Autor: ROBERTO CAREAGA C.
Benjamín Labatut: “La literatura es un camino espiritual”
Benjamín Labatut: “La literatura es un camino espiritual” E l saxofonista Alfredo Espinoza era una leyenda del jazz chileno y casi nadie lo conocía. Había compartido con los más grandes músicos del mundo durante los 70 en París y también había hecho escuela en Chile. Pero tenía una salud mental tan frágil que por años estar con él era escucharlo hablar incoherencias sin pausa. Salió y volvió a los escenarios, pero nunca estuvo completamente recuperado y una tarde recibió a Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980), que lo perfiló en un artículo para la revista Qué Pasa. Ese texto no fue suficiente: luego escribió un cuento sobre Espinoza hecho únicamente con sus frases en que se narraba su vida. Una vida en el límite de la razón. “No inventé nada. Fue el primer cuento bueno que escribí”, dice Labatut. El relato se llama “Alfredo en cama” y fue publicado en La Antártica empieza aquí, el primer libro de Labatut, en 2010. Es un volumen de cuentos que ganó un concurso en México, donde fue editado por primera vez. En Chile fue editado por Alfaguara, ganó el Premio Municipal de Literatura y los críticos de entonces le dieron su aprobación.
Era una colección de historias de personajes desesperados, tal como Espinoza, pero también como Karol Vasek, un poeta misterioso en la estirpe de los malditos de Bolaño que se escabulle en el relato que da título al volumen. Luego, Labatut cambió de dirección: en 2016 publicó Después de la luz, un libro que abjuraba de cualquier trama, hecho con apuntes y citas en que el arte rimaba con la espiritualidad. Pasó casi inadvertido. Cuatro años después, todo el mundo puso su mirada sobre él. Fue con Un verdor terrible (2020), un volumen en torno a algunos de los científicos y matemáticos más geniales del siglo XX. Tanto que cruzaron el límite de lo racional.
El libro no solo sedujo a la crítica internacional, también a figuras como el expresidente de Estados Unidos Barack Obama o la actriz Natalie Portman, que le dieron a Labatut un pase para llegar a lectores de todo el mundo. La reacción no fue muy diferente con Maniac (2023), en torno al físico húngaro John von Neumann, que sentó las bases para la inteligencia artificial. Ambos libros se resisten a un género particular, ni siquiera es sencillo distinguir si pertenecen a la ficción. Según Labatut, no tienen ni un dato inventado y si llegó a esa fórmula fue porque con La Antártica empieza aquí terminó agotado de la ficción. O, mejor dicho, de la trama que requiere la ficción.
“Las partes que más disfruté de La Antártica empieza aquí son cuando hablo de una obra hidráulica en Holanda; hago una descripción de la Antártica, o en los momentos de física que están en el cuento de Alfredo. Y cuando después escribí mi próximo libro terminé haciendo solo eso: me ahorré las historias”, dice Labatut, que hace unos días terminó su nuevo libro.
No adelanta nada, pero entre l o s a s u n t o s q u e aborda están los textos sagrados de los Vedas, los filósofos del Círculo de Viena o el origen de la inteligencia artificial. Ese volumen aún no tiene fecha de publicación, pero a librerías acaba de llegar una nueva edición de La Antártica empieza aquí. No es exactamente el mismo, pero sigue siendo el origen de Labatut, acaso el autor chileno más valorado en el mundo de los últimos años. “Lo reescribí por completo. Bajo mi propio estándar lo encontré mal escrito. Es una edad en que me daba cuenta de lo que quería hacer, pero no funcionaba. Estructuralmente no cambié nada, pero sí escenas o finales que no funcionaban”, cuenta Labatut en un café de Providencia. “Había cosas que me daban vergüenza y por eso las cambié, pero respeto la ridiculez de esos años. En ese tiempo yo estaba en ese momento maravilloso y perdido en que lo único que quería era terminar mi primer libro. Era una situación muy parecida a la del protagonista del primer cuento. Me habían echado de la revista Qué Pasa y vivía en Mirasol. Me dedicaba a escribir y hacer abdominales”, cuenta.
Aunque los libros “Un verdor terrible” y “Maniac” difieren de la forma más clásica de “La antártica empieza aquí”, ¿cree que en cuentos como el de Alfredo Espinoza hay un germen de su estilo actual? Todo lo que hay en ese cuento es su voz descaseteada. Él hablaba así; así funcionaba su cabeza. Y claro, ese cuento está conectado con lo que escribí después, porque no inventé nada. Me di cuenta de que no disfruto inventando, disfruto descubriendo. En Alfredo se juntan todas mis obsesiones, genios que van más allá de los límites de lo humano, la locura, el delirio. Además, era una persona hermosa, estaba completamente perdido. Lo subían al escenario y estaba tambaleando. De repente, justo antes de que llegara su momento, empezaba con el saxofón de forma brillante. Tenían que pararlo, porque podría haber estado tocando su solo para siempre. Era increíble. Cuesta encontrar a gente así real sobre la que escribir.
Pero luego fue: “Ok, el mundo está lleno de esto y me voy a dedicar a esto”. ¿Fue una decisión deliberada ir a buscar los personajes límites? La pregunta fue qué hay que hacer para ser Alfredo. Cómo se logra ese nivel de genialidad. Me aburrí de las tramas, me aburrí de las historias, quise Nacido en Holanda, Benjamín Labatut vive en Chile desde los 14 años. buscar información pura. Y me dediqué a buscar ese éxtasis que se notaba tan bien en la vida de Alfredo.
Todos personajes de La Antártica... están cerca de ese éxtasis, recuperándose de haber estado ahí, o aún llamas. ¿Qué le incomoda de la trama, un elemento tan central de la literatura? Para mí la trama son las mentiras con las que recubrimos el agujero negro. Las historias que nos contamos respecto a la realidad: la realidad es mucho más salvaje, se resiste. La trama parece inevitable, pero yo dije “bueno, también me puedo deshacer de la trama”. Escritores como Pascal Quignard prescinden de eso y lo que te dan son una serie de chispazos. La poesía también prescinde, porque está interesada en agarrar el carbón cuando está rojo.
Lo que me sucedió también fue una cosa personal: después de estos cuentos, de alguna manera yo viví en carne propia lo que le proponen al personaje del relato La Antártica... , que interactúa con el vacío. El éxtasis se resiste a la trama, no puedes poner las partes más importantes de tu vida en una historia. Siento que se degrada. Después he tenido que volver de a poco. Peleando con la trama. Peleando con la trama, peleando contra el género. Trato de matar a mis personajes en el primer párrafo. De ahí en adelante, construyo mis textos de una forma que es completamente conOLLAVRACNÁITSIRC traria: no importa lo que pasa, importan las ideas. Es difícil, pero la literatura tiene ese espacio, hay múltiples autores que lo hacen y era más común en el pasado: los libros eran sabiduría, no era contar una historia. Tratados sobre animales que pueden o no pueden existir. Desde la modernidad todo es una historia, todo es un vehículo para la entretención y atrapar tu atención. Pero a mí me interesan los sutras (textos sagrados budistas). En un historia mitológica no estás realmente preocupado de lo que pasa; la mayor parte son escenas ridículas o contradictorias. En lo que estás interesado es que hay una especie de secreto cifrado en la trama. Y para mí ser un lector es ir descifrando esos secretos. ¿Sus libros guardan un secreto? Absolutamente. En todos los libros que yo he escrito después de La Antártica.... Si es que no hay una singularidad, una paradoja, algo que se resista al lenguaje, no vale la pena escribirlos. No para mí.
A mí me encanta que los personajes de estos cuentos estén desesperados, pero sentía que en sus tramas lo que más me importaba no se podía decir. ¿Por qué disfruté tanto el cuento de Alfredo? Porque él puede hablar de lo que quiera, de las vírgenes vestales, del hoyo negro, de los rastros del big bang. Entonces dije “tiene que haber otras maneras de hablar sin tener que caer en esta estructura clásica”. Todo lo que escribo después son ideas. Estoy rastreando ideas abstractas.
Después de los músicos y escritores de estos cuentos, ¿por qué pasó a retratar a científicos? E s q u e e s muy difícil con los artistas porque las verdades de las artes se expresan en la obra y en el espíritu. Y no hay un correlato exterior que ancle esas v e r d a d e s e n l a realidad. Mientras que lo que es fascinante de occidente, de sus científicos y filósofos, es que sus epifanías tienen efectos prácticos. Es muy atractivo para mí que una persona que está tratando de mostrar cuáles son los límites de lo real se tope con monstruos, con cosas que no caben en su esquema mental. La idea del científico loco tiene los dos polos. Se nos olvida hasta qué punto la mayor parte de las ideas que tiene un científico, o un pensador o un filósofo, están equivocadas. O son delirios.
Incluso las personas comunes y corrientes tienen una especie de herida que no pueden deshacer, que rige sus vidas, y que en un momento surge, como en los personajes de “Club de campo” (incluido en La Antártica... ) y los destruye. La buena literatura te muestra el salvajismo de la existencia cotidiana. Que la verdad es que no se siente muy seguido.
En los personajes de estos cuentos, y también en mi vida personal, siempre estoy buscando que vuelva a surgir. ¿Su última novela la escribió así, buscando ese salvajismo de la existencia cotidiana? No puedo hablar del contenido del libro, pero sí que busco eso. Hay formas muy tranquilas de buscarlo. He conocido todos los parques nacionales, uno a uno, estoy ahí una semana. El resto del tiempo es estar buscando la intensidad que se vive con el cuerpo entre los 20 y los 30; ahora ya lo empiezas a vivir con la mente.
Siento que tienes que hacerte una especie de educación intelecto-sentimental: leer los libros y tomar las drogas que corresponde en los momentos necesarios; entregarte a experiencias cotidianas que tienen todo el potencial de destruir tu vida, como el amor o la amistad. Para que puedas encontrar el éxtasis en su forma más alta, que para mi gusto, es en los libros. No hay ningún contenedor del éxtasis más adecuado que un libro. Los mejores testimonios de lo que es toparse con los límites de la mente están en los libros. Está en Wittgenstein, está Nagarjuna, en los vedas. ¿Cree que en algún nivel la literatura tiene un componente místico? No solo en un nivel, la literatura es un camino espiritual. Es una forma de interactuar con la realidad única. No se me ocurre ninguna otra razón para hacerlo. Lo demás son libros nomás... Si la literatura no está interesada en el corazón de la realidad, para mi gusto no es literatura. Eso puede tomar infinitas formas, pero si no es así, son palabras muertas, son jueguitos, o tramas. Es un yoga la literatura. Creo que fue César Aira el que dijo que la literatura no tiene una verdad, entonces puede considerar todas las verdades y todas las falsedades, y los espacios intermedios. Eso no significa que no sea una búsqueda de la verdad. Para mí la trama son las mentiras con las que recubrimos el agujero negro. Las historias que nos contamos respecto a la realidad: la realidad es mucho más salvaje”. La buena literatura te muestra el salvajismo de la existencia cotidiana. Que la verdad es que no se siente muy seguido. En los personajes de estos cuentos, y también en mi vida personal, siempre estoy buscando que vuelva a surgir”. se aburrió de la ficción. Si la literatura no está interesada en el corazón de la realidad, para mi gusto no es literatura. Eso puede tomar infinitas formas, pero si no es así, son palabras muertas, son jueguitos, o tramas. Es un yoga la literatura”. LA ANTÁRTICA EMPIEZA AQUÍ Benjamín Labatut Anagrama, 164 páginas, $24.000 CUENTOS Autor: ROBERTO CAREAGA C.. Era otro tipo de escritor, quizás hasta otro tipo de persona.
Antes de empinarse como uno de los escritores chilenos más relevantes con los libros Un verdor terrible y Maniac, Labatut publicó en 2010 el volumen de cuentos La Antártica empieza aquí, el que ahora acaba de reeditar. Son cuentos clásicos en los que, sin embargo, está el germen de su estilo actual y su obsesión por los genios locos. También fue una lección: tras estos relatos, ENTREVISTA Regreso al origen ‘‘Para mí la trama son las mentiras con las que recubrimos el agujero negro. Las historias que nos contamos respecto a la realidad: la realidad es mucho más salvaje”. ‘‘La buena literatura te muestra el salvajismo de la existencia cotidiana. Que la verdad es que no se siente muy seguido.
En los personajes de estos cuentos, y también en mi vida personal, siempre estoy buscando que vuelva a surgir”. se aburrió de la ficción. ‘‘Si la literatura no está interesada en el corazón de la realidad, para mi gusto no es literatura. Eso puede tomar infinitas formas, pero si no es así, son palabras muertas, son jueguitos, o tramas. Es un yoga la literatura”. LA ANTÁRTICA EMPIEZA AQUÍ Benjamín Labatut Anagrama, 164 páginas, $24.000 CUENTOS