Autor: Bernardo Donoso Riveros Profesor emérito PUCV
Columnas de Opinión: Visiones, ambiciones, suspicacias
Columnas de Opinión: Visiones, ambiciones, suspicacias os que vivimos en una tierra común, compartimos las dificultades, las tragedias, los gozos y las esperanzas. Hacemos la travesía de la vida como parte de una comunidad. AunL que en los tiempos actuales las fronteras de la tierra adquieren una dimensión cada vez más amplia y compleja.
Sólo imaginada alguna vez por los que pueden penetrar en el futuro, especialmente por las cada día más presentes tecnologías de la información y la comunicación que impactan las culturas, las relaciones, la cercanía y la distancia, las fuerzas de la unión y de la polarización. En cada instante surgen en nuestra interioridad, en los diálogos reflexivos, en los soliloquios de búsqueda, mil preguntas, dudas e incertidumbres, que ambicionamos clarificar, acercarnos al sentido, acrecentar la seguridad. Todos, de alguna manera personal, profunda o más superficial, tenemos visiones o sueños de sociedad.
Ellas pueden orientarnos, "encaminarnos", hacia los encuentros o desencuentros alimentados por este mundo sin fronteras, abrumados por los vientos de la comunicación "moderna". Hay fuerzas que suman hacia la fraternidad y la libertad y otras pueden encaminar a tiempos largos de temor y de horizontes nublados. Muchos están confiados en su capacidad de crear realidad mediante su "adoración" a la creación de estrategias que sienten dominar, como un visionario lo anunció hace decenios.
Las distintas visiones de cada uno de nosotros se alimentan, se construyen, se congelan, o tienen flexibilidad, según la experiencia, el origen de ella, el conocimiento, la exposición al adoctrinamiento y muchas otras que usted puede imaginar o conoce. Esas visiones son fuente de unidad y de polarización. Son criterio de análisis, de desprecio o de adhesión a decisiones relacionadas con la gobernanza. Es una pregunta que necesita respuesta para una cultura, para un tiempo; aceptando que algunas respuestas son definitivas, pues están vinculadas a la persona humana. Lo que es ineludible es el compartir honorablemente, sin hipocresía ni engaño ni manipulación que la libertad es una columna que sostiene la casa. A su vez, entender que la división de poderes y los equilibrios protegen, si la ética individual los respeta, la sustentabilidad de una comunidad o nación. La suspicacia alienta la desconfianza generadora de desequilibrios y desencuentros en la sociedad. Cuando la palabra empeñada alcanza a ser sagrada se siembra buena semilla en el camino, acompañada de una comunicación alimentada por la conducta ética, el respeto por el otro, tratándolo como uno quiere ser tratado.
A su vez, controlando nuestra ambición, la envidia, respecto al éxito percibido del otro. ¿ Será posible alcanzar tal nivel de desarrollo personal que nos permita aceptar y valorar lo que el otro hace bien para contribuir a algo que nos importa y que ayuda a la estabilidad? Autor: Bernardo Donoso Riveros Profesor emérito PUCV. C Columna