Editorial: Crisis en el mundo apícola
Editorial: Crisis en el mundo apícola La apicultura del Biobío enfrenta esta temporada una señal de alerta que no puede pasarinadvertida.
Las mermas de hasta un 40% en la producción de miel, asociadas a lluvias en plena floración, bajas temperaturas y tormentas eléctricas, confirman que la variabilidad climática dejó de ser un riesgo teórico para transformarse en un problema productivo concreto y creciente. Lo ocurrido este verano-calificado porlos propios productores como atípicogolpea especialmente al quillay, especie estratégica para la cadena apícola de la zona. Cuando la lluvia coincide con su breve período de floración, la oferta de néctar cae de forma abrupta y la capacidad de recuperación del sistema se vuelve limitada.
No se trata de un detalle técnico: en territorios como Santa Bárbara, donde la miel forma parte de la identidad productiva local, el impacto se traduce directamente en menores ingresos y mayor incertidumbre para decenas de familias. El diagnóstico que surge desde el propio sector es claro. Los apicultores pueden optimizar el manejo sanitario y nutricional de sus colmenas, pero existe un factor que escapa a su control: el clima. Esa constatación obliga a mirar el fenómeno con una perspectiva más amplia. La pérdida progresiva de la cadena floral -agravada por incendios forestales y cambios en el uso del sueloreduce los márgenes de resiliencia del rubro justo cuando la variabilidad meteorológica se vuelve más intensa y frecuente. Frente a este escenario, el acompañamiento institucional resulta no solo pertinente, sino indispensable. El apoyo técnico y financiero que hoy canaliza el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) va en la dirección correcta al priorizar la adaptación productiva y la protección del capital de trabajo.
Sin embargo, la magnitud del desafío sugiere que el debate debe escalar desde la contingencia hacia una estrategia de mediano plazo que fortalezca la base floral, promueva prácticas de manejo más resilientes y consolide el valor agregado de la miel. La apicultura cumple, además, un rol que trasciende lo económico. La polinización que realizan las abejas sostiene ecosistemas y múltiples cadenas agrícolas. Cuando este eslabón se debilita, el impacto potencial se expande silenciosamente por el territorio. Por lo mismo, atender las dificultades del sector no es solo una cuestión sectorial, sino también ambiental y alimentaria. El Biobío tiene en la miel -y particularmente en polos como Santa Bárbaraun patrimonio productivo que merece resguardo. La actual temporada deja una lección evidente: la adaptación al nuevo escenario climático ya no puede postergarse. Anticiparse, diversificarla base floral y fortalecer la gestión técnica serán claves para que la apicultura en nuestra provincia no solo resista los embates del tiempo, sino que logre proyectarse con sostenibilidad en el futuro..