Editorial: Principios de Prat
Editorial: Principios de Prat La figura de Arturo Prat sigue siendo uno de los símbolos más profundos del amor por Chile.
En el Combate Naval de Iquique, Prat no actuó pensando en encuestas, conveniencias ni beneficios personales; actuó movido por el deber, la lealtad y la convicción de que la patria estaba por encima de cualquier interés individual. Su valentía no nació de la ambición, sino del compromiso moral con su nación y con quienes confiaban en él. Hoy, más de un siglo después, su ejemplo continúa interpelando a un país que muchas veces parece haber olvidado el significado del servicio público. Esa misma entrega debería inspirar a toda la clase política actual, desde José Antonio Kast hasta diputados, senadores, ministros y autoridades de todos los sectores. Gobernar no puede convertirse en un espacio para privilegios, favores o enriquecimiento personal. La política debería ser entendida como una misión de servicio a Chile, tal como Prat entendió su deber en la cubierta de la Esmeralda. Como ciudadanos necesitamos líderes que amen a su país con hechos concretos: trabajando con honestidad, dando el ejemplo y poniendo siempre el bienestar de la nación por delante de sus intereses partidistas o personales. Por eso resulta tan vergonzoso y doloroso cada vez que hablamos de un nuevo caso de corrupción. Escándalos como el Papayagate, el Caso Fundaciones y tantos otros representan una traición al espíritu de servicio que debería caracterizar a quienes ejercen cargos públicos. Cada vez que una autoridad se dice portaestandarte de la justicia, pero ignora intervencionismo político o hechos de corrupción por cercanía la probidad muere un poco más y por ende la confianza de la gente. Cada peso mal utilizado, cada tráfico de influencias y cada acto de deshonestidad no solo afecta las arcas fiscales, sino también la fe de las personas en las instituciones democráticas. Mientras muchos ciudadanos trabajan con esfuerzo para salir adelante, resulta indignante ver cómo algunos utilizan el poder para beneficio propio. Necesitamos recuperar el sentido de honor y responsabilidad que encarnó Arturo Prat. No se trata de pedir héroes perfectos, sino autoridades con principios firmes, capaces de actuar con transparencia y verdadera vocación pública. La patria no se defiende únicamente en una guerra o siendo opción al oficialismo; también se defiende cuidando los recursos del Estado, respetando la ley y trabajando con honestidad por el bien común..