Autor: ROBERTO CAREAGA C.
Bolaño en primera persona: “Simplemente digo lo que pienso”
Bolaño en primera persona: “Simplemente digo lo que pienso” N o era un completo desconocido, pero estaba muy lejos de los niveles de reconocimiento e incluso leyenda que alcanzaría unos años después. Vivía en un pueblito en las afueras de Barcelona, Blanes, donde llevaba unos quince años escribiendo casi sin pausa una obra por momentos incontrolable que aún no veía la luz pública. Pero el 2 de noviembre de 1998, Roberto Bolaño (19532003) ganó el Premio Herralde por Los detectives salvajes y todo empezó a cambiar. Si ya corrían rumores de su importancia, pronto iba a decirse que era el autor que, por fin, sacudía la narrativa latinoamericana para llevarla al siglo XXI. En un ámbito más cotidiano, el teléfono de Bolaño no paraba de sonar: todos querían hablar con él. “Nunca en mi vida me habían llamado tanto. Cada diez minutos suena el teléfono”, le contaba Bolaño a un periodista del Diario de Girona, pero unos días después ya se acostumbraba a hablar con la prensa. “¿Cómo conserva la serenidad ante tanta entrevista?”, le preguntó una reportera de La Razón y él respondió: “¿ Quién te ha dicho que la conservo? Estoy en un estado nervioso sin remedio”. Por supuesto, bromeaba. Iba a ser una costumbre; no solo la de bromear, también la de hablar, hablar y hablar.
La publicación de Los detectives salvajes que también ganó el Premio Rómulo Gallegos 1999 descubrió a un novelista ineludible para la literatura en español y, de paso, a uno de los más sabrosos interlocutores culturales de los últimos tiempos. Polémico e incorrecto, aunque también generoso, sobreinformado y a veces moralista. “Nunca intento generar polémicas de ninguna clase. Simplemente digo lo que pienso, y procuro decirlo, además, de la forma más educada posible.
Lo que pasa es que tampoco soy estúpido”, decía Bolaño en Venezuela en el año 2000, poco después de haber hecho temblar la narrativa chilena disparando contra Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Hernán Rivera Letelier, los autores enmarcados en la nueva narrativa chilena o Donoso. “Actualmente Chile tiene a Nicanor Parra y a tres o cuatro buenos poetas. Y tal vez dos o tres narradores legibles”, decía exhibiendo una altanería que parecía venir desde la seguridad de haberlo leído todo. También jugaba a la humildad.
“Cuando uno lee tus libros queda impresionado con tus lecturas, tu voracidad literaria”, le comentó Cristián Warnken, a lo que Bolaño respondió: “Lo que pasa es que tengo un diccionario de literatura buenísimo”. Warnken entrevistó a Bolaño en noviembre de 1999, en el marco de su programa “La belleza de pensar”, aquella vez realizado con el público de la Feria Internacional de Libro de Santiago. Fue un poco más de una hora de conversación que acaba de ser recogida en el libro Notas para una autobiografía. Entrevistas 1975-2003, que publica editorial Alfaguara.
El título lo dice todo: es una antología de casi todas las entrevistas que dio el autor de Estrella distante y que, en conjunto, operan como un autorretrato: al teléfono, en vivo, desde Blanes, en Caracas, Santiago, Ciudad de México o Berlín, Bolaño cuenta su vida, lo que ha leído, cómo escribe, lo que odia y lo que ama. Y prácticamente todo lo demás. Primera persona Sin índice, tampoco con títulos en cada entrevista ni un prólogo suficientemente esclarecedor, Notas para una autobiografía no siempre es amable con el lector.
Su apuesta es el volumen: son casi 500 páginas que incluyen desde una entrevista en 1975 en México, cuando era un joven que promovía el infrarrealismo, hasta las conversaciones que mantuvo con Ricardo Piglia o Rodrigo Fresán y entrevistas que él hizo, por ejemplo a Poli Délano, en 1976. Si incluyera el diálogo que mantuvo con Pedro Lemebel en Radio Tierra, en 1999, tendría el cartón completo. El libro tiene un antecedente: Bolaño por sí mismo, una antología muy similar editada por Andrés Braithwaite, publicada primero por UDP en 2006 y luego en 2022 por Ediciones Bastante.
Y probablemente en Bolaño por sí mismo ya está perfilado el calibre feroz y total del escritor como interlocutor, pero Notas para una autobiografía suma material e indica lo que parece cada vez más evidente: el hambre por Bolaño está lejos de extinguirse.
Esta semana, el actor estadounidense John Malkovich presentará en Santiago la obra “El infame RamíAELOREIVAJOCSICNARF Bolaño en rez Hoffman”, basada en un personaje del libro La literatura nazi en América, mientras en el Centro Cultural de Los Ángeles se presenta la exposición “Bolaño, regreso al país natal”, con fotos y documentos que reproducen su paso por la ciudad en que nació.
“Es cierto que existe un interés sostenido por la figura de Bolaño, pero este volumen no está planteado como una biografía ni como un complemento anecdótico”, dice Carolina Reoyo, editora de Alfaguara España, que estuvo a cargo de Notas para una autobiografía.
El objetivo ha sido ofrecer una vía directa para acceder a su pensamiento, a sus opiniones, a sus ideas, tanto en lo que se refiere a su propia vida, como a sus obras, la literatura, sus lecturas. Seguir, a través de su propia voz, cómo se fue configurando su mirada literaria, cómo hablaba de su oficio y de su lugar en la tradición.
Escuchar a Bolaño en primera persona es Parra por delante un lujo y una oportunidad maravillosa para los lectores a los que la vida, con sus giros esperados o inesperados, no ha dado la oportunidad de conocerlo”, añade.
A estas alturas, pareciera que el recorrido de Bolaño está completamente mapeado, pero aun así quedan sorpresas: “Yo creo que la obligación, o el deber de un poeta joven chileno, es principalmente ser un hombre joven chileno; el deber del proletariado es hacer la revolución, el deber del joven poeta de Chile no hablo de derechistas o centristas, que nada tienen que ver con la poesía es plegarse en la lucha de su pueblo, y cantarla críticamente, testimonialmente: el deber del poeta joven chileno es proponer y crear, y con todas vistas a la revolución”, decía en la entrevista que le hacían en 1975. Por entonces, no había publicado, era con suerte un rebelde que sacudía la escena literaria mexicana junto al poeta Mario Santiago con los infrarrealistas. Tenía 23 años. Esos años iban a ser el material de Los detectives salvajes, una novela de poetas adolescentes autobiográfica, pero también sobre el recorrido de una generación. Una vez publicada, Bolaño tenía otra postura política: “Yo no me considero un revolucionario. Me gustaría ser revolucionario en algunas cosas. Pero algunos revolucionarios han sido en realidad unos traidores.
Pol Pot o Stalin se definían como revolucionarios, y Fidel Castro también, aunque ha encerrado a los homosexuales en una prisión”. Aunque alguna rebeldía mantenía: “Yo sé que mis novelas en Chile son muy caras, y ésta (Los detectives... ) me imagino que va a costar un dineral comprarla. Por eso les aconsejo a mis pocos pero fieles lectores que las roben”. Pero más que político, en sus entrevistas Bolaño siempre habló de literatura. Desde la publicación de Los detectives salvajes, en 1998, hasta su muerte en 2003, apenas pasaron cinco años que él aprovechó para reconstruir el paisaje de la literatura latinoamericana. La del pasado, la del presente y quizá también la del futuro. Quizá fue deliberado, porque en decenas de entrevistas repite como si lo tuviera preparado un puñado de nombres que considera como una generación: César Aira, Rodrigo Rey Rosas, Juan Villoro, Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán. En la poesía pasa una revista completa: defiende al Borges poeta, incluso ciertos libros de Octavio Paz (enemigo jurado del infrarrealismo), pero por sobre todo es un parriano radical. Ya en 1975 lo menciona. “Para mí, el mayor poeta de Chile es Nicanor Parra, y después de Nicanor Parra hay varios. Neruda, uno de ellos sin duda. Neruda es lo que yo pretendía ser a los 20 años, vivir como poeta sin escribir. Neruda escribió tres libros muy buenos; el resto, la gran mayoría, son muy malos, algunos son verdaderamente infectos. Pero él ya vivía como poeta, y no solo como poeta, ejercía como poeta sol de Chile, como poeta rey”, sostiene tratando de reordenar una historia inamovible. Era su especialidad. En las dos visitas que hizo a Chile a fines de los 90, Bolaño emprendió brutalmente contra la escena literaria local. Con los años, muchos de sus dardos suenan anecdóticos, pero al describir el rol de José Donoso parece retratar un sistema cultural que excede al autor de Coronación. “Es toda una paradoja el destino de Donoso. Es triste. Volvía a Chile para cobrar el puesto de rector en la literatura. Es decir, el lugar del gallo del gallinero”, dice en 1999 en España. “Pero no se puede ser un gallo sin un pensamiento crítico, y él era un narrador nato que no tenía casi otras aptitudes. Su naturaleza no daba para el temple duro del líder, no tenía los arrestos nerudianos o huidobrianos para ser gallo y era básicamente una buena persona, y para ser gallo hay que ser mala persona. La figura en Chile de Donoso es respetada, pero poco respetada y su destino me parece el del típico escritor latinoamericano, un destino tristísimo”, añadió. Un autor de Blanes Es probable que hoy el destino de Donoso ya no sea el que vio Bolaño. Quizá todo el paisaje cambió desde 2003, pero esas opiniones ilustran con claridad el papel que jugó el autor de La pista de hielo. Pero si quería se un gallo, su gallinero no se limitaba a Chile, sino al continente. Sus opiniones sobre los escritores del boom son abundantes: y valoró especialmente a Julio Cortázar, también a Vargas Llosa o García Márquez. Con lo que vino después es con lo que se pone alerta. “No me siento heredero del boom de ninguna manera. Auque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del boom, aunque hay escritores muy buenos, que releo a menudo, como Cortázar o Bioy”, dice en 2001. El boom, al principio, fue muy bueno, muy estimulante, pero la herencia del boom da miedo. Por ejemplo, ¿quiénes son los herederos oficiales de García Márquez? Pues Isabel Allende, Laura Restrepo, Luis Sepúlveda y algún otro. Y ¿ quiénes son los herederos de Fuentes? ¿ De Vargas Llosa? En fin, corramos un tupido velo. Como escritores hemos llegado literalmente a un precipicio. No se ve forma de cruzar, pero hay que cruzarlo. En este punto la tradición de los padres no sirve de nada, se convierte en un lastre. Si no queremos despeñarnos en el precipicio, hay que inventar, hay que ser audaces, cosa que tampoco garantiza nada”, añadió. Hay quienes creen que Bolaño cruzó el precipicio. Si no fue con Los detectives salvajes, fue con 2666, esa enorme novela sobre el mal publicada después de su muerte en 2003. Ambición jamás le faltó. Realismo tampoco: “Yo solo espero ser considerado un escritor sudamericano más o menos decente que vivió en Blanes y que quiso a este pueblo”, dijo una vez. Otra añadió: “No espero nada de la poesía ni de la prosa. Borges lo dijo con una claridad meridiana: Todos vamos derecho al olvido. Shakespeare y Cervantes desaparecerán en el olvido.
La memoria del ser humano desaparecerá en el olvido”. NOTAS PARA UNA AUTOBIOGRAFÍA ENTREVISTAS 1975-2003 Roberto Bolaño Alfaguara, 446 páginas, $26.000 ENTREVISTAS Autor: ROBERTO CAREAGA C.. Figura central de la literatura del cambio de siglo, Roberto Bolaño también fue un personaje público que no perdió oportunidad de polemizar en cada entrevista que dio: quiso reordenar el canon de la narrativa latinoamericana, especialmente la chilena. El nuevo libro “Notas para una biografía” recoge los diálogos que tuvo con la prensa entre 1975 y 2003. ANTOLOGÍA El escritor contesta NOTAS PARA UNA AUTOBIOGRAFÍA ENTREVISTAS 1975-2003 Roberto Bolaño Alfaguara, 446 páginas, $26.000 ENTREVISTAS