasos y habla con una señora que está limpiando el piso. Ella es dirigente, me dice y se va. Cristina Valenzuela es la secretaria de la Junta de Vecinos Nº 20 Independencia, la única que tiene personalidad jurídica, aclara de entrada, la única que entrega juguetes a los niños del sector. Tiene 73 años y lleva 60 de vecina. Su papá era carabinero. Él postuló a la Corvi y sacó casa en la Independencia. Antes vieron casas en la Costanera y en la Abate Molina, pero eran de piso y medio y a la mamá no le hacía gracia subir escaleras. Casi no va quedando gente antigua. Menciona en su pasaje a los Reyes, a los Abarca, a los Sanhueza, a los González. Familias a la antigua, con muchos hijos. Una vez se juntaron todos los niños y sumaron más de 50. Iban a jugar al canal que estaba unas cuadras al norte. Todo era muy tranquilo en esos años. La plaza solo era un potrero. Debió ser en 1976 o 1977 que se empezó a armar, con aportes de los mismos vecinos y la municipalidad. Su papá plantó un pino que hoy está enorme y debió ser podado. Hay mucha casa en venta. Las familias se van. Y hay mucho interés por comprarlas. Es un sector tranquilo, con buenos servicios, conexión vial y cerca del centro. El principal problema, advierte Cristina, es la gente que en las noches se pone a tomar alcohol en la plaza. La plaza Víctor Jara, que hace referencia a la época del golpe militar cuando muchos vecinos fueron detenidos y agrupados en el sitio eriazo. Algunos nunca volvieron a sus casas, dice Cristina. La población sigue viva, aunque sus primeros vecinos ya no estén. Se renueva y seguirá declarando su independencia. DURACELL RONSON RONSON PACK PROMOCIONAL 7500 Danky VOLCANO Disputa Le TUE DURACELL DURACELL EVEREADY 12000 10:00 a 15:30 a WATECCOLE bados 10:30 a WATECCOLE Tmingo CERRAI ECCOLE MATECCOLE +PLATECCOLE re. Imagen de mediados de los 80, donde aparecen los hermanos Claudio y Marcelo Bahamondes y su amigo Mario Soto en una esquina de la población. La misma foto se tomaron los mismos protagonistas el 2022. Marcelo Bahamondes abrió la ferretería en 1995. Imagen de mediados de los 80, donde aparecen los hermanos Claudio y Marcelo Bahamondes y su amigo Mario Soto en una esquina de la población. La misma foto se tomaron los mismos protagonistas el 2022. El profesor Hugo González.