Autor: Claudio Elórtegui Doctor en Comunicación Director Escuela de Periodismo Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Columnas de Opinión: El poder duro
Columnas de Opinión: El poder duro un mundo en crisis.
Lo impredecible, lo dinámico y un tipo de hard power que, en un primer momento, desorienta los planos estratégicos convencionales, se manifiesta, posteriormente, en función del control y la consolidación del poder de los actores hegemónicos a nivel global. El poder duro es definido como la capacidad de un Estado o actor político de influir en otros mediante coerción militar y económica, usando la fuerza, amenazas o sanciones para imponer su voluntad.
Desde el hard power, en su versión 2026, afloran las particularidades de negociaciones impuestas por la asimetría de los intervinientes, que no están muy motivados por las reglas democráticas a construir, sino por los recursos a repartir. Aunque esto forma parte de la tradición de los conflictos, en las últimas décadas al menos, había una retórica que buscaba la recomposición de una democracia perdida o dañada. La apuesta ahora es expandir el bienestar desde la inexistencia de un sistema con reglas conocidas. La amenaza del que puede aplicar la fuerza en cualquier minuto es la condición imperante que mueve las piezas del tablero global.
De hecho, en la actualidad, los detalles de las negociaciones de las partes involucradas en los conflictos internacionales son develados según los ritmos de quienes imponen los intereses, formando parte de un juego de máscaras activado por comunicaciones que desorientan.
Las narrativas desinformativas crecen y son construidas por quienes tienen la fuerza, en el mismo escenario de ocupación, pero también en los espacios de injerencia a nivel digital donde se disputa el relato de la opinión pública mundial.
En todo caso, el nuevo hard power realiza ocupaciones breves, E I 2026 ha comenzado con eventos geopolíticos que incrementan la tendencia experimentada el año pasado, aumentando la incertidumbre en los planos locales y tensionando pues desestabiliza y ataca en lo específico, donde duele, acrecentando el miedo y la inseguridad. Cuando abandona, las piezas se deben someter a lo declarado y con el libreto ya trazado, de lo contrario, la espiral quirúrgica se repetirá con costos mayores.
El profesor Raúl Allard, académico relevante en el estudio de las políticas exteriores desde nuestra región, ya planteaba en su libro "Relaciones Internacionales: lecciones y nociones" editado en 2023, una serie de aspectos que comenzaban a delinearse posterior a la pandemia. El primero, la emergencia de un nuevo tipo de ordenamiento mundial, fundamentalmente, distinto del actual. A su juicio, la pandemia no fue un punto de inflexión, sino un factor que aceleró tendencias existentes del nuevo escenario. Allard, además, contextualiza que algunos autores discutían sobre el "fin de la globalización" debido a otros rasgos que planteaban una nueva etapa, como los serios problemas que mostraban el comercio y la justicia internacional.
En su texto, Allard nos recuerda que, en 2015, el presidente Ricardo Lagos junto al ex canciller uruguayo, Enrique Iglesias, identificaban un escenario de mayor incertidumbre, por lo llamaban a que América Latina debía participar en ese mundo con visión y propuestas comunes respecto a los principales protagonistas, especialmente Estados Unidos, China y Europa.
Mostraban una visión de región que debía trabajar en conjunto para pararse frente a los gigantes globales para no quedar a la deriva o a merced de tendencias que nos despojaran de ciertos niveles de autonomía. "El regionalismo emergente" quedó perdido en la intrascendencia, con el término del ciclo alcista de las materias primas de exportación. La mirada prospectiva de Lagos no permeó en momentos que pudo tener mayores cimientos.
Sin posibilidades de articular organizaciones multilaterales continentales, puede ser pertinente pensar cómo imaginamos un tipo de diplomacia conjunta y colaborativa que, como lo recuerda el Papa León XIV, debe estar fundada en la escucha y en el discernimiento. A estas alturas, algo de lo que, todavía, podríamos recuperar del corazón de las relaciones que creen en el bien común.
Sin posibilidades de articular organizaciones multilaterales continentales, puede ser pertinente pensar cómo imaginamos un tipo de diplomacia conjunta y colaborativa que, como lo recuerda el Papa León XIV, debe estar fundada en la escucha y en el discernimiento". Autor: Claudio Elórtegui Doctor en Comunicación Director Escuela de Periodismo Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Sin posibilidades de articular organizaciones multilaterales continentales, puede ser pertinente pensar cómo imaginamos un tipo de diplomacia conjunta y colaborativa que, como lo recuerda el Papa León XIV, debe estar fundada en la escucha y en el discernimiento".