Autor: Fernando Velásquez Barrientos fvelasquez@latribuna.cl
Columnas de Opinión: La generación de la incertidumbre
Columnas de Opinión: La generación de la incertidumbre La investigación "Nuevas subjetividades e imaginarios sociales juveniles en estudiantes de educación superior: la generación 2020 en tres regiones de Chile", liderada por académicos de la Universidad de Concepción, la Universidad de Playa Ancha y la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, advierte que los jóvenes universitarios que ingresaron desde 2020 a la educación terciaria perciben el futuro como una amenaza y no una promesa.
Los 236 estudiantes de Santiago, Valparaíso y Concepción entrevistados describen el porvenir como "espacio inestable donde planificar se vuelve difícil". Esta percepción responde a condiciones materiales concretas: pensiones insuficientes, un mercado laboral saturado, la crisis climática y la desigualdad estructural. El individualismo defensivo que detecta el estudio la idea de que "todo depende de mí"es una estrategia de supervivencia. Sus autores explican que los jóvenes priorizan el bienestar personal sobre proyectos colectivos porque no los consideran viables.
El rechazo explícito a la maternidad entre universitarias merece otro análisis, en tanto implica negar la posibilidad -no solo postergarlaante la certeza de que las tareas de cuidado recaerán desproporcionadamente en ellas, afectarán sus carreras profesionales y resultarán en pensiones miserables. Ante ello, la baja natalidad resulta esperable. Según revela el estudio, la percepción de que el título profesional ya no basta y de que los posgrados funcionan como "blindaje" contra la precariedad laboral evidencia otra distorsión. La educación superior dejó de ser plataforma de movilidad social para convertirse en carrera credencialista. Los jóvenes estudian magísteres más por miedo a quedar fuera que por vocación académica, y eso favorece a quienes monetizan esa preocupación. La hiperconectividad detectada -"despertar con el teléfono en la mano"estructura la vida cotidiana juvenil, pero con brechas de clase marcadas. Algunos integran inteligencia artificial y casas inteligentes, mientras otros acceden a tecnología de forma limitada. La brecha digital replica la económica y profundiza desigualdades educativas y laborales. La crítica juvenil al sistema educativo es lúcida: los prepara para competir y consumir, no para pensar o transformar la sociedad. Esta generación identifica que su formación prioriza empleabilidad sobre ciudadanía, técnica sobre reflexión y adaptación sobre crítica. En este ámbito, es claro que el problema radica en que existen razones concretas para el pesimismo. Chile construyó este escenario. Una sociedad que naturaliza las bajas pensiones, que precariza el trabajo, que abandona las tareas de cuidado y convierte la educación en mercancía no puede esperar jóvenes optimistas. Esta generación heredó tanto deudas económicas como la tarea de reconstruir proyectos colectivos en un país que lleva décadas desmontándolos, y eso no se revierte individualmente. Autor: Fernando Velásquez Barrientos fvelasquez@latribuna.cl.