Autor: Claudia A. Fuentes Riveros prensa@latribuna.cl
Columnas de Opinión: El legado de María Eugenia Oyarzún y la lenta ruta de las mujeres hacia el poder local
Columnas de Opinión: El legado de María Eugenia Oyarzún y la lenta ruta de las mujeres hacia el poder local En 1975, en un país donde la política seguía siendo un espacio predominantemente masculino, la periodista María Eugenia Oyarzún asumió la alcaldía de Santiago, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el cargo en la capital del país. El nombramiento marcó un precedente histórico para la representación femenina en la política chilena, abriendo una puerta que, medio siglo después, todavía no termina de abrirse por completo. La llegada de Oyarzún al municipio santiaguino tuvo un valor simbólico enorme en una época en que la presencia de mujeres en cargos de decisión era excepcional. Más allá de las circunstancias políticas del período, su figura representó la irrupción femenina en un espacio tradicionalmente reservado para hombres: la administración del poder local. Con el paso de los años, nuestro país ha avanzado en participación política femenina, hemos tenido ministras, senadoras, diputadas, alcaldesas y hasta una presidenta de la República. Sin embargo, la realidad territorial sigue mostrando profundas brechas, especialmente fuera de los grandes centros urbanos. En provincias como Biobío, la representación femenina continúa siendo una deuda pendiente. Aunque existen liderazgos visibles y mujeres que han logrado abrirse camino en concejos municipales, organizaciones sociales y servicios públicos, la presencia femenina en alcaldías, cargos ejecutivos y espacios de toma de decisiones sigue siendo reducida.
La situación no responde únicamente a la falta de candidatas, sino a diversos factores estructurales que siguen dificultando el acceso de las mujeres a la política: redes de poder históricamente masculinas, dificultades para compatibilizar vida familiar y actividad pública, menor acceso al financiamiento electoral y persistencia de estereotipos que todavía cuestionan el liderazgo femenino. En el mundo rural, la brecha suele ser aún más evidente. Muchas veces, las mujeres cumplen roles fundamentales en organizaciones comunitarias, juntas de vecinos, comités de agua potable o agrupaciones productivas, pero ese liderazgo social no logra traducirse en representación institucional. La historia de María Eugenia Oyarzún permite recordar cuánto costó abrir los primeros espacios y, al mismo tiempo, cuánto falta todavía para alcanzar una participación realmente equitativa. Porque la representación no es solo una cifra o una cuota: implica incorporar nuevas miradas sobre el desarrollo, la seguridad, la educación, el cuidado y las prioridades de los territorios. Hoy, cuando las discusiones sobre descentralización y fortalecimiento de las regiones cobran fuerza, también resulta necesario preguntarse quiénes están ocupando esos espacios de decisión. Y allí, la deuda con las mujeres sigue siendo evidente.
A cincuenta años de aquel histórico nombramiento en Santiago, el desafío no parece estar únicamente en celebrar el primer paso, sino en garantizar que muchas más mujeres puedan llegar -y mantenerse-en los espacios donde se toman las decisiones que afectan la vida cotidiana de las comunidades. Autor: Claudia A. Fuentes Riveros prensa@latribuna.cl.