COLUMNAS DE OPINIÓN: “Magnifica humanitas”: una lectura desde la universidad
COLUMNAS DE OPINIÓN: “Magnifica humanitas”: una lectura desde la universidad Cada época termina caracterizándose por la pregunta que la obsesiona. La nuestra parece girar en torno al lugar que ocupará el ser humano en un mundo donde la IA reorganiza la vida contemporánea. Magnifica humanitas, la nueva encíclica del Papa León XIV, nace de esa inquietud. Convierte uno de los grandes debates actuales en una reflexión de cinco capítulos sobre la dignidad de la persona y el bien común. León XIV llama a "desarmar" la IA para ponerla al servicio de lo humano. Dos imágenes bíblicas atraviesan el corazón moral de la encíclica: Babel y Jerusalén. Babel aparece como la metáfora de un poder fascinado consigo mismo, capaz de ordenar, uniformar y centralizar la vida humana desde una lógica funcional.
Jerusalén, en cambio, emerge en la reconstrucción impulsada por Nehemías: una ciudad levantada colectivamente, donde cada familia asume la responsabilidad de su tramo de muralla y convierte a la comunidad en una obra compartida, enraizada en Dios. Desde esa tensión entre concentración y encuentro, el Papa lee la IA, la economía digital, la guerra y las nuevas formas de comunicación contemporánea. Esta encíclica dialoga con la tradición inaugurada hace 135 años por Rerum novarum.
Así como León XIII enfrentó el impacto del capitalismo industrial defendiendo la dignidad del trabajo y la primacía de la persona sobre el capital, León XIV sitúa hoy la irrupción de la IA con idéntica lógica. Las res novae de nuestro tiempo --algoritmos, plataformas, datos, automatización-moldean la vida social, distribuyen poder y redefinen las relaciones humanas.
La pregunta de fondo atraviesa ambos momentos históricos: ¿ cómo evitar que la técnica concentre un poder capaz de debilitar la dignidad humana, la vida comunitaria y el horizonte democrático? El tercer y el cuarto capítulo, verdadero núcleo intelectual del documento, interpelan de manera especial a las instituciones académicas. El Papa distingue con precisión lo que la IA efectivamente puede realizar y aquello que pertenece exclusivamente a la experiencia humana. Los algoritmos pueden procesar información a una velocidad extraordinaria, imitar razonamientos e incluso simular lenguajes persuasivos de empatía. La vida interior, en cambio, surge de la experiencia, de la conciencia moral, de la fragilidad, del aprendizaje que dejan los errores y del perdón. Por eso, advierte el Papa, delegar en sistemas automáticos decisiones sobre la vida de las personas supone reorganizar la sociedad desde criterios que corren el riesgo de vaciarla de humanidad. Para quienes conducimos universidades, este documento resuena de una forma especial. La encíclica invita a revitalizar los principios de la doctrina social de la Iglesia y reafirma la tarea esencial de custodiar el interés por la verdad como fundamento del bien común.
Frente a la cultura de la inmediatez, la vida universitaria aparece como uno de los pocos espacios capaces de defender la reflexión pausada, el uso de la razón y el discernimiento riguroso, ético y moral sobre las preguntas y fuerzas que modelan nuestro tiempo. León XIV convoca al mundo educativo a elaborar una nueva conciencia, donde el uso crítico y responsable de las tecnologías dialogue con saberes capaces de interpretar la complejidad del mundo contemporáneo. La discusión excede la incorporación de cursos de ética de la IA.
Lo que está en juego es la misión universitaria de sostener una cultura humanista que oriente el progreso tecnológico hacia la dignidad de las personas y la vida en comunidad, no como resultado accidental del mercado, sino como condición de su diseño. No como restricción externa a la innovación, sino como su criterio constitutivo. Magnifica humanitas termina con la figura de Nehemías como una parábola de nuestro tiempo. El Papa lo presenta como alguien que decide entrar en las ruinas de la historia y convocar a reconstruirlas colectivamente. Allí aparece una imagen poderosa de la vocación universitaria: la de participar en la construcción cultural y social de la época. Esa tarea interpela de manera especial a una universidad católica como la nuestra. Significa habitar la complejidad del tiempo presente y asumir la incertidumbre del futuro.
Así como León XIII leyó en la cuestión obrera una de las grandes preguntas de su siglo, la universidad está llamada hoy a involucrarse plenamente en anticipar los dilemas que definirán esta era digital y la forma en que las personas vivirán, trabajarán y se relacionarán en las próximas décadas. "Magnifica humanitas": una lectura desde la universidad "... advierte el Papa, delegar en sistemas automáticos decisiones sobre la vida de las personas supone reorganizar la sociedad desde criterios que corren el riesgo de vaciarla de humanidad... ". JUAN CARLOS DE LA LLERA Rector Pontificia Universidad Católica de Chile PAULA AGUIRRE Vicerrectora de Inteligencia Digital Pontificia Universidad Católica de Chile. - - -