Autor: Hardy Knittel V. Bachiller en Historia
Columnas de Opinión: Salmonicultura: industria del sur orgullo nacional
Columnas de Opinión: Salmonicultura: industria del sur orgullo nacional Por qué una industria que ha sido tan positiva para Chile y especialmente para el sur austral ha sido mirada durante tanto tiempo con desconfianza?". La pregunta, formulada por una de las expositoras durante el tercer Salmon Summit realizado esta semana en Frutillar, no fue retórica, porque mientras la minería del cobre y también nuestros vinos suelen ser presentados como un orgullo nacional -y con razón-, la salmonicultura ha debido convivir con un relato público muchas veces marcado por la desconfianza, la crítica y la sospecha ambiental. El marco escogido para reflexionar sobre este y otros importantes temas relativos a la que con justicia la gente del sur puede llamar nuestra industria, no pudo ser más apropiado.
El Teatro del Lago de Frutillar representa precisamente aquello que la salmonicultura ha ayudado a construir: un sur moderno, dinámico, conectado con el mundo y capaz de desarrollar infraestructura cultural y urbana que hace apenas algunas décadas parecía impensable. Mientras participaba como observador en ese encuentro no pude dejar de pensar que el recinto en que se realizó y el paisaje que lo rodea era el lugar más adecuado para realizarlo.
Porque el paisaje del sur austral chileno no es solamente un escenario natural de belleza extraordinaria: es también el territorio donde, durante 50 años, miles de personas levantaron una industria prácticamente desde cero, sin subsidios directos, sin protecciones especiales y muchas veces enfrentando más obstáculos que apoyos. En apenas cinco décadas, la salmonicultura chilena pasó de ser una apuesta incierta a convertirse en una de las dos grandes vigas sobre las que descansan las exportaciones del país, junto al cobre. La cifra de 6.500 millones de dólares exportados durante el año pasado habla por sí sola.
Pero quizás las cifras más importantes son otras: alrededor de 86.000 empleos directos e indirectos distribuidos en seis regiones del sur de Chile; unas 4.000 pequeñas y medianas empresas integradas como proveedoras; miles de familias que encontraron en esta actividad una posibilidad concreta de progreso, estabilidad y arraigo en sus territorios. Una actividad que llevó a lo que durante décadas fue percibido como un territorio periférico y distante se convirtiera en uno de los polos de desarrollo más dinámicos del país.
REENCUENTRO Por eso, creo, el ambiente vivido este miércoles en el Salmon Summit tuvo algo de reencuentro entre el Estado y una actividad productiva que durante años -y particularmente durante los cuatro años del anterior gobiernosintió que era observada más como problema que como oportunidad. La presencia del Presidente de la República, del ministro de Economía y Minería y de la ministra de Medio Ambiente fue mucho más que un gesto protocolar. Fue, para muchos asistentes, una señal política largamente esperada. Durante el gobierno anterior, este tipo de encuentros prácticamente no contó con autoridades nacionales de primer nivel ni pareció despertar demasiado interés en el poder central. Esta vez, en cambio, el Estado se hizo presente vigorosamente y ello generó un optimismo visible no sólo entre empresarios o ejecutivos.
En los pasillos y salones del Teatro del Lago había trabajadores, dirigentes territoriales, representantes de pueblos originarios, proveedores, emprendedores regionales, estudiantes y muchos jóvenes que sienten que esta actividad forma parte de su identidad regional y de sus posibilidades de futuro. Naturalmente el desarrollo de esta industria tan importante para todos quienes vivimos en el sur de nuestro país no significa negar los desafíos ambientales que existen ni desconocer la necesidad de regulaciones modernas y exigentes. Toda actividad productiva relevante debe operar bajo estándares rigurosos. Pero una cosa es regular y otra muy distinta es obstaculizar sistemáticamente. Una cosa es fiscalizar y otra transmitir la sensación permanente de que producir es casi una culpa. Precisamente ese fue, en mi opinión, uno de los puntos más importantes del encuentro. Lo que la industria escuchó de parte del Presidente y de sus ministros no fueron promesas de subsidios ni privilegios especiales. Nadie pidió trato preferencial. Lo que se planteó fue algo bastante más razonable: cumplimiento de las leyes, certeza jurídica y un Estado que actúe como facilitador del desarrollo y no como enemigo de quienes invierten, producen y generan empleo.
Y una actitud como esa significaría un enorme cambio, porque cuando un país transforma la permisología en una forma de inmovilismo, cuando los procesos regulatorios se vuelven eternos e impredecibles, cuando la sospecha ideológica sustituye al diálogo técnico, el resultado inevitable es el estancamiento. Y Chile ya conoce demasiado bien los costos de crecer poco. CERTEZAS Y SOSTENIBILIDAD El lema del encuentro, "Certezas para un crecimiento sostenible", reflejaba precisamente esa aspiración. La esperanza de que el país comprenda finalmente que desarrollo económico y protección ambiental no son enemigos irreconciliables, sino desafíos que deben equilibrarse con inteligencia y sentido práctico. Por supuesto, el optimismo vivido en Frutillar deberá ahora pasar la prueba más dificil: la de los hechos. Durante los próximos años veremos si las palabras presidenciales y ministeriales se traducen efectivamente en políticas públicas capaces de otorgar estabilidad y proyección a una actividad esencial para Chile. Pero más allá de lo que ocurra en el futuro, el sólo hecho de que la conversación haya cambiado ya constituye una señal relevante. Porque quizás Chile comienza lentamente a comprender algo fundamental: que el salmón no es solamente un producto de exportación. Es alimento para el mundo y también una historia de esfuerzo regional, de innovación, de trabajo y de integración territorial. Una historia profundamente chilena. Una historia profundamente sureña, llena de esfuerzos, sacrificios y creatividad. Y así, quizás, nuestro país comience a mirar esa historia con el mismo orgullo con que durante décadas ha mirado al cobre y a nuestro vino. 03 Autor: Hardy Knittel V. Bachiller en Historia. EN SU INTERVENCIÓN EN EL SALMÓN SUMMIT, EL PRESIDENTE KAST PLANTEÓ LA NECESIDAD DE QUE EL ESTADO SEA UN FACILITADOR DE LAS INVERSIONES.