alguien me preguntaba, “¿tú eres el hermano del diputado?”, yo, tal vez pesado, respondía: “No, él es mi hermano”. Eso levantaba una muralla que me permitía mantener esa separación total de lo que es el ejercicio del poder. Así, las personas no insistían. Era mi manera de establecer que mi hermano e
alguien me preguntaba, “¿tú eres el hermano del diputado?”, yo, tal vez pesado, respondía: “No, él es mi hermano”. Eso levantaba una muralla que me permitía mantener esa separación total de lo que es el ejercicio del poder. Así, las personas no insistían.
Era mi manera de establecer que mi hermano era Gabriel, no el diputado. ¿Ha sentido prejuicio por su apellido? Después de hacer mi tesis postulé, a través de la Fundación Moustakis, a una beca en la Universidad de Georgetown para un programa de políticas públicas. Cuando terminó, quienes evaluaron los currículos se me acercaron y me confesaron que dudaron si elegirme o no por ser Boric. Gabriel en ese momento había sido presidente de la FECh y tenían ciertos prejuicios. Finalmente, decidieron evaluar por mérito. Ahí empecé a ser consciente de que mi apellido empezaba a generar resquemores. “Tiempo después trabajé en Bío Bío TV. Gabriel ya era parlamentario y sentí que mi apellido estaba demasiado marcado. Así que yo mismo me marginé, porque tenía la sensación de que la gente iba a pensar que informaba con sesgo. Distinto es el caso de Mónica Rincón, por ejemplo. Ella tenía una vasta trayectoria antes de que su hermana fuera una figura pública. En mi caso, todo vino después”. Y en lo más íntimo, ¿cómo tomó que su esposa tuviera que renunciar a la Secom por el caso de las licencias médicas? Fue duro. Más allá de la exposición, se la metió en el mismo saco que a quienes hicieron un uso fraudulento de licencias. Acá hubo un error nuestro; digo nuestro, porque somos familia: no conocíamos bien la norma y, como funcionario público, uno tiene que saberlo. Pensamos que esto era un posnatal, cuando en realidad era otro tipo de licencia por la alergia de mi hijo, y cometimos el error de viajar en septiembre. Y por ser cuñada, tuvo que salir. Me dio mucha pena. Pero creo que ella también entendió que el estándar que teníamos que dar era otro. No estaba obligada, no era personal de confianza, venía de la Secom del Presidente Piñera, pero aun así concluyó que debía dar un paso al costado. Fue una decisión difícil, se cerraron puertas, pero siento un orgullo profundo por lo que hizo. Fue parte de nuestros aprendizajes y de vivir de acuerdo con nuestras convicciones. Simón Boric no fue un adolescente fácil. Él mismo lo dice. Sus padres, recuerda, debían prestarle más atención a él que a sus hermanos. En el colegio destacaba, porque pasaba seguido por inspectoría. Yo era más rebelde que Gabriel. Siempre fui muy hiperquinético. Distraía al resto del curso. Hiperactivo. No fui fácil para mis padres. Cuando entré a la media estaba condicional, pero me iba muy bien, eso me salvó. Estudió en el British School, un colegio privado de Punta Arenas. Ahí menciona al escritor Óscar Barrientos como uno de los profesores que más influyeron en su decisión de estudiar periodismo. También nombra a su tío Roque Tomás Scarpa, director de Radio Presidente Ibáñez durante la dictadura y primer intendente de Magallanes tras el retorno a la democracia. Desde que tenía 10 años, en su casa comenzaron a ser familia de acogida, una decisión impulsada por su madre. Tuve muchos hermanos de acogida. Evitamos ponerles número, porque no son cifras: son historias. Son hermanos momentáneos que formaron parte de nuestro día a día desde que yo iba en quinto básico hasta hoy. Es algo poderoso, porque enseña que para amar no se necesita una familia convencional. El niño RAILIMAFOVIHCRA que es acogido es un niño salvado: le cambia la vida, le cambia el rostro. Sé que la vocera del Presidente electo también es familia de acogida. Hoy Boric colabora con la fundación ProAcogida para promover que más familias se sumen a este sistema. Se calcula que hay un déficit de unas 700 familias de acogida, dice.
También es fundador y miembro del directorio de Tenemos que hablar de Chile y asesor comunicacional de Enseña Chile. ¿Cómo ha sido con sus amigos estos cuatro años, especialmente los más críticos con el gobierno? Al inicio les contestaba, “oye, pero esto no es así, infórmate, me parece injusto”. Pero después entendí algo que tiene que ver con la formación periodística: si yo coartaba lo que otros legítimamente pensaban, más allá de las desinformaciones, estaba ejerciendo un acto de censura. Y al final iban a terminar por no contarme. Terminé aceptando todas las opiniones y entiendo que grandes amigos que son muy críticos puedan tener su pensamiento. No me molesta. Fue un aprendizaje muy importante. Es inevitable recordar el episodio en que le pegaron en la calle, afuera de la Casa Central de la U. de Chile. Sí. Se descartó el móvil político. Me tocó a mí, pero le podría haber pasado a cualquiera. Fui impulsivo, imprudente y temerario. Estaban tratando de saquear un local pequeño al lado de la universidad y eso me generó mucha rabia. Fui a encararlos. No lo pensé. Les quité un palo. Después un señor me sacó de ahí y me dijo que me calmara. Pero vi que estaban intentando abrir el negocio de unos trabajadores que conocía, personas honestas, muchos de ellos inmigrantes. No había otro propósito que hacer daño. Les quité el palo y menos mal quedó grabado, pero una chica gritó que yo había agredido. Me escupieron y llegó un grupo a golpearme. Yo nunca en mi vida me había peleado a combos, nunca, y solo después de mucho tiempo fui capaz de ver el video. Ahí vi que me defendí y, bueno, me caí, perdí el conocimiento por la adrenalina. Me salvó una compañera de trabajo que se tiró encima mío para protegerme. Quedé con tres facturas en las costillas. A eso me refería cuando le preguntaba al inicio por la violencia cotidiana que enfrentó, en la calle y redes sociales. Son personas anónimas, encapuchados de las redes sociales. Eso solamente lo puedes llevar bien si es que tienes la convicción de que ese no es el camino.
Lo que sucede es que hay gente que está en la trinchera y que desea estar ahí, pero yo creo que hay muchas más personas que creen en la vida en común y trabajan por eso. Y al final del día, ¿qué tan grave es que te digan por Twitter una cosa? Desde que Gabriel era parlamentario, dicen que estoy apitutado. Donde he estado, dicen que estoy apitutado. ¿No le cansa tener que dar explicaciones? Tal vez la gente tiene las legítimas dudas, porque hay un desprestigio de las instituciones.
Es 100% falso lo que dicen, pero entiendo que la gente lo invente o que pregunte, “oye, cuando termine el gobierno de tu hermano, ¿vas a salir de la universidad?”. ¿Cómo les explicas que llevo 12 años en la universidad no por un apellido, sino porque hay una autonomía universitaria y el Presidente de turno no pone a ningún funcionario en la Chile? Pero si me detengo a angustiarme, no avanza mi convicción, que es harto más grande, porque, más allá de Twitter, tenemos mucho en común. “No entendería el sentido de la vida si es que no buscara estar en entornos diversos y complejos.
En la Universidad de Chile, que es un ambiente muy diverso y plural, me toca trabajar con una gran cantidad de personas de instituciones, territorios, empresas muy diversas, muy plurales, que tal vez pueden tener un prejuicio cuando escuchan el nombre, pero después se dan cuenta de que si estamos en la trinchera, no vamos a progresar, y eso es tanto para la vida en común como para el bienestar del país, desde la educación pública al desarrollo de la ciencia”. Sobre la renuncia de su señora a la Secom por el caso licencias médicas, dice: “Hubo un error nuestro. No conocíamos bien la norma. Pensamos era un posnatal, cuando era otro tipo de licencia por la alergia de mi hijo, y cometimos el error de viajar. Y por ser cuñada, tuvo que salir. Me dio pena”.. Sobre la renuncia de su señora a la Secom por el caso licencias médicas, dice: “Hubo un error nuestro. No conocíamos bien la norma. Pensamos era un posnatal, cuando era otro tipo de licencia por la alergia de mi hijo, y cometimos el error de viajar. Y por ser cuñada, tuvo que salir. Me dio pena”. “Yo era más rebelde que Gabriel. Siempre fui muy hiperquinético. No fui fácil para mis padres.
Cuando entré a la media estaba condicional, pero me iba muy bien, eso me salvó”. “Tuve muchos hermanos de acogida (…). Es algo muy poderoso, porque enseña que para amar no se necesita una familia convencional”. De izquierda a derecha, Gabriel, Tomás, Luis Boric y Simón.